En este artículo desarrollaremos el tema de la risa y el buen humor, pues se trata de un aspecto inherente al ser humano que podemos practicar en nuestro ámbito más cotidiano.

La capacidad de reír, sonreír y llorar, y el sentido del humor nos caracterizan como personas tanto como la capacidad de expresarnos oralmente. En las experiencias de la risa, la sonrisa y el llanto participan conjuntamente:

-el cuerpo (reacción física)

-el entorno cultural (mundo ideológico)

-y la mente (especialmente la imaginación)

Así pues, la risa es un fenómeno que afecta al ser humano globalmente, y que por tanto incide directamente en su salud.

Todos consideramos que la capacidad de sonreír y apreciar las cosas divertidas puede ser un factor indicativo de bienestar. Si estamos cansados o estresados es probable que no logremos ver determinadas situaciones bajo el prisma del humor. En cambio, si nos encontramos a gusto en una situación y nuestro equilibrio emocional es pleno y satisfactorio nos mostraremos más receptivos a situaciones que puedan llevarnos a la risa.

 

La risa

En varias épocas de la historia, se ha visto reír como algo primario e incluso denigrante, pero la risa tiene un valor social muy importante y guarda una estrecha relación con la lucha por la supervivencia, puesto que permite afrontar las dificultades de la vida. La risa crea, libera y renueva y es el mejor antídoto contra el sentimiento de miedo que anula la libertad.

En general nos reímos cuando percibimos una contradicción, una confusión o un acto sin sentido. La risa es una respuesta de superación o descubrimiento. Nos obliga a abrir la mente, a relacionar términos opuestos, a observar el mundo desde otros puntos de vista, en su faceta más alegre y lúcida. Nos reímos de lo que se sale de lo cotidiano, de lo inhabitual e inesperado. Por eso puede decirse que lo cómico es fruto de una civilización avanzada y que sin pensamiento no se puede generar humor.

La risa también nos permite liberarnos de ideas dogmáticas o rígidas que nos vienen impuestas, porque descubrimos el carácter relativo de éstas. De este modo podemos liberar nuestra conciencia, pensamiento e imaginación y dejarlos disponibles para el desarrollo de nuevas posibilidades.

Además de este impacto sobre nuestra forma de ver las cosas, tanto el llanto como la risa son válvulas de escape en momentos en que necesitamos liberar emociones excesivas o tensiones, aunque provienen de fuentes distintas y tienen efectos distintos.

La risa como vínculo social

No podemos hablar de la risa sin mencionar su carácter social. No es muy frecuente que riamos frente a una situación cómica si estamos solos, aunque apreciemos su comicidad. En cambio, la misma situación puede provocarnos carcajadas cuando estamos reunidos con amigos, o en el cine. La interacción social estimula la risa y es una manera de establecer un vínculo, aunque sea breve o superficial, con las personas que tenemos más cerca.

Como fenómeno social, la risa siempre es con o hacia alguien, incluso hacia nosotros mismos. En este caso, el humor es un recurso fruto de la madurez y la inteligencia: saber reírse de uno mismo es tan importante como tener una buena autoestima e implica verse desde una perspectiva cómica. Para muchos constituye una conquista difícil debido a la importancia que tendemos a atribuirnos, y a nuestro omnipresente miedo al ridículo, pero saber reírnos de nosotros mismos constituye uno de los mejores ejemplos de equilibrio emocional: las personas vanidosas, enojadas o asustadas no son capaces de hacerlo.

 

La risa y el sentimiento

La risa no es un acto reflejo simple, sino que resulta de un proceso en el que ha intervenido una emoción o sentimiento. Como señalaba el filósofo Arthur Koestler, los seres humanos no pueden cambiar de estados de ánimo con la misma rapidez con que saltan de una idea a otra. Esto da lugar a que los pensamientos y emociones se disocien frecuentemente. En este caso, la risa es el acto reflejo de liberación de la emoción abandonada por el pensamiento porque, aunque este último es más rápido, la emoción tiene mayor ímpetu.

La risa y el humor se consideran un antídoto natural contra los problemas que puedan surgir de nuestras emociones, puesto que restablecen la homeostasis, estabilizan la presión sanguínea, oxigenan la sangre, dan masaje a los órganos vitales, estimulan la circulación, facilitan la digestión, relajan el sistema nervioso y producen un sentimiento de bienestar.

 

El proceso del humor

El humor es un fenómeno complejo que implica un proceso de madurez en que el sujeto afronta situaciones con una actitud positiva. Enfrentarnos a algo con sentido del humor implica ver la realidad por oposición, por contraste, observar del derecho y del revés al mismo tiempo. 

Utilizamos el humor como recurso para enfrentarnos a la tensión y a la frustración que generan situaciones difíciles. De esta manera evitamos que las emociones negativas, como el miedo o la tristeza, nos abrumen, si bien es cierto que no siempre podemos recurrir al sentido del humor cuando nos hallamos en una situación dolorosa o angustiante. En estas circunstancias nuestro cuerpo concentra su esfuerzo para proporcionar recursos (estar alerta, prepararse para la acción) ante las agresiones que podamos estar sufriendo, de manera que no nos queda energía para compartir con lo cómico. 

Al reírnos, además, nos enfrentamos a la realidad del mundo tal como es, y no como debería de ser. La distancia –a veces enorme- entre ambos términos es la que nos puede llevar a la carcajada y al reconocimiento de nuestros propios límites y nuestra ignorancia. El humor nos ayuda a comprender la fuerza de los hechos, de la realidad, mediante el contraste, de manera que desarrollamos un espíritu de observación y estamos predispuestos a captar las incongruencias de la vida.

El humor es la capacidad de percibir relaciones originales entre los seres, los objetos, las ideas y las situaciones antes de comunicar tal percepción a los demás. Las personas con sentido del humor tienen la habilidad de cambiar de marco de referencia, cosa que les permite distanciarse de la amenaza inmediata de una situación de tensión y, por consiguiente, reducir los sentimientos de ansiedad, de impotencia y de debilidad.

Como recurso terapéutico, el humor es un antídoto contra las emociones negativas: estimula la imaginación, activa el proceso de revitalización de la espontaneidad y de la curiosidad. El humor nos aleja de la realidad abrumadora, la seriedad, con una actitud de afrontar la realidad como abierta a interpretaciones y posibilidades, ya que no existe un solo punto de vista absoluto.

Aunque las dificultades, el descontento y el inconformismo sean fuente de progreso, la vida sería mucho más complicada si la tomáramos totalmente en serio. Sin alegría y sentido del humor la realidad del mundo parecería insoportable e injusta. En el humor y en la risa nos decantamos hacia la alegría de vivir y no hacia lo negativo, superamos el malestar y nos situamos en un punto de vista positivo, nos sentimos alegres y libres.

La risa es una suerte de protección intelectual del ser humano ante un mundo que no puede cambiar, y es a la vez un mecanismo biológico del que disponemos para expresar tanto nuestra alegría como para reaccionar ante una situación para la que no tenemos respuesta.

Contar con el don de la risa es un privilegio que permite no sólo soportar el presente y sus dificultades, sino amarlo lo suficiente como para tratar de corregirlo. Gracias a la risa convertimos el mundo en un lugar de juego.

 

 SALUD Y RISA

En su aspecto más físico, reír se puede comparar al ejercicio aeróbico, pues como hemos dicho aumenta la circulación se la sangre, el ritmo respiratorio y la oxigenación general del organismo. Además, ejercita los músculos y estimula el sistema inmunológico.

A este impacto físico, hay que sumarle el proceso de relajación que sigue a la risa y que brinda una sensación placentera de alegría. La risa constituye una válvula de escape muy poderosa. Se ha calculado que en ocho horas de estrés podemos invertir la misma cantidad de energía que empleamos en cuarenta horas de trabajo. Mediante el recurso de la risa y del humor podemos enfrentarnos a situaciones estresantes o críticas y liberar la tensión que nos producen, suavizando además el impacto que suponen en nuestra salud.

El conjunto de beneficios de la risa y el humor en la salud ya está empezando a aplicarse en el campo sanitario. Muchos hospitales cuentan con el apoyo de payasos y de grupos de voluntarios en las plantas donde hay niños ingresados. Su papel es el de ofrecer una alternativa emocional a las preocupaciones tanto de los pacientes como de sus familiares.

También se ha comprobado que el humor genera ciertos efectos en el cuerpo humano que son capaces de revertir determinadas situaciones patológicas o, al menos, de aliviar enfermedades: al reír desciende el nivel de cortisol en nuestra sangre que se genera con situaciones estresantes y aumentamos nuestras defensas fortaleciendo el sistema inmunológico. También cuando reímos estamos estimulando la secreción de endorfinas, hormonas que proveen un alivio natural al dolor.

La risa también aumenta la inmunoglobulina salivar A, que es la primera defensa del cuerpo contra toda infección que trate de entrar en el organismo a través de las vías respiratorias. Además, tiene un efecto de relajación muscular, ayuda a reducir los síntomas de neuralgia y de reuma, facilita la entrada de una cantidad de aire tres veces superior en los pulmones que con la respiración normal, lo cual nos ayuda a combatir problemas respiratorios crónicos. También ayuda a que los nutrientes y el oxígeno circulen por los tejidos del cuerpo, y disminuye la tensión arterial y la sanguínea.

Muchas de las enfermedades más comunes en la actualidad (migrañas, alergias, hipo o hipertensión, úlceras, reumatismo, anorexia, etc.) tienen su origen en factores emocionales. En estos casos la risa actúa como un agente liberador de la tensión que estas emociones producen y de sus efectos negativos en el cuerpo.

En términos generales, la risa genera satisfacción y bienestar, elimina la angustia, la tensión y la ansiedad, aumenta la autoestima, estimula la imaginación, agudiza la atención, expande la mente, y disminuye las preocupaciones y los miedos.

 

EFECTOS DE LA RISA