Algo sí que podemos celebrar

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Hay veces en las que todos compartimos un mismo dolor. Hay momentos en los que no sabes si seguir mirando las imágenes del desastre o apartar la mirada para no sufrir más angustia. Durante dos días, Segovia entera tuvo la vista puesta en el incendio que comenzó en Brieva y terminó extendiéndose por el valle del Pirón.

Resulta difícil explicar lo que se siente al ver cómo el fuego avanza sobre lugares que forman parte de tu memoria. Caminos por los que has paseado, montes que conoces desde niña, pueblos en los que viven amigos, familiares o simplemente personas a las que saludas cada verano. Y, de repente, las llamas. Ver cómo los vecinos tienen que abandonar sus casas con una maleta improvisada, sin saber si volverán a encontrarlas en pie… No podemos decir que sufrimos como quienes han tenido que marcharse de sus hogares. Su dolor es infinitamente mayor. Pero sí que lo compartimos. Porque en una provincia como Segovia, las alegrías suelen celebrarse entre todos y lo mismo ocurre para las tragedias: acaban siendo compartidas. Estos días os hemos tenido muy presentes.

En Segoviaudaz hemos intentado contar lo que estaba ocurriendo con la mayor cercanía, sensibilidad y rigor posibles. Hasta donde nos han permitido nuestros recursos y las restricciones necesarias para garantizar la seguridad del operativo. Pero esta cobertura no habría sido posible sin decenas de personas que decidieron compartir con nosotros lo que estaban viviendo.

Gracias a quienes enviaron fotografías cuando el humo inundaba el horizonte. Gracias a quienes grabaron vídeos para enseñar lo que estaba ocurriendo. Gracias a esos «informadores» que nos han contado cómo evacuaron su pueblo o nos ayudaron a contrastar entre la oleada de información. A veces los periodistas olvidamos que nuestro trabajo empieza precisamente ahí: en las personas. Son ellas quienes protagonizan las historias y quienes nos permiten contarlas.

También merecen un agradecimiento quienes estos días han combatido el incendio sobre el terreno. Bomberos forestales, agentes medioambientales, brigadas helitransportadas, personal de emergencias, Guardia Civil, Protección Civil y tantos otros profesionales que han trabajado durante horas para proteger viviendas y evitar que el fuego siguiera avanzando.

Pero, junto a ellos, ha habido otro operativo silencioso. Vecinos que ofrecían agua y comida a las cuadrillas. Ganaderos que conocían cada camino y guiaban a los equipos hasta los focos más complicados. Hombres y mujeres de campo que ofrecían sus tractores para abrir cortafuegos. Ayuntamientos que abrieron centros municipales para acoger a los desalojados. Personas que pusieron su vehículo a disposición de quien lo necesitara o que simplemente preguntaban qué hacía falta para ayudar. Es imposible escuchar estos días los testimonios de quienes estuvieron allí sin llegar siempre a la misma conclusión: el pueblo por y para el pueblo.

Tuve la suerte de comprobarlo muy de cerca en Basardilla. Desde allí seguí el lunes con el corazón encogido la evolución del incendio. Es un pueblo que forma parte de mi vida desde que era pequeña, al que están ligados parte de mis apellidos y muchas de las personas que más quiero. Me llenó de orgullo ver a los vecinos de Basardilla movilizándose para entregar botellas de agua y bolsas con alimento a los equipos de extinción.

Hoy los paisajes del valle del Pirón lucen más negros, pero un poco más orgullosos, porque han vivido algo que merece la pena conservar: una comunidad capaz de organizarse cuando todo arde.

Pero, aunque en Segovia este incendio ha ocupado gran parte de la atención mediática, no podemos olvidar que en otros puntos de España miles de hectáreas y decenas de hogares están siendo devoradas por las llamas. Tenemos que mirar y preocuparnos por lo cercano, sí, pero también tenemos que enviar un mensaje de solidaridad a todos aquellos que están padeciendo momentos de gran angustia y tensión. Porque, lo que está claro es que uno no sabe cuándo puede tocarle. El fuego llega muchas veces sin avisar, sin llamar a la puerta. Simplemente la devora.

Ahora toca aprender. Expertos en materia ambiental y en prevención de incendios llevan años lanzando señales de aviso. El cambio climático está haciendo que los fuegos cada vez sean más destructivos y más difíciles de controlar. Pero en nuestra mano está hacer todo lo posible para que el incendio no se produzca: gestión forestal, limpieza del monte, concienciación de la población, inversión en más medios de prevención… Pero, también, cuidar a los que cuidan de nosotros. Ignorar las demandas de quienes tienen que luchar contra las llamas es un error que no nos podemos permitir.

Ánimo a quienes tienen que empezar de cero. Ánimo a quienes el recuerdo de ver el fuego acercándose a sus casa aún les causa conmoción. Ánimo a quienes fuera de la provincia tienen que vivir momentos tan trágicos como estos.

Ojalá dentro de unos años recordemos este incendio no solo por las hectáreas que arrasó, sino también por la solidaridad que despertó. Quizá, sea esa la única buena noticia que nos deja esta tragedia.

Noelia Garrido Noelia Garrido

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