Castillo de Pedraza Img/JBerrosi-Wikipedia

En la tranquila villa medieval de Pedraza, conocida hoy por su belleza y su ambiente histórico, se esconde un episodio poco conocido de la historia europea. El Castillo de Pedraza no solo fue una fortaleza defensiva, sino también escenario de un cautiverio real: el de dos príncipes franceses.

Se trata de los hijos del rey Francisco I de Francia: el delfín Francisco de Francia y su hermano menor, el futuro Enrique II de Francia. Ambos llegaron a Castilla en el contexto de uno de los conflictos más decisivos del Renacimiento europeo, tras la derrota francesa en la Batalla de Pavía.

Aquel enfrentamiento, en el que el monarca francés fue capturado por las tropas del emperador Carlos V, obligó a negociar su liberación. El resultado fue el Tratado de Madrid, un acuerdo por el cual Francisco I recuperaba la libertad a cambio de importantes concesiones… y de entregar a sus propios hijos como rehenes.

Así, los jóvenes príncipes fueron trasladados a territorio castellano y acabaron recluidos en el castillo de Pedraza, donde permanecieron durante aproximadamente dos años. Así, entre los muros de esta fortaleza segoviana vivieron una infancia marcada por la incertidumbre política y el peso de las decisiones de su padre. Se cuenta que vivieron con un séquito reducido y sufrieron las duras condiciones de la época, a pesar de ser de sangre real.

El cautiverio no se prolongó indefinidamente. En 1530, la situación se resolvió con la firma de la Paz de las Damas, un acuerdo diplomático que puso fin al conflicto entre las dos potencias. Gracias a este pacto, los príncipes fueron liberados y pudieron regresar a Francia.

Con el paso del tiempo, uno de ellos, Enrique, acabaría ascendiendo al trono como rey, mientras que su paso por Pedraza quedaría como una curiosa anécdota histórica, apenas conocida fuera del ámbito local.

Hoy, el castillo sigue en pie como uno de los principales atractivos turísticos de la provincia de Segovia. Sus muros, silenciosos testigos del pasado, guardan historias que van mucho más allá de lo que aparentan a simple vista. Entre ellas, la de aquellos dos niños convertidos en piezas clave de la diplomacia europea del siglo XVI.

El Castillo de Pedraza, entre grandes hechos históricos y leyendas

Hoy, el castillo sigue en pie como uno de los principales atractivos turísticos de la provincia de Segovia. Sus muros, silenciosos testigos del pasado, guardan historias que van mucho más allá de lo que aparentan a simple vista.

Pedraza "estrena" su castillo
Castillo de Pedraza Img/Ical

Sus orígenes se remontan al siglo XIII, aunque su aspecto actual es fruto de sucesivas reformas. En el siglo XV fue reconstruido por García Herrera, y poco después, ya en el siglo XVI, los poderosos Duques de Frías introdujeron importantes mejoras defensivas. A ellos se debe el gran muro adosado a la torre del homenaje y la incorporación de elementos militares avanzados para la época, como cañoneras y un puente levadizo, hoy desaparecido.

Desde el punto de vista arquitectónico, el castillo impresiona por su solidez. Cuenta con una imponente torre del homenaje, foso y una ubicación estratégica que lo hace prácticamente inexpugnable: gran parte de su perímetro está protegido por un abrupto precipicio natural.

Pero el paso del tiempo llevó al castillo a un periodo de decadencia hasta que, en 1926, encontró un inesperado salvador en el pintor Ignacio Zuloaga. El artista adquirió la fortaleza y emprendió una profunda restauración, convirtiéndola además en su taller. Hoy, parte de su legado artístico puede visitarse en el propio castillo, adaptado por sus herederos como espacio expositivo.

Más recientemente, en 2024, el castillo volvió a acaparar titulares al ser adquirido por los actores Santiago Segura y José Mota, junto al productor Luis Álvarez. La compra, realizada a través de la sociedad Teatrópolis, busca impulsar su uso como espacio cultural y abrir aún más este enclave histórico al público.

Sin embargo, no todo en Pedraza es historia documentada. El castillo también tiene su propia leyenda. Cuenta la tradición que, en el siglo XIII, dos jóvenes enamorados, Elvira y Roberto, protagonizaron un trágico episodio de amor y celos. El conde, esposo de Elvira, mandó ejecutar al joven de forma cruel, colocando sobre su cabeza una corona de metal incandescente. Poco después, ella se quitó la vida. Desde entonces, algunos visitantes aseguran haber visto, en determinadas noches, dos figuras espectrales recorriendo el castillo, con halos de fuego sobre sus cabezas.

Imagen principal: por Jberrosl – Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=50808071