Titirimundi, 40 años moviendo los hilos de la emoción
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Cumplir 40 años no es una cifra menor. A lo largo de estas cuatro décadas, Titirimundi se ha consolidado como una de las citas culturales más reconocibles de Segovia y como un referente nacional e internacional del teatro de títeres. Su permanencia en el tiempo demuestra la capacidad del festival para reinventarse sin perder aquello que lo hace único: convertir plazas, patios y rincones cotidianos en escenarios abiertos a la sorpresa y a la emoción.
Uno de los aspectos más significativos de esta edición ha sido, precisamente, la continuidad de su apuesta por el mundo rural. La programación ha vuelto a extenderse a distintos municipios, manteniendo vivo ese vínculo entre cultura y territorio que ha acompañado al festival desde sus orígenes. En una provincia marcada por la dispersión geográfica y el reto demográfico, que un evento cultural de esta magnitud continúe llevando espectáculos a los pueblos supone también una forma de reivindicar que la cultura no debe entenderse únicamente desde los grandes núcleos urbanos.
La celebración del aniversario ha tenido además un componente especialmente simbólico y emocional gracias a la tarta elaborada por Juana Remis Barquero, conocida como “Nani”, dedicada al festival y expuesta en el quiosco de la Plaza Mayor de Segovia. El pastel, convertido casi en una pieza artística, ha querido rendir homenaje a la memoria colectiva de Titirimundi incluyendo “muchos de los rostros que han acompañado al festival durante estos años”, tal y como explicaron desde la organización en sus redes sociales. Más allá de lo anecdótico, el gesto refleja el fuerte arraigo popular que ha alcanzado el festival y la conexión emocional que mantiene con generaciones de segovianos y visitantes.

Titirimundi se despidió ayer agradeciendo a su público, que aguarda cada año la llegada del festival; pero también al voluntariado, que hace posible la organización y el desarrollo de las funciones. Vestidos con sus inconfundibles camisetas rojas, son un engranaje fundamental de estos días tan «titiriteros». El «cuarentón» ha agradecido también al equipo, instituciones, colaboradores y «a todas las personas que forman parte de esta gran familia».

En Segoviaudaz os lo hemos contado desde cerca, pero también desde dentro a través de una de nuestras redactoras, que ha participado como voluntaria en dos espectáculos. Porque aventuras como estas no merecen ser contadas desde una oficina, sino con el cariño y la emoción que se merecen.
Otra de nuestras redactoras ha salido a las calles para contarnos Titirimundi, pero a través de las personas; de sus espectadores, de sus voluntarios y de quienes lo llevan disfrutando desde sus primeras ediciones. Todos ellos estaban de acuerdo en que cuando Titirimundi llega, «la ciudad se transforma», en un espectáculo, en una fiesta, pero, sobre todo, en un punto de encuentro. Así, el festival nos demuestra (un año más) que los títeres y la ilusión por las historias no son solo para los niños. Pueden disfrutarse sin límite de edad. «La gente lo vive como si volviera a ser niña», nos decía una de las entrevistadas.
Querido Titirimundi, cuando tu tiovivo vuelva a girar sobre la Plaza del Azoguejo y tu inconfundible programa llegue hasta nuestras manos, la ciudad tendrá un latido diferente.
Titirimundi se despide por este año, pero seguirá soplando muchas velas más.

