El presidente de la Fundación del Patrimonio Histórico, Atilano Soto, acompañado por el vicepresidente de la Fundación, Malaquías del Pozo y por el director de la Fundación, Ramón Álvarez Vega, han entregado en Segovia la restauración del órgano de la Epístola de la catedral de Segovia, que ha supuesto una inversión de 383.000 euros, para la que ha contado con la colaboración del cabildo catedralicio y ha supuesto 8.832 horas de trabajo de más de una veintena de profesionales.

Se trata del duodécimo órgano completado por la entidad dentro del Plan de Conservación y Restauración de Órganos Históricos. En todos ellos, la investigación previa se convierte en la base más valiosa para el trabajo de recuperación que sigue un método y una sistemática similar a los de una restauración arquitectónica, con una pauta de mediciones exhaustiva, un estudio en profundidad de los materiales y un trabajo extremadamente cuidadoso, y bajo la supervisión de expertos organeros distintos al taller de organería contratado para la restauración.

Posteriormente a la firma de la entrega, el organista Juan de la Rubia, titular de la Basílica de La Sagrada Familia de Barcelona, ofreció un concierto inaugural con piezas de los siglos XVI y XVII, de J. Cabanilles, A. de Cabezón, S. Aguilera de Heredia, P. Bruna y J.P. Sweelinck, que permitirá recobrar el sonido del órgano en el momento en que fue reformado por José Echevarría, en 1799. Las piezas musicales se alternan con comentarios didácticos de Frédéric Desmottes, restaurador del instrumento para dar a conocer sus partes y los pormenores de su funcionamiento.

El órgano de la Epístola de la catedral de Segovia es un tesoro de este monumento segoviano que fue construido en 1702, por Pedro de Liborna Echevarría, fundador de una destacada dinastía de organeros castellanos que cuenta en su producción con algunas de las obras consideradas maestras en este ámbito. En 1799, fue reformado por su nieto José Echevarría.

Se trata de un instrumento musical extremadamente complejo en su mecánica, con 2.657 tubos y de gran interés patrimonial debido al momento de su construcción entre dos estilos, el Renacimiento, que queda atrás, y el Barroco incipiente; su gran tamaño, al estar inserto en una caja de casi 19 metros de altura, con abundante talla dorada y los autores, la familia Echevarría, responsable también de la construcción de los órganos de las catedrales de Salamanca y Toledo, que revolucionó la fisonomía del órgano castellano y su ámbito de influencia.

En la intervención se ha conservado todo el material original inalterado y el conocimiento derivado de los exhaustivos estudios previos de carácter histórico, documental, artístico y analítico desarrollados por la Fundación del Patrimonio Histórico. El detallado informe de tres tomos, con más de cuatrocientas páginas, que enriquece el proyecto, incluye también un denso estudio de la organería en esta iglesia a través de los siglos, antes y después de la construcción de este órgano. El informe de tres investigadores y musicólogos ha requerido un trabajo de campo en los archivos, extenso e intenso, para extraer toda la documentación y referencias a los órganos de la catedral segoviana en toda su historia, un documento de gran valor para los expertos, que se pone ahora a su disposición. El completo proyecto incluye además el registro fonográfico del instrumento antes de la intervención y un completo dossier fotográfico.

Desde la entidad encargada de la restauración se reseñó que “el funcionamiento de este órgano era ya muy deficiente porque los secretos habían perdido su estanqueidad. El estado general de la tubería hacía necesaria también una restauración profunda”.

En este sentido se apuntó que “la recuperación del instrumento ha dado trabajo a 11 profesionales de diversa cualificación en un taller artesanal de organería. Mientras, la restauración del mueble que lo aloja ha implicado a 23 profesionales. Todos ellos han empleado en total 8.832 horas en este trabajo”.

La Fundación del Patrimonio Histórico restauró el órgano a partir de un análisis exhaustivo del material sonoro con el fin de reordenarlo para restablecer el sonido que emitía cuando fue reformado, en 1799. Las actuaciones han incluido la clasificación de la tubería, la documentación histórica, la limpieza y restauración de tubos antiguos -y fabricación de algunos nuevos-, fuelles, secreto, mecánica de las notas y de registros, tablones, teclado y demás elementos del instrumento que, finalmente, una vez montado de nuevo en la catedral, se ha armonizado y afinado para volver a sonar.

De forma paralela, se recuperó el mueble que aloja el órgano, cuyas tallas, policromía y dorados requerían una atención especial. En este trabajo cabe destacar la minuciosa protección y consolidación de todos los elementos que corrían riesgo de pérdida, el oro y la policromía.