Si algo tiene el invierno que nos encanta es que la naturaleza parece acumular más belleza aún que el resto del año. Prueba a despertarte prontito y salir a un bosque una mañana de invierno: olerás el musgo húmedo, se te llenarán las botas de agua por la escarcha aunque no haya llovido y la luz del sol te parecerá jugar con la niebla a ver quién se esconde antes entre los árboles. Camina despacio, desperézate y disfruta del bien más preciado en estos tiempos que corren: el silencio.

Piensa un poco en cosas que no sueles pensar entre semana, ríete de ti mismo, tropiézate con alguna piedra y, si quedan, coge algún níscalo despistado. Es probable que, en uno de estos paseos, aparezca detrás de un helecho la señorita Soledad Vélez, próxima invitada de honor a nuestra sesión Prison WIC de 2014. Si te canta bajito alguna de sus canciones sabrás porque ese medio folk-medio blues, con esa mezcla de felicidad y morriña, no tiene más sentido que así: entre árboles y olor a tierra húmeda. Y,entonces, la voz de esta chilena, intensa y un poco quebrada, te pondrá los pelos de punta por ser a la vez plácida y sucia, como un bosque.

Puede que de vuelta, cuando ya esté atardeciendo, tengas la suerte de topar con la sombra de un tipo con sombrero y guitarra. Al principio, desde lejos, te parecerá más bien un duende trasnochado con olor a bourbon. No le hagas enfadar. Es mejor que te sientes a su lado y escuches lo que tenga que decirte. A veces no habla mucho pero su guitarra lo hará por él. En seguida te darás cuenta que el duende es Julián Maeso, nuestro otro invitado en Prison Wic.

Con él se te hará de noche en algún bar de mala muerte del pueblo más cercano. Y es probable que, con un par o tres de sus temas, ya hayas maldecido a exnovias, amigos traidores y jefes esclavistas. Y puede que después de unas cuantas cervezas y algún que otro chupito, te vayas a casa un poco tambaleante y silbando sus melodías “banda-sonora-de-peli-de-Tarantino” hasta llegar a tu cama. Te despertarás con un dolor de cabeza considerable pero te darás cuenta de que todo ha sido un sueño y que sigues en tu celda. Pero no en Prison WIC, con Julián y Soledad, sino en la cárcel de verdad: la de las ciudades ruidosas y humeantes donde la música de verdad se diluye entre el claxon de los coches.