Por cuarto año consecutivo, el colectivo 8M Nordeste de Segovia convoca una manifestación comarcal por la igualdad en el medio rural. Este año, recorrerá las calles de Fresno de Cantespino a partir de las 13:00 horas.
El 8M del Nordeste de Segovia en Fresno de Cantespino
El domingo 8 de marzo habrá taller de pancartas, manifestación, comida popular y lectura de manifiesto. También volverá a escucharse la batucada, haciendo que «el Nordeste retumbe». Será ruido organizado, tambor contra el silencio, ritmo firme «para recordar que las mujeres de los pueblos están presentes y no se piensan callar».
Un ruido «más que necesario», ya que en el medio rural las desigualdades se esconden entre distancias largas, recursos escasos y silencios difíciles de romper. Frente a ello, el colectivo lanza una reivindicación clara que interpela a instituciones y ciudadanía: «más recursos, más servicios y políticas que respondan a la realidad de las mujeres en los pueblos». A esto hay que sumarle la reivindicación de «una conciencia social decidida a reconocer y erradicar esas desigualdades».
En ese camino, el colectivo cuenta con la colaboración de ayuntamientos y entidades de la comarca. Un respaldo que refuerza la exigencia y recuerda que «la igualdad también es una responsabilidad pública desde lo local».
Este 8 de marzo, Fresno de Cantespino será punto de encuentro para una comarca que ha decidido no quedarse al margen. La invitación está abierta a toda la ciudadanía, sin excepción.
Para seguir todas las novedades y conocer los detalles de la jornada, el colectivo comparte información a través de su perfil de Instagram: @8mnordeseg.
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El origen del colectivo feminista
La iniciativa 8M Nordeste de Segovia nació «de una ausencia que dolía». Varias mujeres jóvenes de la comarca se preguntaron por qué el 8M apenas tenía eco en sus pueblos mientras las ciudades se llenaban de pancartas y consignas. En el Nordeste no había convocatoria ni un espacio común donde encontrarse y esa carencia fue el impulso. Lo que empezó como conversaciones sueltas en Ayllón, Ribota, Grajera, Boceguillas o Campo de San Pedro terminó tejiendo una red comarcal; un hilo morado que fue enlazando pueblo a pueblo hasta transformar la inquietud en fuerza organizada. La convicción era clara: «la igualdad no puede depender del lugar en el que se vive y la unión multiplica la voz».
Desde entonces, el proyecto no ha dejado de crecer. El trabajo comienza mucho antes del propio 8 de marzo, con charlas que este año han llegado al CEIP Cardenal Cisneros y al IES Sierra de Ayllón. Estas han tratado de sembrar reflexión entre las generaciones más jóvenes, «porque transformar la realidad también implica cuestionar lo aprendido y abrir conversaciones que durante demasiado tiempo quedaron pendientes», afirman desde el colectivo.
El ocho de marzo no es solo una fecha marcada en el calendario, es la prueba de que los pueblos también se organizan, también hacen ruido y también exigen estar en el centro de las políticas de igualdad.










