Cientos de personas han pasado en los últimos días por los cementerios de Castilla y León para adecentar las tumbas de sus allegados de cara a la celebración mañana de la festividad de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, una jornada en la que los camposantos pierden su silencio habitual y viven un trasiego constante de visitantes. Sin embargo, no todos tendrán visitas ni ramos de flores, al quedar abandonados junto a sus pueblos, mientras que otros volverán a abrir sus puertas en lugares tan peculiares como castillos o ermitas.

Uno de los cementerios más singulares de la Comunidad es el del Real Sitio de San Ildefonso, en la provincia de Segovia, el primero en la historia de España que se instaló fuera de un casco urbano. Fue Carlos III, uno de los reyes que mayor impulso dio a San Ildefonso, quien tomó esta decisión que luego se extendió al resto del país. Antes, todos los camposantos estaban ubicados junto a los templos, en los centros de las localidades.

Además, durante muchos años ha estado ubicado en un término municipal ajeno, en la vecina Palazuelos de Eresma. El año pasado, los dos ayuntamientos acordaron realizar una permuta de terrenos para hacer que los difuntos pudieran descansar en su propio término municipal. “Ahora el cementerio de La Granja está en San Ildefonso”, remarcó el alcalde del Real Sitio, José Luis Vázquez. “Con esta propuesta, se resuelve la irregularidad administrativa histórica de que el cementerio de La Granja esté en término de Palazuelos”, justificaban también desde este Consistorio. 

En total, la permuta fue de una hectárea, que ha modificado levemente los términos municipales, pero que ha requerido complicados procesos administrativos, aunque por fin se ha cumplido el deseo que tenían los dos ayuntamientos.

Otros cementerios han tenido menos suerte al quedar abandonados por la desaparición de sus pueblos. En el norte de Palencia, el pantano de Aguilar de Campoo anegó el pueblo de Frontada. Sólo se salvó una pequeña iglesia en un cerro donde aún existe un camposanto anexo ya sin actividad pero con sepulturas protegidas a través de un refuerzo de hormigón para que no sean anegadas cuando el embalse alcanza su máximo nivel.

El templo, restaurado por la Confederación Hidrográfica del Duero (CHD), que ostenta su propiedad, se puede visitar en verano y el medio centenar de vecinos que aún vive ha colocado allí un listado de fallecidos y ubicado una imagen de San Andrés en la ermita. Desde 1987, cuando se cumplió el 25 aniversario de su marcha, organizan una comida de hermandad y pasan la tarde en la zona para no olvidar sus orígenes.

También, el pueblo soriano de La Muedra quedó sumergido bajo las aguas en 1941, al inaugurarse el embalse de la Cuerda del Pozo, una infraestructura hidráulica ubicada en la cabecera del río Duero y cuya construcción provocó que los vecinos tuvieran que marcharse a localidades cercanas, principalmente a Vinuesa. Lo único que se salvó fue el cementerio, ya que se ubicaba en una colina.

En la localidad burgalesa de Villalta, ni los ramos de flores ni las visitas llegarán durante estos días hasta el cementerio. Tampoco lo harán sus vecinos, que dejaron de habitar en este enclave burgalés situado en el Páramo de Masa a finales de los años 60. Las ruinas de lo que hace años fue un cementerio con numerosas tumbas son sólo eso, ruinas. Pese a que en algunas épocas del año algunos descendientes se pasean por el municipio, parece que estos días nadie dejará flores sobre ninguna tumba, principalmente porque han ido desapareciendo con el paso del tiempo y en la actualidad la maleza se ha apropiado del camposanto.

 

En castillos y ermitas 

Algunos de los cementerios más originales de la Comunidad son los ubicados en los castillos de San Martín del Castañar (Salamanca), Medinaceli (Soria) y Vozmediano (Soria). En el último, levantado en una roca bajo el amparo del monte Moncayo, descansan alrededor de 300 personas. El Ayuntamiento ha instado a las administraciones a rehabilitar la fortaleza con el fin de convertirla en un reclamo turístico sin que hasta la fecha haya conseguido apoyo alguno. El recinto interior de este castillo-cementerio parece ser de origen romano y el exterior y la torre del homenaje, árabes.

Por su parte, el camposanto de la pequeña localidad zamorana de Dornillas, situada 100 kilómetros al noroeste de la capital en la comarca de La Carballeda, se encuentra en realidad dentro de la ermita de San Tirso. Se trata de una pequeña construcción que alberga una decena de tumbas, acompañadas por un sencillo retablo y un minúsculo altar. El conjunto solamente abre sus puertas el 1 de noviembre y el 28 de enero, que es cuando en Dornillas se celebra la festividad de San Tirso Mártir.

También en la provincia de Zamora, el cementerio de Santa Colomba, en la comarca de Sanabria, se ha convertido en un lugar de visita obligada para viajeros y curiosos especialmente interesados por las teorías del profesor Leandro Rodríguez acerca del origen sanabrés del escritor Miguel de Cervantes Saavedra y la íntima relación de su ‘Don Quijote de la Mancha’ con el norte zamorano. Allí pueden verse al menos una docena de las lápidas en las que aparece el apellido Saavedra.