El salón escénico del Ayuntamiento de Palazuelos de Eresma, acogerá entre los días 9 y 20 de septiembre, una exposición sobre el artista modernista Gustav Klimt (1862-1918), enmarcada dentro del Programa de Artes Plásticas “Alacarta” que gestiona la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León.

Klimt dejó su huella artística principalmente en Viena, uno de los lugares del nacimiento de la época moderna en la transición del siglo XIX al XX que, como reino y residencia de la Monarquía austro-húngara, fue el centro de Europa y con más de dos millones de habitantes, la quinta ciudad más grande del mundo. Las artes visuales, la literatura, la música, la arquitectura y la ciencia experimentaron un gran apogeo, y éste dio lugar a nuevas perspectivas, con tal densidad y velocidad como pocas veces se ha visto.

La fundación de la “Secesión de Viena” es considerada como el signo distintivo de la renovación artística de la Viena de 1900 y el nacimiento del arte modernista vienes. “Secesión” significa segregación, y hace referencia a la desvinculación de las tradiciones históricas y académicas clásicas. Artísticamente se orientaron por el arte modernista internacional. Aspiraciones simbólicas y estrictamente formales, la tendencia hacia creaciones que parecen planas y la influencia de Asia Oriental fueron las principales características de este nuevo estilo artístico.

Gustav Klimt fue el primer presidente de esta fundación. Entre 1897 y 1905 la Secesión organizó 23 exposiciones, gracias a las cuales se pudieron ver en Viena obras de arte contemporáneo de toda Europa, entre ellas de Cezanne, Monet, Van Gogh, Rodin, Munch o Hodler.

El arte de Gustav Klimt no era accesible para todos. Sus clientes eran en su mayoría hombres y pertenecían a la clase media-alta. Sus encargos eran un reflejo de la sociedad vienesa y a menudo se especuló sobre una posible relación entre el artista y alguna de las mujeres representadas. La periodista Berta Zuckerkandl designó a Klimt como el “creador de la mujer moderna”.

En un retrato de Fritza Riedler de 1906, Klimt introdujo por primera vez el oro en el diseño del cuadro. Tanto el fondo como la propia figura se construyen geométricamente. El cuerpo solo se aprecia en las líneas de la silueta; la figura está completamente disuelta en ornamentos. Solo la cabeza y las manos se representan de forma realista.

Más conocido por sus alegorías y retratos de mujeres, Gustav Klimt se dedicó a la pintura de paisajes relativamente tarde. Las primeras obras de este estilo fueron realizadas en el años 1898. Pinta principalmente estanques y pantanos, jardines de campesinos floreciendo y vistas profundas de bosques. En la elección de los motivos, Klimt sigue la tradición de los realistas austriacos, pero demostrando ser un pintor modernista, a través de encuadres inusuales y atrevidos.

En sus últimos cuadros de paisaje ahonda en las corrientes del fauvismo y cubismo. Las últimas composiciones de paisajes bidimensionales carecían del clásico centro pictórico y se caracterizaban por colores pastosos y brillantes.