Sobresaltados, asustados y con incertidumbre. Así se han despertado hoy los vecinos de Daniel Fernández Aceña ante la noticia de su detención como presunto yihadista, y ante la posibilidad de que pudiera preparar un atentado. Vivía en un cuarto piso del número 39 de la calle de la Plata de Segovia, en el Barrio de Santa Eulalia, en un bloque de ocho viviendas en el que habitualmente no residen todos los propietarios. Allí, se personaron en torno a las 4.30 horas de la madrugada efectivos de la Policía Nacional que procedieron a su detención.

La operación llevada a cabo por la Guardia Civil esta madrugada ha pillado por sorpresa a la mayoría de los vecinos. En declaraciones a Segoviaudaz.es, una vecina nos explicaba como al ir hacia el garaje de su casa para ir al trabajo, se veía sorprendida por los furgones de la Guardia Civil «No sabia que estaba pasando, hasta que entré en un bar cercano y vi la noticia por televisión». Lo más llamativo es que los vecinos nos describen la calle como un «pequeño pueblo» en el que todos se conocen, y en el que este hombre ha pasado totalmente desapercibido.

«No tengo ni idea de quien es, no me suena su cara», esta es la respuesta que en la mayoría de los casos hemos recibido al preguntar por él. «No me suena su cara.. ¡y eso que aquí nos conocemos todos!» nos dice el dueño de un establecimiento cercano. Ahondando un poquito más en el barrio, encontramos a algún vecino que nos indica vagamente que al parecer el detenido, habría estado internado en algún centro psiquiátrico de la zona.

Todos los vecinos se encuentran conmocionados tras conocerse la noticia: «no te esperas que pueda haber algo de eso aquí, tan cerca» nos cuenta Vitorio, un amable jubilado de la zona al que la noticia le sorprendió saliendo de casa para llevar a sus nietos al colegio, «seguramente estaba loco».

Una de las principales sorpresas para muchos vecinos es descubrir que el detenido tiene nacionalidad española: «por inercia todos lo asociamos a una persona árabe», confiesan.  A la espera aún de los resultados de los registros que se están produciendo, y a pesar de la desinformación que reinaba en la zona por momentos, después de mucha actividad, se respira tranquilidad en el vecindario.

Los vecinos de Daniel Fernández Aceña, detenido hoy en Segovia acusado de autoadoctrinarse en el extremismo religioso de carácter yihadista, mantienen horas después «sorpresa y asombro» por la noticia. Fernández Aceña vivía en un cuarto piso del número 39 de la calle de la Plata de Segovia, en el Barrio de Santa Eulalia, en un bloque de ocho viviendas en el que habitualmente no residen todos los propietarios. Allí, se personaron en torno a las 4.30 horas de la madrugada efectivos de la Policía Nacional que procedieron a su detención.

Algunos reconocen haber escuchado música árabe en alguna ocasión cuando salían de casa, pero ni sus dos compañeros de piso, que no han sido detenidos y que apenas convivían con él, ni el resto sospechaban de sus presuntas intenciones yihadistas. De ahí, que la incredulidad sea la nota predominante.

Paquita es una profesora jubilada que reside en el inmueble desde hace 40 años. Explica a Ical que sintió “un ruido, pero no sabía lo que estaba pasando”. “Yo intentaba preguntarlo pero nadie me respondía”, dice. Paquita apenas mantuvo contacto con Fernández Aceña “porque era una de esas personas que no te dicen nada, que no te hablan ni nada”, asegura. Aunque reconoce no tener miedo, sí que asegura que en el barrio pasan cosas que no entiende: “Vive gente distinta que ni les conoces ni te cuentan nada”, sostiene.

Ivanka es otra vecina, que reside con su familia en el tercero. Explica que tanto el detenido como sus dos compañeros de piso “estaban siempre muy tranquilos”. “Llevamos dos años en esta casa y ellos ya estaban”. “Era una persona muy amable, si te lo encontrabas por la escalera te saludaba, no daba la impresión de ser alguien peligroso porque parecía un señor muy tranquilo”, apunta.

Mientras en Valsaín, donde se ha trasladado la investigación a una casa de la carretera de Villalba, en la Pradera de Navalhorno, residencia de un excompañero de Fernández Aceña, uno de los vecinos explica que el inquilino de la casa “ha estado en la cárcel por drogas”. Este mismo vecino asegura que se trata de una persona con la que “no se podía mantener ninguna relación”. “Hablabas con él y era como hablar con una pared”. “Eran frecuentes los ruidos y las visitas».

Otra de las vecinas de la vivienda de Valsaín tampoco asocia a Fernández Aceña con el lugar, pero de su compañero asegura “que no ha sido un vecino ejemplar”. “Hemos tenido muchos problemas, hemos tenido hasta ratas”. «Los problemas de convivencia han sido constantes», reconocen