El presidente del Consejo de Colegios Profesionales de Farmacéuticos de Castilla y León (Concyl) y vicepresidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos de España, Jesús Aguilar Santamaría, hace balance de la situación por la que atraviesa el sector seis meses después de la entrada en vigor del Real Decreto Ley sobre precios de los medicamentos, uno más de los “16 recortes” que en los últimos años vienen “soportando”. A su juicio, “el sector está entrando en crisis por decreto” y más de un tercio de las farmacias de Castilla y León tiene comprometido su futuro, pero lo más grave, lamenta, es que la crisis está provocando que los responsables políticos dejen de mirar por el bien del paciente y conviertan la prestación “en una mercancía de curso legal”. Desde su punto de vista, la solución pasa por lograr una única voz en el seno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) y adaptar las reglas de juego a los nuevos tiempos, analizando que las fórmulas utilizadas hasta hoy en un nuevo escenario ya no tienen tanto sentido. En este punto, Aguilar tiene muy claro que lo que no se puede es romper la cohesión y la equidad del sistema: “Esto es básico y tenemos que mantenerlo”.

 

¿Cómo afronta el sector los recortes por decreto de los precios de los medicamentos por parte del Gobierno y con el acuerdo de las autonomías?

Siempre he dicho que el sector está entrando en crisis por decreto. Lo estamos afrontando como podemos. En Castilla y León, venimos arrastrando una crisis importante por el número de farmacias –somos después de Navarra la Comunidad con más oficinas por habitantes-; por la dispersión de las oficinas y la existencia de éstas en municipios muy pequeños. Todo esto está provocando un problema de viabilidad económico serio. Lo estamos notando ya y todavía no ha llegado lo más importante, que será en marzo, cuando entren en vigor los nuevos grupos de precios de referencia. Esto hará que el próximo año estemos en crecimiento negativo, será la primera vez en la historia de la farmacia española que se produzca un decrecimiento.

 

No es el primer recorte en los últimos años, ¿se está poniendo en entredicho la calidad del sistema?

Llevamos ya 16 recortes y, sí, estamos temiendo que pueda darse un problema de calidad del servicio. Todavía no ha ocurrido, pero lo estamos temiendo.

 

A tenor de la situación, ¿se puede temer un nuevo ‘medicamentazo’, como el que implantó el PP en 1997 o ya no existe campo?

Yo ya no temo nada. Si un paracetamol que tiene 20 comprimidos para 20 dolores de cabeza cuesta 68 céntimos, qué supondría un nuevo decretazo. Yo entiendo que la tendencia es hacia el coste cero… No sé a dónde vamos a llegar cuando veo me cuesta más una chuchería para mi hijo.

 

En el Congreso Nacional Farmacéutico se ha dicho que hasta un tercio de las oficinas de España tiene comprometida su viabilidad. ¿Cómo extrapola esta situación a Castilla y León?

La situación en Castilla y León es peor. El Consejo General de Colegios Farmacéuticos está preparando un estudio, con nombres y apellidos, en el que se van a visualizar todas las oficinas de farmacia del conjunto nacional que tienen estos problemas de viabilidad. Castilla y León, por propia estadística, tiene más de un tercio, por esa dispersión y por ser los segundos en farmacias por habitante. Tenemos 1.650 oficinas de farmacia, de las que el 70 por ciento se encuentran en el medio rural, con un 72 por ciento de empleo femenino. Hay 2.600 farmacéuticos y damos trabajo, de manera directa, a 4.500 personas, y con un empleo fijo y muy estable. Tenemos una farmacia por cada 1.570 habitantes y, de éstas, 600 farmacias están en municipios de menos de 900 habitantes. Todo esto está en la cuerda floja.

 

Debido a esta situación, ya se han dejado oír voces, por ejemplo en León, donde se pide eliminar las guardias nocturnas en la zona rural, ¿ve viable esta medida?

El Consejo de Colegios Profesionales de Farmacéuticos de Castilla y León está trabajando, codo con codo, con la Administración no para reducir o aumentar el servicio, sino para racionalizarlo. Confiamos en que el próximo año esté acabado este trabajo. Tenemos una Ley de Ordenación Farmacéutica y decretos que, de alguna manera, han tenido sus resultados hasta hoy, pero en estos momentos el marco está cambiando. Lo que tenemos que hacer es adaptarnos a esta nueva realidad y pensar en el futuro, en lo que estamos trabajando con la Consejería. La idea es estudiar el mapa autonómico: cómo están las carreteras, que no son las mimas que antes; cómo se encuentran los centros de salud y los ambulatorios, y ver dónde hay que ampliar, desplazar o adaptar el servicio farmacéutico. La solución pasa por estudiar el conjunto, que hasta hoy podía ser válido pero que con las nuevas infraestructuras ya no tiene tanto sentido como antes.

 

¿Qué medidas concretas proponen desde el Consejo?

Estas medidas hay que estudiarlas codo con codo con la Consejería de Sanidad, que es como venimos trabajando hasta el momento. Lo importante es mantener la prestación farmacéutica para la población, pero, igual, tenemos que ser todos más imaginativos a la hora de ver cómo se puede ofrecer para que el paciente no tenga menos derechos o menos cercanía que la que cuenta hasta ahora.

 

¿Se estaría garantizando la equidad del sistema, más en una Comunidad como Castilla y León caracterizada por la dispersión y el envejecimiento?

Esto es clave, sobre todo en una comunidad autónoma como Castilla y León. No podemos romper con esta reordenación la cohesión y la equidad del sistema. Esto es básico y sabemos que tenemos que mantenerlo.

 

La factura farmacéutica es un viejo lastre, ¿qué opina de fórmulas que están ideando autonomías como Galicia que quiere financiar sólo los medicamentos más baratos, o Andalucía, donde se estudia recurrir al sistema de subasta?

Supone romper la equidad y la cohesión del sistema sanitario. Las administraciones públicas deberían ser más respetuosas con la cohesión y la equidad, eso en primer lugar. De lo contrario, tendríamos ciudadanos de primera, segunda y tercera. Aspectos como la farmacia, la salud, la sanidad… son tan importantes que en las reuniones del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS) debiera existir una sola voz. Desde luego, lo que propone Andalucía rompe todo el sistema actual. ¿A qué estamos jugando, qué pasa que cada día se va a dar un medicamento distinto al paciente…? ¿Igual habría que preguntarse si estamos mirando por el bien del paciente o estamos convirtiendo la farmacia en una mercancía de curso legal? Los medicamentos son para aliviar o curar enfermedades, no para jugar con ellos. Evitan muchos ingresos hospitalarios, mejoran las condiciones del paciente y alargan su vida. Con esto no se puede jugar. Me parece más importante que un paciente tenga la medicación que tiene que tener sin problemas economicistas, que a un paciente le lleven a casa en taxi, que también se paga. Lo que hay que hacer es estudiar todo el sistema y ver dónde está el problema, que no pienso que esté en los medicamentos y en el apartado ambulatorio, sino en el hospitalario, con un peso del 70 por ciento y donde no deja de aumentar el gasto.

 

Lo cierto es que Andalucía y Galicia son sólo dos ejemplos. También Valencia anunciaba una fórmula similar a la factura a la sombra, Madrid creó las comisiones asesoras de farmacia…

Lo que no puede ser es que el paciente de cada comunidad autónoma tenga unos derechos diferentes. Estamos hablando de sanidad. No me cabe en la cabeza que este planteamiento no se lo hagan muchos de los dirigentes autonómicos.

 

De momento, en Castilla y León no se ha dado ningún paso en este sentido, ¿por qué?

La Consejería de Sanidad viene trabajando de forma silenciosa desde hace mucho tiempo en Castilla y León. Ha hecho sus deberes y la situación es mejor a la de otras autonomías. Hace tiempo que comenzó a implantar la prescripción de genéricos, que ha dado como resultado que el 33 por ciento de la dispensación se haga por principio activo. Qué ocurre, que en otras autonomías como Galicia no existe esta prescripción y el precio medio de la receta es muchísimo más elevado. Si Galicia no ha hecho sus deberes no lo pueden pagar con los pacientes.

 

¿Por dónde pasa la solución para contener el gasto?

Por sentar a todas las autonomías en el seno del Consejo Interterritorial y lograr alzar una única voz. Igual que se ha hecho con el decreto de bajada del precio de los medicamentos. Hay que marcar unas líneas comunes y estratégicas, por una parte, y, por otra, lograr que todas estas aportaciones al sistema sean finalistas. No podemos seguir consintiendo que el sistema de farmacia sea el que tenga que soportar todas estas bajadas para que encima no repercuta sobre el propio sector. Si seguimos así, llegaremos a cero. Entonces, qué hará la farmacia, la distribución…

 

Llevamos años escuchando que se va a implantar la dispensación por unidosis, reforzar el consumo de genéricos… Nada es nuevo, por qué no se hace.

Porque la solución no pasa por ahí. He estado mucho tiempo en la industria y no lo veo. Es muy sencillo: tenemos los pacientes crónicos –que son los que precisan de un tratamiento continuado- y los agudos –que lo necesitan en un momento concreto-. El mayor coste lo registra el primer grupo, por lo que no se entiende la unidosis. En el caso de los agudos, por lo general, se receta un antibiótico que viene en una caja con 28 ó 30 comprimidos, que son los que se tiene que tomar. Por otro lado, qué estamos hablando de que los analgésicos, que los antiinflamatorios se dispensen de uno en uno, cuando buena parte de la población los tiene como medicamentos de mesilla. Los medicamentos no están en formatos disparatados, por lo que me pregunto en qué consiste la unidosis. Luego, desde el punto de vista de la calidad, qué hacemos. La industria se gasta miles de millones para hacer las cosas con unos criterios y unas calidades, para luego meter los medicamentos en frascos, en sobres o en qué… Qué ahorramos, de verdad, qué ahorramos. No lo veo. Qué hacemos con una pomada. Se hicieron unas pruebas en Andalucía y fue un desastre. Además, igual hay que preguntarse por qué aumenta el gasto en la farmacia hospitalaria, y no lo hace en la ambulatoria. Igual es necesario mejorar los modelos de gestión en los hospitales. Recientemente, Extremadura ha salido con el céntimo sanitario. A mí no me parece tan mal, lo que no puede ser es tener cada día más servicios y de mejor calidad con menor dinero. Es que no somos coherentes, de verdad. Por una puerta autorizamos medicamentos que hay que ir con tarjeta de crédito a comprarlos, y por otra puerta estamos banalizándolos.

 

Las oficinas de farmacia siguen siendo punto de referencia para muchos pacientes que las anteponen al médico. ¿Cómo están abordando este esfuerzo?

Dos millones de personas entran cada día en las oficinas de farmacia. El ciudadano reconoce el papel que desarrolla su farmacéutico para el cuidado de su salud, al igual que lo hace, aunque con la boca pequeña, la Administración. Pero falta mucho por hacer. Falta una mayor concienciación por parte de la Administración del trabajo que realizan los farmacéuticos y del potencial que tenemos, y que hoy por hoy no está siendo utilizado. Me refiero al potencial de educación sanitaria, de seguimiento de los pacientes, del seguimiento del tratamiento, etc. Deberíamos estar más integrados en los centros de salud y formar parte de la colaboración con los sanitarios, porque en las farmacias se ven muchas cosas. Aún tenemos este handicap. Esto es sólo una parte, también podemos hablar de la educación en salud, de los hábitos de alimentación saludable, de las pruebas de metadona, de prevención de diversas enfermedades que se puede hacer desde la farmacia como la diabetes, el VIH, de tantas y tantas cosas.

 

Acaban de estrenar, dentro de la campaña ‘Tu farmacéutico te informa’, una centrada en el consumo de antibióticos. ¿Todavía hay que concienciar a la población sobre el riesgo que suponen?

Sí, aún es necesario. A esto es a lo que me refiero, al trabajo en la educación. Cuando una persona entra en la farmacia, antes de hacerlo, ya está viendo un cartel que dice: ‘No me pidas un antibiótico sin receta’. Esto queda. Hay muchas personas que necesitan estos conocimientos y que se repitan estos mensajes que son los que van quedando. Los niños también tienen que saberlo, para que en un futuro no nos tengamos que plantear campañas sobre el uso responsable de antibióticos, al igual que si las hacemos contra la obesidad infantil, por ejemplo. En este campo podemos desarrollar un papel muy importante.

 

¿Plantean una nueva campaña sobre la compra de medicamentos por internet, teniendo en cuenta que es una vía a la que cada vez recurren más ciudadanos?

Dentro de la programación prevista en la campaña ‘Tu farmacéutico te informa’ la celebraremos en marzo de 2012. Hasta entonces tenemos previsto, cada cuatro meses, otra sobre medicamentos genéricos, una centrada en medicamentos a base de plantas, y otra sobre medicamentos y conducción. En el caso concreto de la venta de medicamentos por internet hay que incidir mucho, sobre todo en aquellos medicamentos que al paciente le da reparo solicitar en la farmacia. Hay que decirlo muy claro, hay auténticos fraudes no económicos, sino contra la salud del paciente.