Gudalajara es la provincia castellanomanchega situada al norte, arropada por los sistemas Ibérico y Central, que otorgan a su entorno un carácter abrupto con paisajes de una espectacular belleza, salpicados de castillos de origen medieval que conforman uno de los mayores atractivos de la provincia.

Guadalajara también es naturaleza, y prueba de ello son sus parajes protegidos y parques naturales, como el Paque Natural del Alto Tajo, un sistema de hoces fluviales con gran diversidad geológica y topográfica; o el Hayedo de Tejera Negra, un excepcional bosque de hayas, conservado gracias a su microclima y aislamiento, y configurado por los ríos Lillas y Zarzas, con sus respectivos valles.

La Hoz de Pelegrina en el Parque Natural del Barranco del Río Dulce, en las Altas Tierras de Sigüenza también es un lugar cuya visita es recomendada por su riqueza y variada biodiversidad además de por su estado de conservación.

La ciudad, presenta interesantes enclaves turísticos entre los que destacan la gran cantidad de Palacios que posee y entre los que destacan algunos como el Palacio de Dávalos, el Palacio de la Condesa de la Vega del Pozo, o el Palacio del Infantado, que ha sufrido varias transformaciones a lo largo de la historia, pero que no por ello deja de ser sorprendente, ya que posee numerosos contrastes otorgados por los diferentes estilos que posee. La arquitectura religiosa también predomina en la ciudad, destacando iglesias como la de San Nicolás el Real, San Gil o la de Santiago; o los conventos de San José y de La Piedad.

La provincia de Guadalajara, y muchos de los pueblos que la conforman, están también presentes en la literatura española, a través de la obra de Camino José Cela, ‘Viaje a la Alcarria’, en la que el autor relata su visión y sus experiencias en un viaje que realiza durante 10 días por los pueblos de la Alcarria, y en la que muestra de manera muy fiel las costumbres y paisajes que conforman esta zona .

 

Arquitectura negra: pueblos fundidos en la sierra

Los pueblos de la arquitectura negra, situados en la provincia de Guadalajara, son un reflejo de la tradición y el pasado rural de la zona a través de la arquitectura de sus viviendas, las cuales estaban construidas fundamentalmente con pizarra. Este material de construcción, sumado a la madera como elemento estructural, dota a los pueblos de la zona de un aspecto característico por sus colores negros, grises y azulados, que hacen que se mimeticen con el paisaje.

Los edificios construidos eran de una gran simplicidad e iban desde viviendas, hasta construcciones auxiliares, dedicadas a la guarda de ganado; pasando por pequeñas iglesias. Todos ellos, adaptados a la perfección a las características climáticas y paisajísticas de la zona.