Me van a perdonar mi insistencia en denunciar la intima relación de los embates contra los avances sociales, logrados con tanto sudor y esfuerzo, desatados por el gobierno del Partido Popular, con el denostado catolicismo franquista o nacional-catolicismo.

Creo que no es ocioso incitar a los más jóvenes, nacidos bajo la Constitución del 78, al estudio de esa siniestra etapa de nuestro pasado reciente en la que el “caudillo” entraba bajo palio en las catedrales, escoltado por los jerarcas de la iglesia católica que apoyaron el golpe de estado contra la Republica y posteriormente los crímenes de la represión franquista. Esa época en que la Sección Femenina de la Falange Española era quien decidía cual era el papel de la mujer en la sociedad y ordenaba su sometimiento absoluto al marido, que se encargaba de engendrar sin tasa. Solo con revisar los documentales de la propaganda política del Régimen, que seguramente, ahora, les parecerán grotescos, como lo son los referidos a Hitler, Mussolini o Stalin si no fuera por el terrible daño que causaron a la humanidad, se pueden hacer una idea de la irracionalidad y el fanatismo de esas ideologías totalitarias.

No es ocioso porque cada vez es mas evidente la voluntad del gobierno del Partido Popular de recuperar esas esencias del catolicismo franquista, de la mano del sector mas reaccionario de la jerarquía eclesiástica, que aun se cimenta en su tradición inquisitorial.

Históricamente la religión y el poder político han ido de la mano a la hora de manipular a los ciudadanos en beneficio propio. Por eso hay esa resistencia a cumplir la Constitución en cuanto a la laicidad del Estado y ese afán por fomentar el mantenimiento de tradiciones basadas en la tergiversación de la historia y en flagrantes e infantiles supersticiones. Lamentablemente, no solo la derecha, sino que también el PSOE ha utilizado esta estrategia, aunque ahora pretenda convencernos de su arrepentimiento.

Al Partido Popular lo que realmente le interesa es mantener los privilegios de las clases más poderosas económicamente, a las que muchos de sus militantes se han incorporado a través de la corrupción política, y se esfuerza en que a ellas no les afecten los recortes, en servicios sociales y laborales, que aplica a las clases medias y más pobres. Pero, ojo, que estas ultimas son muy numerosas y suponen muchos votos electorales y aquí es donde el PP decide recurrir a la ayuda de esa jerarquía eclesiástica fundamentalista, que aun maneja a la Iglesia católica española, para que pida resignación a los desfavorecidos y comprensión para con los pobrecitos millonarios: lo que dicen que predicaba Jesucristo… A cambio, esos jerarcas eclesiásticos exigen la vuelta de su doctrina y la eliminación de la educación ciudadana laica en los centros educativos públicos, además de mayores beneficios económicos para los privados y concertados. La pela es la pela…

Y, como no, habrá que volver a poner a la mujer, ese ser maligno, ese oscuro objeto de deseo que siempre les ha obsesionado, cuando no tienen a mano menores de quien ocuparse, en el lugar que le corresponde.

El derecho al voto ya no podemos quitárselo, pero ¿que tal si dejamos en manos del cardenal Rouco Varela y del ministro Ruiz Gallardon, por ejemplo, que decidan por ellas cuando pueden, o no, interrumpir un embarazo no deseado? Estupenda idea, no es lo que recomendaba la Sección Femenina franquista pero algo es algo.

Y Gallardón, que se ha destapado como uno de los más retrógrados ministros del PP, encantado, si alguien de su familia decide abortar ya se las apañara, como antiguamente, haciéndolo de tapadillo. Antes de permitirse el divorcio en España, no había problema para que el Vaticano anulase un matrimonio, previo pago de un sabroso estipendio al alcance de cualquier pudiente. Después, quienes se oponían a su aprobación, hacían cola para divorciarse. La hipocresía es una característica fundamental de los reaccionarios

La Iglesia nunca se ha distinguido por su rigor científico. Cuantos siglos se necesitaron para que admitiese que la tierra giraba alrededor del sol, o que la sangre circulaba por nuestras venas como un fluido mas del cuerpo humano, o la evolución de las especies y cuantas vidas ha costado su ignorancia y cerrilismo; no nos va a extrañar que, una vez mas, intente utilizar erróneos argumentos seudo científicos para pretender impedir que las mujeres decidan sobre su cuerpo embarazado.

Pero lo que no admito, es que ningún jerarca, sea obispo o cardenal, nos califique de criminales a quienes disentimos de su opinión sobre la interrupción del embarazo cuando lo decide la mujer encinta y mucho menos si el calificativo viene de quienes han aceptado a regañadientes la supresión de la pena de muerte y continúan justificando los crímenes cometidos durante el franquismo. Nosotros seguiremos defendiendo las libertades fundamentales para todos, incluidas las mujeres.