La carrera en primera persona, por Juan Vidaechea:

Como corredor popular de vocación tardía, frisando los cuarenta, estoy aún disfrutando de muchas primeras veces. Sin duda, mi primera media maratón segoviana era una carrera pendiente que me hacía especial ilusión y que he anticipado con el mismo cosquilleo que el de un viaje anhelado. Revisitar las calles de mi infancia en el marco excepcional de una fiesta deportiva era un homenaje doble, personal y a la ciudad, que ya tocaba. Y la sensación que queda en mi recuerdo, con las agujetas casi superadas y la excitación reposada, es la de una experiencia muy satisfactoria acompañada de una resignificación emotiva de mi relación con la ciudad, una ciudad en la que no vivo desde hace media vida pero que fue mi hogar en la primera mitad.

La XVII Media Maratón Cajaviva Segovia es la prueba de que pueden celebrarse acontecimientos de ciudad emblemáticos, con liderazgo ganador y la implicación de su ciudadanía, tejido empresarial y social. Y que una ciudad pequeña es capaz de ofrecer una propuesta que por recorrido, servicios y monumentalidad es única, con argumentos para codearse con carreras promovidas en localidades de otro orden de magnitud en cuanto a recursos o población. Sin duda, un éxito de la Fundación organizadora.

La carrera ha tenido una organización de primer nivel, desde la gestión de las inscripciones,  la entrega de dorsales con una bolsa del corredor muy completa – gracias también a la implicación de empresas de la ciudad y provincia – la animación musical, avituallamientos, liebres, o las fotografías de la prueba. La participación ciudadana ha sido igualmente ejemplar, desde el inmenso equipo de voluntarios hasta la animación de los vecinos dando calor y ánimos en distintos puntos del trazado. Un circuito duro, con muchos toboganes, al que se sumó un viento del norte con rachas fuertes que añadió un componente épico a la competición popular. La monumentalidad de Segovia, con el paso bajo los arcos del acueducto que ponía la piel de gallina, el recorrido por el barrio de San Lorenzo, la travesía por el casco histórico o la subida de la cuesta de San Juan, que aumenta pulsaciones y la admiración de la panorámica de la ciudad, es una propuesta inimitable.

Por otra parte, todo acontecimiento ofrece la oportunidad de identificar aspectos a pulir y convertir las siguientes ediciones en aún mejores carreras. Seguro que las opiniones de participantes en la prueba y de otros actores implicados ofrecen valiosas perspectivas y
sugerencias para seguir evolucionando. Esta media maratón ha sido más que una carrera, ha sido un reencuentro personal con la ciudad. Con un contagio del espíritu festivo y deportivo, además de una cultura del esfuerzo y de la disciplina, una comunión compartida, una vivencia colectiva desde la admiración de su patrimonio y belleza, y que añade un testimonio más de por qué Segovia es tan especial. Una experiencia para repetir, ojalá con un poquito menos de viento, por favor.