Al segoviano Ángel Galindo se le ve como un niño con zapatos nuevos. Desde que supo que era el elegido para suceder al frente del Rectorado de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) a Marceliano Arranz su cabeza no deja de dar vueltas a proyectos, retos y, sobre todo, a nombres; los de las personas que conformarán su equipo rectoral junto a los que habrá de hacer frente a los desafíos de tan alta responsabilidad./ ICAL

¿Se siente preparado para afrontar este reto?

La experiencia de mis 27 años en docencia unida a los años de gestión administrativa educativa en la Diócesis de Segovia son garantía suficiente para dar respuesta a los retos que pueda tener el Rectorado.

 

Su nombre lleva meses sonando, ¿Se imaginaba que la designación podría llegar?

En un principio no, pero a medida que el rumor iba creciendo me hice a la idea de que podían fijarse en mí, como así ha sucedido. Eso ha sido en las últimas semanas. Esa situación ha provocado que empezara a pensar en cómo se puede organizar la gestión, aunque no se puede perfilar con exactitud hasta que uno no toma posesión.

 

Desde que supo que era el elegido para el Rectorado, ¿en qué medidas ha pensado como prioritarias?

Esperaré a tener datos más concretos cuando tome posesión pero, por el conocimiento que me dan los años, debo seguir lo ya comenzado respecto a la aplicación del Plan de Bolonia, la formación y la calidad del PAS además de fomentar el intercambio y la comunicación con otras universidades, aspectos que, en definitiva, han de contribuir a que seamos competitivos.

 

¿Llega en un momento especialmente complicado al Rectorado teniendo en cuenta la situación económica o la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior?

Todas las etapas de la historia de la humanidad son complicadas y halagüeñas. Cada época tiene sus retos y preocupaciones. El Plan de Bolonia, el ámbito social de la globalización y la crisis hacen que surjan problemas concretos a los que la Universidad debe dar solución, pero de aquí a medio año surgirán nuevas preocupaciones a las que la institución también habrá de dar respuesta. La Universidad, al igual que la sociedad, está en continuo cambio.

 

¿Qué resaltaría como positivo del Plan de Bolonia?

El Plan de Bolonia aplicado a Europa tiene bastantes cosas positivas. Surge ya en el siglo XIII. Santo Tomás de Aquino recibía títulos en París que servían para impartir docencia en otros lugares de Europa. Con ese ejemplo quiero resaltar que el Plan, en el caso europeo, ha de servir para aportar aquello que es propio del continente a otros países y continentes. Tiene mucho que aportar como la interrelación entre universidades o la presencia de la Universidad, una institución social con su autonomía y su independencia, en la sociedad europea.

Una de las prioridades que me marco en relación con Bolonia es la formación del profesorado, que es muy digno. Además, también tiene en cuenta al personal no docente (PAS) que también forma parte de la institución. Con un PAS mejor cualificado tendrá la Universidad más posibilidades de ganar presencia.

 

Quienes le conocen destacan de usted tanto su erudición como su carácter dialogante, ¿son sus principales virtudes?

Espero que haya alguna más (sonríe). Soy una persona abierta al diálogo y la escucha. Las personas con nombres y apellidos suponen el centro de mi personalidad y del objetivo de mi especialidad, la Teología. La Universidad Pontifica de Salamanca tiene muy en cuenta a la persona, que es el principal elemento a la hora de hacer propuestas científicas y de investigación.

 

¿Potenciará el Vicerrectorado de Investigación como motor del futuro desarrollo de la UPSA?

En mi mente hay ideas en ese sentido aunque aún no he tenido tiempo para precisarlas, aunque se le dará gran importancia a la tarea de investigación.

 

¿Qué cartel tiene la Universidad Pontificia en el resto del mundo?

Esta Universidad tiene un gran arraigo y tradición en Latinoamérica y África. En Latinoamérica a la UPSA se la escucha y se la admira.

 

¿Podrá compatibilizar el Rectorado con el Decanato de Teología?

Teóricamente se puede pero no es bueno acumular cargos en una misma persona. Además, en la facultad de Teología hay un profesorado muy digno para llevar adelante la tarea. Lo cierto es que tenía una gran ilusión y proyectos para la facultad en este nuevo estadio de la sociedad española y de la teología con la aparición del nuevo Papa y de las propuestas que nacen de su pensamiento.

 

¿Le da pena teniendo en cuenta que, según reconoce, su pasión es la enseñanza?

Me da pena porque debo dejar bastantes horas de enseñanza. Conservaré algunas porque para un docente con vocación como yo no es bueno romper con ello. Aunque, si con el paso del tiempo las tareas del Rectorado lo exigen, habría que replantearse la cuestión.

 

Marceliano Arranz fue categórico al hacer público su rechazo a la nueva Universidad On Line de la región nacida hace unos meses, ¿Cuál es su opinión al respecto?

El proyecto de una enseñanza únicamente on line tiene bastantes deficiencias. Entiendo que la Universidad on line no será así de forma exclusiva y que tendrá elementos presenciales sobre todo en el ámbito de la gestión.

 

¿Pasa el futuro de la UPSA por reforzar ese tipo de enseñanza virtual?

Es algo que tengo en mente. En algunas materias, sobre todo en el ámbito de la relación con Latinoamérica y otros países, se podría formular un replanteamiento en ese aspecto.

 

Desde algunos ámbitos de la institución existe la sensación de que el apego de esta a sus raíces eclesiásticas frena el desarrollo de algunas facultades, ¿es consciente de esa inquietud?

Desde dentro no he tenido esa sensación porque la universalidad de saberes siempre ha sido una de las propuestas cristianas más señeras que se ha respetado. Si alguien ha apostado por la universalidad de saberes es la iglesia católica que propuso en el siglo XIII diversos saberes en varios ámbitos.

Las universidades eclesiásticas promoverán esa universalidad porque creen en el hombre y este no está formado sólo por la dimensión religiosa. Esa universalidad es una de las propuestas más ricas de la iglesia a la sociedad.

 

Algunos docentes opinan que los jóvenes llegan cada vez peor preparados a las aulas universitarias, ¿está de acuerdo con ellos?

Cada edad es fruto de su época. Los jóvenes acuden hoy a la universidad con unos conocimientos concretos basados fundamentalmente en las nuevas tecnologías y en los nuevos procesos de comunicación. Son muy importantes. Han perdido otro tipo de saberes más memorísticos, muy propios de la tradición y unas propuestas más formales en el campo de la enseñanza pero no quiere decir que tengan ahora menos formación sino otra diferente. La universidad debe hacer el esfuerzo de saber descubrir las facultades y capacidades de los nuevos alumnos que acceden a la institución para acomodar los instrumentos educativos de esas nuevas propuestas.

 

A lo largo de su carrera, ha demostrado ser un firme defensor de dar mayor impulso al conocimiento de la ciencia teológica, ¿no es suficiente en nuestro país el papel que a ese respecto ejerce la Universidad Pontificia junto a otras como las de Comillas, Navarra o Deusto?

Soy partidario de potenciar la actividad teológica pero no a costa de las otras. Debe hacerse dentro del marco de los saberes, al igual que otras enseñanzas como la de la salud, o la informática, por poner dos ejemplos. Creo que la sociedad española necesita conocer en qué consiste la religión y la teología. Hay una gran ignorancia religiosa y una de las aportaciones que se podría hacer junto a otras universidades estatales es la de ofrecer lugares de aprendizaje del hecho religioso, no sólo del cristiano. Ese hecho está presente en la sociedad, hoy se cree tanto o más que antes; hay muchas creencias pero no conocemos en qué consisten y por eso no nos podemos tratar bien unos a otros sin saber lo que el otro cree. Es necesario potenciar la enseñanza teológica desde el ámbito científico en todas las universidades.

 

Ante un panorama laboral como el actual ¿teme que empiece a dejarse de lado la formación universitaria al no verle salidas o, por el contrario, es de los que creen que saldrá reforzada ante la necesidad de estar mejor formados para lograr un empleo?

Estamos en una sociedad donde la economía se reparte, se consigue y se aporta no sólo a través de la preparación universitaria. Es muy competitiva y eminentemente economicista pero creo que, por desgracia, están perdiendo valor las profesiones que nacen del ámbito universitario en esta sociedad económicamente competitiva. Hoy puede acceder uno a un trabajo muy digno con un gran sueldo sin necesidad de ir a la universidad. Eso es negativo y la institución debe luchar y esforzarse para que todo tipo de profesión pueda tener un nivel alto de conocimiento y de formación intelectual.

 

¿Cómo vivió la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud?

En gran parte ante la pantalla de la televisión y con la oreja pegada a la radio. También vi emisoras de fuera de España para tener un conocimiento más general porque tengo presente que había gran cantidad de jóvenes de todo el mundo pendientes de lo que sucedía aquí y no sólo durante la estancia del Papa sino también en los días previos en los que se hicieron actividades diversas. Han sido unas jornadas ricas. Lo viví con un gran interés porque veía en ello un acontecimiento bueno para la sociedad española.

 

¿Y qué le pareció la polémica surgida con un sector laico de la sociedad?

Me dio mucha pena sobre todo por los signos. Vi alguno que me causó auténtica pena por la intolerancia demostrada por algunos grupos que no sé identificar. España no es intolerante. Desde otras emisoras internacionales, hemos dado una imagen muy pobre y España no es así. Debemos respetar mucho más las otras formas de creer y de pensar. La imagen que se ha dado al mundo ha sido muy negativa para los españoles y no precisamente para los católicos sino para otros grupos que también tienen que aportar cosas a la sociedad española pero desde la democracia, no desde la intolerancia.

 

¿Es España uno de esos países europeos en los que, a su juicio, se está tendiendo a anular la religión católica?

Esa tendencia la identificaría más con algunos grupos económicos e ideológicos del ámbito europeo. Una tradición desfasada del siglo XVIII que no supo acoger la ilustración y la orientó desde el ámbito economicista y ese grupo, también presente en España, no tiene interés por las propuestas de gratuidad que emanan del ámbito religioso y más concretamente del católico.

 

Usted considera que cada individuo y cada familia puede reorientar personalmente la sociedad si se pone de acuerdo con los demás porque, afirma, una sociedad vertical puede hacer mucho mal. Bajo esa premisa ¿cómo ve el movimiento de los llamados ‘indignados’?, ¿los considera herederos morales de los universitarios de los 60?

Entiendo que la sociedad no está formada por el Estado, que es una institución más dentro de ella. Hay otras muchas que tienen su autonomía e independencia y no deben ser esclavas del Estado como la familia, la universidad, una ONG o un equipo de fútbol. Hay innumerables instituciones que pueden valerse por si mismas y el Estado ha de ser subsidiario. El grupo de indignados ocupa un lugar dentro de la sociedad y debe aportar cosas positivas pero no los veo herederos de lo sucedido en los 60 y mucho menos lo que vivimos los españoles. En los 60 había elementos comunes en Europa pero otros propios de la sociedad española en aquel contexto. Quien hizo la transición y estaba detrás de las revoluciones fue la iglesia y en concreto la Universidad Pontificia. Era una propuesta de cambio ante una situación dictatorial con la que no estábamos de acuerdo pero hoy estamos en una situación democrática, de ahí que no los vea como herederos de aquella situación.

 

Colabora activamente con Cáritas, ¿Vive preocupado por el aumento exponencial de necesidades sociales entre las familias españolas debido a la coyuntura económica actual?

Mi presencia en Cáritas y otras ONG o las reflexiones que he escrito sobre el voluntariado y la sociedad activa me hacen preocuparme de las necesidades pero no únicamente de forma asistencial. No sólo se encuentran soluciones dando el pez sino también enseñando a pescar. La preocupación que tengo desde mi reflexión sobre las necesidades del ser humano va más allá para buscar una solución creativa y creadora de nuevos puestos de trabajo para evitar lo sucedido.