Llega el Día de los todos los Santos y como no, os traemos el pastel más delicioso para estos días: los buñuelos.

Este producto tradicional data del siglo XIV cuando se empezaba a utilizar el aceite para freir. Al principio tan sólo lo producían en los conventos pero ahora mismo es el pastel más esperado antes del 1 de noviembre.

Los buñuelos (o buñuelos de vientos) se realizan con una masa fria a base de agua, leche, sal, manteca de cerdo (o también mantequilla), harina y huevos. Para elaborar esta masa se hierve el agua, la sal y la manteca en una cazuela, una vez fundida se añade la harina y se amasa a fuego suave. Cuando la masa se hace una bola seca se separa del fuego. El siguiente paso es ponerlo en aceite y cocerlo, se hace pasta consistente y luego se mezcla con los huevos. Tras esto se hace en porciones redonda similares, se frie y llega el mejor momento pastelero: rellenarlos. Lo tradicional es hacerlo con nata, crema o trufa pero también existen buñuelos de café o fresa. Además, Jesús Manso nos habló de algunos más salado con bechamel, por ejemplo. Y finalmente, se rebozan en azúcar de canela.

«Hay que tener cuidado. Algunos se llevan 1 kilo de buñuelos y después pasa lo que pasa» nos cuenta como anecdota Jesús Manso, presidente de la Asociación de Pasteleros de Segovia. Nos dice que el precio por kilogramo está entre los 26 y los 30 euros y se realizan unos 505 kilos desde el 30 de octubre hasta el 2 de noviembre para evitar que deje de ser un producto tradicional de este día festivo. «La gente los espera desde hace un mes pero la demanda es continúa durante todo el año. El problema es que es un producto perecedero. Tanto la nata como la crema necesitan de refrigeración. Sino no es ni nata ni crema, necesitan frio» indica el pastelero.

 

Pero si tu eres más de huesos de santos aquí tienes la receta. «Los huesos de santos merecen una elaboración más laboriosa. Tienen unos 80 – 90 años y su origen procede de los arábes que lo introdujeron en España».

El relleno de buñuelos se elabora con yema de huevo y es un dulce envuelto en masa de mazapán 50% de azúcar y 50% de almendra. Despúes se lamina o se estira «como si fuera un cigarrillo» y se deja secar. Se rellena «principalmente de yema, tal y como es el tradicional». La elaboración termina bañandolos en masa de grasa muerta – como se llama en el oficio – de agua o jarabe. «La tradición dice que cada vez que comemos un hueso de santo sacamos un alma del purgatorio» nos explica Jesús Manso entre las bromas de sus compañeros de cocina. A pesar de la dificultosa elaboración «nos piden más los buñuelos que los huesos de santos. Estos últimos son más dificiles de digerir y gustan menos».

De este otro producto tradicional del día de los santos se realizan entre 50 y 60 kilos y su precio puede llegar a superar los 30 euros.

Ahora te toca elegir (o quedarte con los dos), pasate por tu pasteleria más cercana o si tienes dotes de cocinero ponte a ello.