En mi condición de ex-concejal

y en relación con mi honorabilidad,

solo de restauración interesé la petición,

de difícil concreción para quien no sabe lo que es «honor»,

creyéndose restaurador quien «ni está ni se le espera»,

no obstante su osada atribución,

que ha convertido en misión por eso de que se cree «la pera».

 

Y es por ello en humildad,

que solo es mi honorabilidad lo que de restaurar pretendo,

tarea que al Alcalde no encomiendo -ni pienso encomendar

no vaya a resultar que me la imponga por decreto,

para luego sancionar, no solo mi honorabilidad

sino su amargura de Anacleto, insigne Agente Secreto,

poco ávido en el arte de callar y meditar,

porque ello requiere la capacidad de la que carece el interfecto.

 

Y es por eso de mi honor,

y de la propia labor de restauración,

que hablando he terminado,

tan agresivamente afectado,

 de la propia licencia que se ha dado, para tan maña construcción,

de lo que exijo restauración,

en ambos casos los dos,

con la misma fijeza y dedicación que a la semántica se ha dado,

el ínclito y atribulado Alcalde envalentonado,

falto de total educación,

no obstante su noble y personal consideración,

de salvador y redentor que nadie ha pedido ni solicitado.

 

 Quédese pues Sr. Alcalde tranquilo,/

que con buen acierto y cierto tino,

ya se escribirá nuestro destino,

como se restaurará mi honorabilidad

mientras se pregunta quién pagará la lesividad

de su ilegalidad, verborrea e incapacidad

no obstante ser usted «la pera», como lo era la cacera,

a la vereda de la Santa Cruz de la Cristiandad.

 

Que tenga Ud. un intelectual, ilustrado y provechoso día.

 

Su conciudadano, Ángel Manuel Sancho Berzal.