A veces es muy difícil deshacerse de algunos tópicos que a fuerza de repetición acaban por perdurar a pesar de ser equivocados, como ocurre con el famoso «Corte de Digestión». ¿Quién no recuerda las aburridas horas de espera «para hacer la digestión» después de comer cuando éramos niños?.

Sin ir más lejos, esta misma semana dos periódicos publican sendas noticias cuyo titular incluye éste término como causa del ahogamiento: El Mundo y El Períodico de Aragón, aunque éste último incluye en el texto de la noticia una sucinta explicación: «…la muerte pudo deberse, muy posiblemente, a una hidrocución, familiarmente conocido como corte de digestión. Un shock provocado por la brusca diferencia de temperatura que se produce entre el calor que tiene un cuerpo que ha tomado el sol y el frío del agua. Y se caracteriza por un mareo que hace a la víctima hundirse rápidamente. De hecho, ayer fue un día muy caluroso en la zona.».

Una de las posibles explicaciones de que exista esta denominación es que no es infrecuente que una persona que sufre un ahogamiento tenga vómitos. Aunque la causa está casi siempre en que la víctima ha tragado una gran cantidad de líquido o que las maniobras de reanimación si no se realzian correctamente pueden provocarlo y no en que la digestión haya sido la causante del ahogamiento, contemplar los vómitos de un ahogado es siempre un suceso impactante en un contexto dramático, no es de extrañar que el nombre se haya popularizado y adquirido fuerza con la costumbre de repetirlo.

Aunque hay quienes, como el Dr. Fermin Mearin, especialista en Aparato Digestivo, sistemáticamente contestan a estos titulares, no es menos cierto que la explicación, o no se publica, o se hace de manera que pasa desapercibida frente a un titular con discutible gancho periodístico o simple morbo. Si bien es cierto que cada vez los casos son más esporádicos y que buscando en periódicos como El País, por ejemplo, no he encontrado que se utilice esta expresión, me parece adecuado volver a ofrecer la explicación de porqué se produce este fenómeno.

 

El Síndrome de Hidrocución

En general, se denomina «Síncope» a un proceso en el que debido a una falta o disminución momentánea del riego sanguíneo al cerebro se produce una pérdida parcial o total de consciencia. En el «Síncope de Hidrocución» se produce este mismo proceso al introducirse en el agua, con el resultado de que la persona no puede reaccionar y fallece por asfixia al quedar sumergida sus vías respiratorias. Lo que diferencia a la asfixia por sumersión de otras amenazas vitales (como una parada cardíaca en la calle o un accidente de tráfico, por ejemplo) es su inmediatez: si no se interviene antes de 5 minutos casi el 90% de las víctimas fallecerán o quedarán con secuelas neurológicas permanentes y esa es la principal razón de la existencia de Socorristas en playas y piscinas.

Hay dos procesos fisiológicos que son normales y que pueden combinarse para provocar un Síncope de Hidrocución, dependiendo de determinadas circunstancias.

El primer proceso normal es el llamado Reflejo de Inmersión. Cuando se sumerge la cara y la cabeza, disminuye la frecuencia cardiaca y se produce la contracción de los vasos más superficiales de la piel, un mecanismo de protección para que el cerebro tenga un aporte preferencial de sangre, este reflejo es más evidente en los niños y de hecho se han informado de casos de muerte súbita en niños por un reflejo extremo que provoca parada cardíaca. Además, la diferencia entre la temperatura corporal y la del agua favorece el reflejo de inmersión de modo que cuanto mayor sea aquella, mayor será éste, puesto que otra de sus finalidades es conservar la temperatura corporal ya que al contraer los vasos sanguíneos de la piel, disminuye la pérdida de calor corporal.

El segundo proceso normal es el proceso digestivo, que no sólo se produce en el estómago, sino que implica a todo el tracto digestivo y por tanto puede durar varias horas. Requiere un gran aporte sanguíneo por lo que los vasos sanguíneos de estómago e intestino se dilatan, lo que va en detrimento del aporte sanguíneo de otras partes del cuerpo, incluido el cerebro, de ahí que tras las comidas, en especial las copiosas, sintamos somnolencia.

Si ambos procesos se combinan, y además se ven favorecidos por otros factores, como una alta temperatura corporal, (por ejemplo, por haber permanecido largo tiempo al sol, haber realizado ejercicio físico); o el sumergirse en el agua de forma brusca, (zambulléndose, tirándose de cabeza o porque caemos o somos empujados), la persona sufre un Síncope de Hidrocución, ya que el cerebro no recibe suficiente riego sanguíneo sufriendo una pérdida de conocimiento de forma más o menos brusca que impide reaccionar ante la sumersión, lo que provoca la asfixia y la muerte por falta de oxígeno. Los niños y las personas mayores son especialmente sensibles a este riesgo.

Aunque el pronóstico de las víctimas de una hidrocución es similar al de una parada cardíaca fuera del agua, hemos de tener en cuenta que este tipo de víctimas es de difícil detección, incluso para un Socorrista experimentado y adecuadamente adiestrado que conoce este proceso y está alerta ante los signos que indican que una persona puede estar en riesgo de sufrirlo. La víctima no hace ruido, se queda inmovila en el agua o apenas se mueve y queda entre dos aguas o en el fondo, lo que hace aún más diíficil su localización.

 

¿Qué podemos hacer?

La buena noticia es que la Hidrocución es fácilmente evitable. Los Socorristas están especialmente adiestrados para detectar las personas en riesgo y hacer una labor de prevención, aconsejando la conducta correcta para evitarla que consiste en no tirarse al agua de forma brusca, ducharse previamente para rebajar la temperatura corporal y, en general, no bañarse ni hacer una actividad física intensa (tanto fuera como dentro del agua) hasta que no pase un espacio de tiempo despues de las comidas.

¿Cuánto tiempo?. Dependerá de la cantidad y el tipo de alimento que hayamos ingerido. Un ejemplo: ¿cuáles son los consejos respecto a la alimentación cuando se va a correr?, apliquemos el mismo tipo de sentido común, que será siempre nuestro mejor consejero; vigilemos a los niños y hagamos que sigan todas las medidas de autoprotección en relación al agua.

En caso de duda, pregunta al Socorrista, no te dirá cuanto tiempo tienes que esperar por el bocadillo de tortilla que acabas de comerte, pero sí te aconsejará y te recordará las medidas de prevención.