La red de carreteras nacionales de Castilla y León es la que presenta un mayor índice de peligrosidad de toda España, según un informe elaborado por el RACC, en el que se analiza la evolución de la accidentalidad en los últimos años y en el que también se pone de manifiesto que la Comunidad es la que menos ha reducido este índice entre los años 2000 y 2010.

Así, en el periodo 1999-2001, cuando comenzaron los informes sobre accidentalidad elaborados por EuroRap, consorcio europeo del que forma parte el RACC, Castilla y León ocupaba en el conjunto del país el tercer puesto con una tasa de riesgo de 121 puntos, en el trienio 2008-2010 esta tasa subió hasta 135, lo que situó a la región a la cabeza de la peligrosidad, por delante de Aragón, que ocupaba el segundo puesto tras mantener un índice de 133 puntos, y de Galicia, que en este periodo vio como su tasa se reducía en 19 puntos hasta los 130.

Teniendo en cuenta este índice, que se calcula por tramos dividiendo el número de fallecidos y heridos graves entre la cantidad de vehículos que circulan por el mismo, las probabilidades de morir en un accidente de tráfico en Castilla y León es 2,5 veces más elevada que en Madrid, y casi el doble que en Cataluña, Asturias o Extremadura.

Además de Galicia, otras comunidades que en esos diez años experimentaron un importante descenso fueron Asturias y Extremadura (-34 puntos), y Murcia (-17). En el lado opuesto, pero siempre por detrás de Castilla y León, se situaron Andalucía, donde la tasa se incrementó hasta 111 (+13 puntos), Castilla-La Mancha (+5) y La Rioja (+4).

Además, entre los veinte tramos más peligrosos de toda la red nacional, cinco se encuentran en Castilla y León. Cuatro se localizan en la provincia de León, tres en la N-621 (León-Santander) y uno en la N-625, todos en la zona norte de León, a la altura del pantano de Riaño, que suman más de 90 kilómetros, y uno en Palencia en la N-120, entre Carrión de los Condes y Cervatos, de 16,6 kilómetros, que a nivel nacional se presenta como el tercero más peligroso.

El riesgo medio en la red estatal de carreteras cayó casi un 67 por ciento entre 2000 y 2010. Si en el año 2000 la probabilidad de tener un accidente en una carretera convencional era el doble que el de una vía de alta capacidad, en 2010 esa probabilidad era el triple. En la última década, España redujo en un 65 por ciento las víctimas mortales y en un 63 por ciento los heridos graves. En el caso de Castilla y León, el número de fallecidos pasó de los 457 en el año 2000, a los 212 de una década después, lo que supone una caída del 53,1 por ciento.

A pesar de que este descenso posicionó a España como uno de los países con mejores registros de Europa, pasando de 144 a 54 muertos por millón de habitantes, aún se está lejos de conseguir los registros de países líderes en materia de seguridad vial como Suecia, Holanda o Reino Unido, con 28 muertos por millón de habitantes.

 

Peajes

Por otra parte, en las conclusiones del informe se destaca que la existencia de un diferencial de riesgo importante entre vías convencionales y vías de alta capacidad, advierte sobre los efectos que podría tener la introducción generalizada de peajes en España, ya que “muy probablemente se produciría un trasvase de tráfico hacia vías convencionales, aumentando de esta forma el nivel general de riesgo en nuestras carreteras”.

Además, el informe alaba la propuesta de la DGT de reducir a 90 kilómetros el límite máximo de velocidad en las vías convencionales para ayudar significativamente a reducir la siniestralidad, y sobre la posibilidad de aumentar el límite máximo de velocidad hasta 130 kilómetros en autopistas y autovías asegura que se “debería estudiarse con detenimiento. Esta medida debería ser selectiva y aplicarse únicamente en aquellos tramos de autopistas y autovías que en el pasado hayan registrado de forma recurrente niveles de siniestralidad muy bajos”.