Alguien dijo, no recuerdo quién, que “el hombre es un animal de recuerdos”, y bien pudiera ser, porque el recuerdo nos separa del olvido, y aunque no se puede ni se debe vivir sólo de recuerdos, el recuerdo nos hacer sentir, nos hace volver a ser, nos hace no olvidar, nos hace tener memoria para ser justos y agradecidos, nos hace que “el tiempo jamás borre ninguna huella”.

Frase ésta, me parece hasta hermosa y tomada seguramente prestada, con la, creo recordar, daba título a otras líneas que escribí hace unos años recordándote Juan Antonio, y con las que quería, como quiero con las que hoy, en presente, estoy escribiendo sobre ti, me vuelvo al recuerdo, sobre aquel hombre todo bondad y sabiduría que fue, que fuiste, de manera carnal y física, Juan Antonio González Martín, pero que hoy con tu cargado poso, con tu enseñanza, con tu sabiduría, con toda tu obra intelectual sigues muy presente entre todos nosotros, porque sin nostalgias ni autocomplacencias, podemos afirmar sin ninguna duda que el catedrático, que el profesor, que el maestro Juan Antonio González Martín puso para esta gran obra todo su empeño, ilusión y magnífica experiencia académica.

Me atrevo hasta decir que sobre el Colegio Universitario Domingo de Soto de Segovia, cuya historia y vida universitaria dio sus primeros pasos en 1969, cuando en el año 1990, en concreto el 20 de septiembre comenzaron los estudios de la Facultad de Ciencias de la Información con su Sección de Publicidad y Relaciones Públicas, con sus 170 alumnos matriculados, con sus dos grupos de mañana y tarde, en aquel momento estoy seguro se volvió a hacer muy presente el lema que sobre su escudo decía la inscripción latina “Ex me ipso renascor”, es decir “renacer de sí mismo”, y eso es lo que uno y en primera persona, vuelvo a tirar del recuerdo, revive y rememora de aquellas enseñanzas, de aquellas clases, de aquellos momentos, en los que tu preclaro conocimiento Juan Antonio, te hizo entusiasmar, convencer, ilusionar a tantos, y por ello, fuiste, y así lo ha afirmado quien fue tu sucesor como coordinador, el profesor Raúl Eguizábal, repito, fuiste Juan Antonio el ideólogo y primer coordinador de aquellos estudios, que muy buenos frutos han dado y han marcado en el mundo de la Publicidad y las Relaciones Públicas en tantos y tantos lugares donde los alumnos y alumnas de las diferentes promociones que continúan saliendo. Primero como Colegio Universitario Domingo de Soto, hasta el año 2005 y después como Universidad de Valladolid hasta el día de hoy desde el Campus Público María Zambrano donde se continúa impartiendo en su Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación, la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas, con gran éxito, por cierto.

Pero alguien sin duda se preguntará porqué y ahora vuelvo a escribir estas líneas sobre ti Juan Antonio. Para ello, me refugio una vez más en el paraíso del recuerdo, en el hermoso tango que cantaba Carlos Gardel, y que con su titulo “Volver”, pues vuelvo a ti, vuelvo a recordarte y me paro en la letra de su estribillo cuando nos dice:

 

“Volver,

con la frente marchita,

las nieves del tiempo

platearon mi sien.

Sentir, que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada,

que febril la mirada

errante en las sombras

te busca y te nombra.

Vivir,

con el alma aferrada

a un dulce recuerdo,

que lloro otra vez.”

 

No lloro por el dulce recuerdo, pero con las sienes plateadas por las nieves del tiempo, si quiero sentir que es un soplo la vida, como fue la tuya Juan Antonio, en la que un fatídico accidente de tráfico, te la trunco, a ti que no conducías, paradojas del destino, aquel 28 de noviembre de 1993.

Hoy 20 años después irrumpes con la misma fuerza como lo que fuiste, gran hombre, excelente profesor, joven catedrático, que con tu talento, entrega, pasión, ilusión, nos insuflaste nuevos y frescos aires de libertad, de apertura, de unir y acercar la universidad a la empresa y viceversa, tu iniciativa tenía sentido y futuro, el tiempo lo ha demostrado, era un proyecto comprometido con un objetivo fácil de formular pero costoso y laborioso de conseguir, porque ante todo Juan Antonio apostabas por la calidad, calidad que se apoyaba en el rigor científico y en la exigencia académica, en la mayor proximidad y en el contacto inevitable con la empresa y con el sector profesional en todos sus ámbitos, trayéndonos savia nueva que como hombre bueno y con tu equipo de profesores y amigos nos dejasteis lo mejor de vuestra ciencia, experiencia y sabiduría.

Supongo que a estas alturas del escrito ya nadie desconoce que de quien, con este desgranar de recuerdos, estoy teniendo muy presente, es del cacereño de Casas del Monte Juan Antonio González Martin, profesor, amigo, hombre que en el corazón de cientos de personas nos marco a fuego su huella, su saber, su enseñanza y sobre todo su gran amor.

No me resisto al recuerdo, y vuelvo al tango, a sus cuatro últimos versos:

 

“Y aunque el olvido que todo destruye,

haya matado mi vieja ilusión,

guarda escondida una esperanza humilde,

que es toda la fortuna de mi corazón.”

 

Y por ello desde la fortuna de mi corazón, me atrevo a pedir, guardando escondida una esperanza humilde, de que, por quien corresponda, se dé traslado a algún aula del Campus Público María Zambrano, la placa que dio nombre al “Aula González Martín”, y que se instaló en 1996 en las Aulas que la Facultad de Publicidad y Relaciones Públicas tenía en Mahonias, así de esta manera y sin ninguna duda el olvido que todo lo destruye no matará la vieja ilusión del gran hombre y mejor profesor que fue, es y será, Juan Antonio González Martín.

 

 

Ángel Pablo Román Fresnillo

Segovia, 28 de noviembre de 2013