Al otro lado de la Sierra
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Hay lugares que nos recuerdan que no todo tiene que suceder deprisa. Hay lugares que nos sostienen mientras todo a nuestro alrededor cambia. Hay lugares que se convierten en casa, en refugio, en un silenciador del ruido externo y en una cima desde la que poder observar los problemas con más perspectiva.
Mi cima es precisamente eso, una cima. O más bien muchas de ellas. Pero es también un entramado de veredas y caminos, un rico ecosistema y un área que ha sido testigo del paso de los siglos a ambos lados de la Meseta.
Su nombre viene del árabe Wadī-r-Ramal y significa «río del arenal». Pero Guadarrama es más que un río y es más que arena. Es una sierra viva que de vez en cuando nos recuerda lo frágil que puede llegar a ser la naturaleza.
Fue precisamente en septiembre del año paso cuando escribí un breve texto sobre por qué esta bonita alineación montañosa merece ser reconocida con su auténtico nombre, a pesar de que algunos se empeñen en llamarla (erróneamente) Sierra de Madrid. Si bien acudo a sus laderas con frecuencia, parece que es en septiembre cuando mi mente se vuelca con este lugar.
Septiembre devuelve el ruido, los horarios, la rutina. Pero la sierra se mantiene estable. La montaña también sabe a septiembre, sí. En ella ya es perceptible el paulatino cambio de estación. Pero mientras el mundo chilla, ella guarda silencio.
Con septiembre llegan muchas veces también los cambios. Una servidora se muda para comenzar proyectos nuevos. Seguiré en Segoviaudaz dando guerra con el equipo, pero duele asumir que estaré un poco más desvinculada de la provincia. Hay muchos nervios, pero por eso busco los altos bosques. Casi como escondiéndome entre pinos de todo lo que me inquieta. Porque, desde arriba, septiembre se siente menos septiembre. Como si el desnivel me ayudara a poner cada cosa en su sitio.
Fue mi padre el «culpable» de que me sintiera atraída hacia este entorno natural. Él me regaló mis primeras botas de montaña (también las posteriores), mi primera bicicleta (y la que uso actualmente) y también mis primeras zapatillas de correr, aunque las siguientes ya corrieron a mi cuenta. Supongo que como es un hobby que no compartimos, prefirió desentenderse. El caso es que fue él quien me ha empujado siempre a descubrir lugares e improvisar rutas. Que sepa señor Garrido que ha generado una chiquilla con unas piernas muy inquietas, incapaz de sentirse plena con cualquier actividad que implique estar mucho tiempo dentro de casa y que se siente enormemente frustrada si pasa más de una semana sin pisar bosque.
Veo cómo pasa septiembre y mi cabeza se vuelve allí hacia donde se siente más estable.
En mi caso, la Sierra de Guadarrama no solo es barrera entre dos Comunidades Autónomas, sino también una frontera entre etapas vitales. Seguiré cuidando de la provincia, pero al otro lado de la sierra.
Noelia Garrido Mate

