Estoy un poco aturdida con el fenómeno Torrente. Al principio, allá por el mes de agosto, pensé que podría vivir al margen de esta película, ignorarla al menos hasta que llegara el estreno. Pero ha sido imposible. Desde el mismo día en que comenzó el rodaje no he podido escapar de todo tipo de promociones, spots, publicidad viral, anuncios en los cines, etc. He llegado a creer que Santiago Segura era mi compañero de piso, porque cada vez que encendía la televisión, allí estaba él para darnos algún dato que no conocíamos sobre la cuarta entrega de Torrente. Y en los últimos días he desayunado con él, he cenado con él y él ha sido lo último que veía al irme a la cama. Daba igual el programa que eligiera o la cadena. Él, convertido en omnipotente por el poder que otorgan los programas grabados, siempre estaba ahí.

Estaba claro que la cuarta entrega de Torrente iba a llegar. Ninguna saga española ha sido tan rentable y, una vez descubierta la gallina de los huevos de oro, no iban a dejarla escapar sin obligarla a producir millones de docenas de valiosos ejemplares. He visto las 3 primeras entregas (en la primera incluso me reí) pero puedo afirmar sin miedo a equivocarme que nunca veré la cuarta. Me ha parecido suficiente.

Valoro el trabajo de promoción que realiza Santiago Segura. No debe ser fácil pasarse un mes de programa en programa, con la misma camiseta, intentando resultar convincente y argumentando que Francisco Rivera quiere ser actor y es bueno interpretando. Muchas veces pienso que al cine español le hace falta aprender del sistema promocional americano. Ellos gastan el mismo dinero en producir que en promocionar y ahí está el resultado. Al fin y al cabo se trata de que la gente vaya a verla, no? Este es el punto en el que le doy la razón a ese gran empresario y negociante llamado santiago Segura. Pero se me cae el alma a los pies al escucharle soltar perlitas como esta en televisión: “sigo haciendo cine porque no tengo tanto dinero como para dejar de trabajar. A mí me gustaría más tocarme las pelotas”. Y se queda tan a gusto.

Ha pasado el primer fin de semana y Torrente 4 ha recaudado 8, 2 millones de euros en taquilla. Lo que significa que el personaje vende y a la gente le gusta ver al brazo tonto de la ley en acción. Y si lo pienso bien, al cine español también le hace falta dinero. Necesita un taquillazo de vez en cuando como lo fue Fuga de cerebros, Spansish Movie o 3 metros sobre el cielo. Estas últimas conviven en las carteleras con otras historias más “pequeñas” y juntas caminan de la mano permitiendo que el cine español no se convierta en una especie en extinción. Yo, personalmente, prefiero esas historias más “pequeñas” en presupuesto y algo más “grandes” en guión, interpretación o dirección. Pero para gustos, los colores.