Llueve. Hay una nube sobre el teatro Cervantes que amenaza con aguar la inauguración del festival. Los operarios colocan los toldos a toda prisa y cubren la alfombra roja con una plástico muy poco glamuroso. Como cada año, Málaga mira al cielo con la esperanza de que el tiempo dé una tregua al Festival de cine español.

Este año, y ya van 13, el cine patrio inunda Málaga en una muestra que apoya a los directores emergentes y tiene como objetivo mostrar la mejor cosecha cinematográfica nacional.

La inauguración estuvo a la altura. Las niñas esperaban detrás de las vallas la aparición estelar de sus ídolos, aunque ninguno de ellos protagonizara una película de la muestra. Muchas caras conocidas, sobre todo de Antena 3 (patrocinador el festival) hicieron pasar inadvertidos a directores como Félix Sabroso y Dunia Ayaso. Carlos Saura era el encargado de presentar la primera película del festival, Io, Don Giovanni, pero llegó el último y con la mitad de las cámaras ya apagadas.

Los feos de Nacho García Velilla (Fuera de Carta) fueron los más animados de la fiesta: llegaron cantando la famosa canción: “que se mueran los feos, que no quede ninguno…” y consiguieron que todo el mundo entonara. Las entrevistas a los protagonistas de esta comedia rural, fue de lo mejorcito. Javier Cámara y Carmen Machi no dejaron de halagarse el uno al otro y contaron muchas anécdotas sobre el reparto y el rodaje de la película. Espontáneos, divertidos y complacientes, así da gusto.

Pero no todo iba a ser de color de rosa. Para ennegrecer el segundo día de festival llegó La Sardá. Le daban el premio Málaga Sur por toda su trayectoria cinematográfica. Halagos, cumplidos y piropos por todas partes, pero ella parecía no estar a gusto. Los periodistas le ponen nerviosa y está a la defensiva. ¿Qué le pasa?. Cuando llega el turno de las entrevistas personales, se empeña en beber cerveza y fumar delante de la cámara aunque el responsable de prensa le dice que no se puede. Se niega a repetir lo que ya le ha dicho a otros compañeros y dice que está harta. ¿No se da cuenta de que recibir un premio conlleva todos esos formalismos? ¿Ignora que todos nosotros, los espectadores, somos los que hemos pagado por ver sus películas? Por qué insiste en mostrarse por encima de los periodistas, que tantas veces han alabado su trabajo en la gran pantalla?

Día 3. Entro a ver la película Propios y extraños, del debutante Manolo González. Se escuchan pocos y tímidos aplausos tras la proyección y llega a la rueda de prensa cabizbajo, asumiendo la derrota. “Sólo quiero saber vuestra opinión y, si no ha gustado la película, no haré más cine”. Propios y extraños es un drama coral, en el que se cruzan las vidas unidas por un programa de radio. Historias inconexas sin tiempo de desarrollo que te dejan frío, muy frío. El director se excusa y dice haber tenido muchos problemas durante el rodaje y post producción del largometraje. Las intenciones son buenas, pero no llegan al espectador.

Mi estancia en Málaga termina con un sol radiante, iluminando la alfombra roja que cubre las calles del centro de la ciudad y con olor a pescaíto frito. Todavía quedan muchos días y películas por estrenarse: El Dios de madera ( con Marisa Paredes), Room in Rome, (la última de Médem), Una hora más en Canarias, de David Serrano, etc.

El escaparate del cine español dejará, seguro, un buen sabor de boca y buenas películas por estrenarse. Algunas saldrán de la muestra con distribuidor y muchos ojos pendientes de su estreno en todos los cines. Eso es lo mejor de este festival.

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