La tasa de incidencia de la gripe en Castilla y León ha superado por primera vez en este invierno el umbral epidémico al cerrarse los datos de la quinta semana del año (del 28 de enero al 3 de febrero) con 90,59 casos detectados por cada 100.000 habitantes, frente a los casi 50 de la anterior, es decir, unos 40 más. La mayoría fueron causados por el virus B, según los últimos datos de la Red Centinela Sanitaria.

Asimismo, la actividad de la gripe en Castilla y León es moderada aunque adquiere la consideración de epidemia, al superar el umbral fijado en 71,13 casos semanales por cada 100.000 habitantes, probablemente, debido al recrudecimiento del mal tiempo –frío y nieve-. Esta incidencia al alza de la gripe B es más frecuente en niños y adolescentes.

Entre todos los grupos de edad, el de cero a 14 años y el de 15 a 44 son los que se ha visto más afectados hasta la fecha por el virus de la gripe. Además, la vacunación ha permitido que de los 80 casos acumulados 73 fueran de enfermos a los que no se les había administrado la vacuna.

Esta semana, 39 médicos de la Red Centinela Sanitaria de Castilla y León han comunicado 34 casos de gripe, por lo que la población cubierta con esta estimación asciende a 29.351 personas. Además, se procesaron 31 frotis faríngeos (raspado en la garganta para extraer una muestra y analizarla), de los que se detectaron diez casos.

La Red Centinela forma un sistema de vigilancia compuesto por médicos de familia, pediatras y personal de enfermería, de manera que, mediante las oportunas pruebas de laboratorio, confirman los casos de gripe en una muestra estadísticamente representativa de la población. Gracias a este sistema es posible disponer de información sobre las tendencias de la enfermedad en lo referido a intensidad y distribución geográfica en el conjunto español, además de proporcionar información sobre los casos que aparecen en la población general. Asimismo, el análisis en los laboratorios de las muestras tomadas a los pacientes permite monitorizar las características del virus presente y su posible evolución.

 

Enfermedad

La gripe es una enfermedad respiratoria infecciosa aguda producida por el virus de la gripe. Una de las características más importantes es su elevada capacidad de transmisión de una persona a otra. Se presenta generalmente en los meses de invierno (de noviembre a marzo) y en forma de epidemia. Los virus tienen una gran capacidad para sufrir variaciones lo que implica que cada temporada aparezcan nuevos virus gripales para los que el ser humano no tiene protección. Por este motivo la vacuna debe actualizarse cada año.

En cuanto a los síntomas, se caracteriza por el comienzo brusco con escalofríos y fiebre acompañados de dolor de cabeza, dolores musculares y articulares generalizados, cansancio, malestar general, congestión nasal, dolor de garganta y tos seca. La mayor parte de las personas que padecen la gripe se recupera en menos de una semana sin necesidad de tratamiento o cuidado hospitalario. Sin embargo, en ocasiones, puede complicarse y producir bronquitis o neumonía bacteriana, como complicaciones más frecuentes. Éstas pueden ser especialmente graves en personas de alto riesgo como los ancianos o las personas que tienen una enfermedad crónica como diabetes, afecciones cardíacas y enfermedades respiratorias.

Respecto a la transmisión, se produce de una persona enferma a una sana, fundamentalmente por vía aérea a través de las gotitas que se eliminan al hablar, toser o estornudar. También puede transmitirse por contacto directo, es decir, al tocar superficies contaminadas por el virus como por ejemplo, la mano un enfermo y posteriormente llevarse la mano a la boca o a la nariz. Las personas enfermas son capaces de transmitir la gripe desde un día antes del comienzo de los síntomas hasta unos tres a siete días después del comienzo de los mismos. Los niños la pueden transmitir incluso más tiempo.