“No se viene a Titirimundi, se vive Titirimundi”. Las palabras que ponían punto y final al pregón de la 27ª edición de uno de los festivales más esperados de Segovia, sirvieron ayer para trasladar el mensaje de que Titirimundi “no es un gasto sino una inversión” a sus patrocinadores y a aquellos que decidieron reducir sus aportaciones económicas a la cita. En el Teatro Juan Bravo de la capital, los pregoneros de la edición de 2013 no quisieron dejar de ofrecer “argumentos anti-recortes” para un referente cultural que “de no existir habría que haberse inventado”.

Evocando su germen, el director de Titirimundi, Julio Michel, quiso invitar para ofrecer el pregón inicial a aquellos que desde el Instituto Andrés Laguna apostaron por promover el teatro en una ciudad que en los años 80 no brillaba por su vida artística. “Titirimundi nace por necesidad y por placer”, señaló el que entonces fuera el director del centro y actual profesor en la Universidad de Valladolid (UVa), Rodrigo González. Acompañado por uno de sus alumnos, Antonio Lucio, ambos elogiaron la labor de Michel en una cita que, convertida en una cita ineludible del calendario de fiestas en Segovia, se convirtió en “una escuela de ciudadanía”.

Sin dejar de un lado la mirada crítica, el pregón regaló otras palabras al festival destacando la magia de los relatos que llenan los escenarios de toda la ciudad, la igualdad o las miradas libres de aquellos quienes lo contemplan o el trabajo de los más de 100 voluntarios que engranan las actuaciones para que todo salga a la perfección. Las palabras de la pensadora María Zambrano con las que calificaba a Segovia como “ciudad ausente” sirvieron a sus pregoneros para asegurar que “Con Titirimundi, Segovia se hace presente”.

No es de extrañar, y de hecho es algo tradicional ya, que Titirimundi saque de su amplia programación la artillería pesada para comenzar el festival. Ante un patio de butacas casi al completo, autoridades segovianas y público pudieron contemplar el clásico de Pedro Muñoz Seca “La venganza de Don Mendo” a través de un espectáculo de títeres lleno de dinamismo, color y música que destacó por los movimientos perfilados y naturales de la compañía malagueña ‘El Espejo Negro’.

Sus caricaturizados personajes narraron una comedia castellana ambientada en la Edad Media marcada por los líos de faldas, oscuras mentiras palaciegas, y anacronismos que llevaron a subir al escenario incluso referencias como Star Wars, el ‘thriller’ de Michael Jackson o al propio cantante Raphael. La mezcla, que combinó a la perfección con los cambios continuos de escenario y la variedad de personajes, llevó a un entregado público a pasar un rato en el que las carcajadas fueron las protagonistas.

La producción puesta en escena por El Espejo Negro en colaboración con Titirimundi, el Teatro Cervantes, el Teatro Concha Espina de Torrelavega y Gráficas Caliente, repasó durante hora y media y con ayuda de un can narrador, escenas de mentiras, amor, traición y espadas desenvainadas, aderezadas desde el principio con grandes dosis de humor que, nunca mejor dicho, “no deja títere con cabeza”.