La Junta de Castilla y León puesó en marcha el proceso administrativo para declarar Bien de Interés Cultural (BIC) con categoría de monumento la antigua Abadía de Párraces, en la provincia de Segovia, con el objetivo de preservar su integridad.

De este modo abrió el periodo de información pública previo a la declaración de la como BIC, con la intención de conocer las alegaciones oportunas durante un mes.

Los primeros datos de la zona se remontan a 1088, año de la repoblación de la zona del Duero y cuyo devenir ha estado ligado a la historia de gran parte de los municipios de la zona occidental y sur de la provincia segoviana. Con orígenes bastante oscuros, es durante los siglos XIV y XV cuando la abadía llegó a alcanzar su máximo esplendor, llegando a ser uno de los señoríos de abadengo más poderosos de Castilla. Tanta riqueza tuvo como consecuencia el relajamiento de costumbres y el inicio de la decadencia, que continuó hasta la desamortización de Mendizábal.

Según escribió el padre Sigüenza, cronista de la orden jerónima, al quedar vacante el cargo de abad, tras la muerte del Cardenal de la Cueva en 1562, Felipe II aprovechó la circunstancia para “transferir aquella casa y sus canónigos a Madrid para hacerla colegial”. Asimismo, a fin de que su riqueza sirviese de base económica al gran monasterio que se había empezado a levantar y donde el rey quería que de noche y de día se rezase por su alma y la de los suyos, pidió su anexión a El Escorial. Una vez incorporada a El Escorial, y hasta la creación del monasterio, se estableció en la abadía un colegio y seminario, que tuvo vida desde 1567 hasta 1575.

Este conjunto que ha sido utilizado como almacén agrícola y ganadero, ha acogido en su historia al Emperador Carlos V procedente de Arévalo, haciendo escala para pernoctar antes de llegar a Madrid. Así mismo, Felipe II visitó la Abadía en varias ocasiones, una de ellas en 1592, en la conocida Jornada de Tarazona, dónde iban a reunirse las Cortes Aragonesas. El 13 de junto de ese año, el Rey durmió en Abades, y al día siguiente, domingo, se acercó a Párraces donde pasó todo el día. También descanso en Párraces el cuerpo de Juan de Austria. Y en el Quijote se atribuye a este enclave la aventura en la que los protagonistas se encontraron con un cortejo fúnebre que consistía en el traslado de los restos de San Juan de la Cruz.