¿No les da vergüenza lo de Segovia-Guiomar?

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El tiempo pasa, los gobiernos cambian y los problemas siguen sin resolverse. Casi diecinueve años después de su inauguración, la estación de alta velocidad de Segovia sigue sin contar con unos accesos y un aparcamiento a la altura de las necesidades de sus usuarios. No hablamos de una infraestructura extraordinaria ni de una inversión faraónica. Hablamos de que miles de segovianos puedan ir a trabajar cada mañana sin tener que enfrentarse a problemas que deberían haberse resuelto hace muchos años.

Y aquí hay un responsable al que conviene exigir explicaciones: Adif. Porque no estamos ante un problema inesperado, ni ante una necesidad que haya surgido de repente. Estamos ante casi dos décadas de decisiones insuficientes, previsiones equivocadas y soluciones que siempre llegan después de que los ciudadanos hayan tenido que soportar las consecuencias.

Adif llega tarde. Tarde para ampliar el aparcamiento, tarde para responder al incremento de usuarios, tarde para mejorar los accesos. Y cada actuación, por necesaria que sea, parece concebida para resolver el problema de ayer, no para anticiparse al de mañana.

Todo comenzó con una decisión que ha condicionado el funcionamiento de esta infraestructura desde su nacimiento: construir la estación a unos siete kilómetros de Segovia, lejos del centro urbano, sin una conexión suficientemente cómoda con la ciudad. Una ubicación que obliga a buena parte de los usuarios a depender del coche o del transporte público para acceder a un servicio que, precisamente, debería facilitar la movilidad. La alta velocidad acercó Segovia a Madrid, pero dejó su estación lejos de Segovia.

Y lo más difícil de comprender es que, conociendo esa ubicación, se proyectara un aparcamiento de apenas 224 plazas. ¿De verdad nadie previó que una estación alejada de la ciudad, utilizada diariamente por trabajadores y estudiantes, necesitaría una capacidad muy superior?

No hubo que esperar demasiado para comprobar el error. La estación se inauguró en diciembre de 2007. En 2009, Adif ya aprobaba una ampliación de 150 plazas y, en 2010, el aparcamiento alcanzaba las 590. En menos de tres años hubo que duplicar con creces la capacidad inicial. Lo que debería haber sido una planificación rigurosa se convirtió en una sucesión de parches.

Cuando Segoviaudaz.es nació, en 2009, creamos una sección llamada Guiomar Confidencial para hablar precisamente de los problemas de esta infraestructura. En agosto de 2010 ya publicábamos artículos sobre las continuas ampliaciones del aparcamiento, las reclamaciones de los usuarios y las obras que intentaban corregir lo que no se había previsto desde el principio. Han pasado dieciséis años desde aquellos artículos. Y aquí seguimos. Hablando de lo mismo, con menos esperanza y más cansancio.

En diciembre de 2025, Adif adjudicó otra ampliación, por más de cinco millones de euros, para incorporar más de 300 plazas. Y ahora conocemos nuevos proyectos para mejorar los accesos a la estación.

Son buenas noticias, por supuesto. Pero permítannos recibirlas con una mezcla de satisfacción y agotamiento. Porque estamos cansados de proyectos, de anuncios, de expedientes y de plazos. Queremos realidades. Una licitación no es una obra terminada y una inversión anunciada no soluciona el problema de quien mañana volverá a madrugar para coger el tren.Y, mientras tanto, los segovianos siguen pagando las consecuencias.

El entorno de Segovia-Guiomar en el año 2024
El entorno de Segovia-Guiomar en el año 2026.  Entre estas dos imágenes han pasado 14 años. Años de promesas, retrasos y soluciones que no llegan.

Durante años, muchos usuarios han tenido que buscar alternativas donde dejar sus vehículos, incluso en terrenos y arcenes próximos a la estación. Algunos han recibido multas por estacionar en lugares no autorizados y cientos siguen caminando diariamente por zonas sin iluminación ni condiciones adecuadas de seguridad. Resulta difícil de justificar que se sancione a quien aparca donde no debe mientras no se ofrecen alternativas suficientes y seguras. Y no se trata de defender estacionamientos indebidos, sino de preguntarse por qué se ha permitido que esta situación se prolongue durante tanto tiempo.

A veces me pregunto por qué las cosas tienen que ser así. Por qué una entidad pública con los recursos, la experiencia y la responsabilidad de Adif no ha sido capaz de anticiparse a necesidades tan evidentes. Entiendo que la burocracia es compleja, que las inversiones requieren procedimientos y que las obras públicas tienen sus plazos. Pero también entiendo que gestionar consiste precisamente en planificar, prever y resolver. En cualquier empresa privada, un equipo directivo que necesitara casi veinte años para dar una respuesta adecuada a un problema conocido desde el principio tendría muy difícil justificar su gestión. En las grandes estructuras públicas, sin embargo, los responsables cambian, los expedientes continúan y las consecuencias rara vez recaen sobre quienes toman las decisiones.

Y tampoco podemos olvidar que, detrás de Adif, hay sucesivos gobiernos centrales que han tenido tiempo para actuar. La estación se proyectó durante los gobiernos de José María Aznar, se inauguró con José Luis Rodríguez Zapatero, atravesó los años de Mariano Rajoy y ha seguido acumulando actuaciones pendientes durante los mandatos de Pedro Sánchez. Gobiernos de distinto signo político que han tenido oportunidades para impulsar soluciones definitivas.

No se trata de repartir culpas por colores, ni de convertir una reivindicación ciudadana en una disputa partidista. Se trata de recordar que la responsabilidad de gestionar bien los servicios públicos no cambia con el partido que ocupa el Gobierno. Y de preguntarse por qué, con tantos años por delante, nunca se ha conseguido ir un paso por delante de las necesidades.

Siempre detrás. Siempre tarde. Y cada retraso tiene un coste que no aparece únicamente en los presupuestos. Se mide en horas perdidas, en dificultades para conciliar, en inseguridad, en dinero y en la paciencia de miles de personas que utilizan diariamente esta infraestructura.

No necesitamos una estación extraordinaria. Necesitamos una estación digna. Un aparcamiento suficiente, accesos adecuados y condiciones de seguridad acordes con un servicio público esencial para la movilidad de miles de personas. Y, sobre todo, necesitamos que las soluciones lleguen antes de que los problemas se conviertan en crónicos. Segovia tiene una estación de alta velocidad desde 2007. Lo que todavía no ha conseguido es que la planificación de sus infraestructuras avance a una velocidad parecida. Pero bueno, de Renfe, de la velocidad y de los retrasos ya hablamos en otro momento..

A mí, sinceramente, me daría cierto pudor.

¿A ustedes no les da vergüenza?
María Coco

María Coco Hernando

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