Son muchos los jóvenes de Castilla y Léon que se embarcan en la aventura de labrarse un futuro a miles de kilómetros de su tierra. Algunos han decidido cruzar el charco viajando a Australia, un país propicio para dar un salto cualitativo en el plano académico y laboral, y en el cual disfrutar además de un clima privilegiado. A ello ha contribuido la creación de empresas, una de ellas fundada por un emprendedor abulense en 2008, que colaboran con instituciones educativas australianas dando un servicio integral que incluye viajes, cursos de inglés, asesoramiento para lograr un visado de estudiante y búsqueda de empleo.

Dos leonesas y un palentino que cuentan ya con varios meses de estancia en Oceanía, un vallisoletano a punto de emprender su periplo en las antípodas, una palentina con éxito profesional en su vuelta a España, junto a un filólogo abulense que fundó la empresa Go Study Australia, narran a la agencia Ical sus inquietudes y experiencias laborales y personales en la diáspora.

La emigración temprana no le es ajena a Cristina Alonso García, de 24 años y natural de Villablino (León). Tras concluir en 2010 la diplomatura de Turismo en la Universidad de Alicante, Londres fue su primer destino durante siete meses y seguidamente trabajó un año en Amsterdam (Holanda) para volver luego a su “amada patria”. Un año en casa le bastó para ver que “no había futuro”, apunta, y, por ello, pensó en buscar alternativas y surgió el poder viajar a Australia.

“Estoy estudiando ‘Business’ (inglés de negocios), ya que mi nivel de idioma es bastante bueno”, afirma. El vuelo, el visado, el curso de siete meses y un seguro médico sumaron un gasto de 3.000 euros. “Merece la pena hacer esta inversión y hay que llevar ahorrillos suficientes hasta tener empleo al ser un país muy caro”, sostiene. Asegura estar pasando el mejor tiempo de su vida entre “sol, playa, surf, gente nueva y maravillosa, y viajes, pero sin olvidar el trabajo como camarera”, además de señalar que en el ámbito laboral es preciso “ser muy constante”.

“Está claro que en los inicios no encuentras el empleo de tu vida pero los salarios medios por hora son el triple que en España”, expone. Cristina asegura que con varios españoles en la soleada Gold Coast (Costa de Oro) forma un clan, “ya que la tierra siempre tira”, aunque también afirma que cuenta con amigos australianos junto a otros tantos de Corea, Brasil, Italia, Chile, Canadá e Inglaterra.

 

Ganas de trabajar

Desde su Ponferrada natal Tania Estanga Gómez, de 26 años, inició en octubre de 2013 su experiencia en la ciudad de Brisbane. “Emigrar a Australia no es como hacerlo a Europa, ya que requiere muchísima ilusión, dinero ahorrado, ganas de trabajar y el apoyo de la familia”, indica. Para ello obtuvo la visa de estudiante al contratar un curso de inglés que, como mínimo, suele durar tres meses.

“Ya estaba en mis planes vivir un tiempo en el extranjero y la posibilidad de hacerlo en Australia se cruzó en mi camino. Vine con un nivel de inglés medio-alto y eso me facilitó bastante la búsqueda de empleo. La visa estudiantil permite trabajar 20 horas a la semana y principalmente en puestos no cualificados pero, eso sí, bastante bien pagados”, concreta.

Tania logró emplearse como limpiadora en un apartahotel y tardó pocas semanas en hacerlo y consolidarlo, pero aplicando para ello muchas dosis de paciencia. “Si realmente quieres trabajar lo haces y las perspectivas de futuro están en la ambición y en las posibilidades de cada uno”, manifiesta. De momento, no se plantea volver a vivir a España. “Cuesta mucho hacerse un hueco y lograr el estilo de vida que buscas en Australia, pero para mí la recompensa merece la pena”, arguye.

 

País de oportunidades 

Otro joven con ganas de aventura, Aitor Llandres García, de 26 años y “de Palencia (con P)”, según explica -por el número de veces que ha tenido que aclarar de dónde procedía en Australia- estudió antes de emigrar Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en León y un máster en Formación del Profesorado. Al ver la imposibilidad de trabajar en su tierra vivió en Inglaterra un año con un nivel de inglés básico. “Volví a España y vi que la situación seguía incluso peor y decidí cambiar de aires”, apunta, al tiempo que asegura que eligió Gold Coast ya que dos amigos vivieron en esa zona australiana y se la recomendaron.

Aitor llegó solo y con un nivel de inglés bastante avanzado, por lo que encontró trabajo de camarero en un restaurante italiano en menos de tres semanas. “Además de mi desempeño laboral en la hostelería imparto dos horas de yoga semanales ya que mi padre es maestro de esta disciplina. También he sido árbitro de fútbol en una liga amateur después de que en España ya hubiera arbitrado en Primera Regional de Aficionados”, relata.

A su vez, reconoce que no le va nada mal en su estancia en las antípodas al vivir en un apartamento junto a la playa con piscina, jacuzzi, y pista de tenis. “Con el salario que recibo pago todo e incluso ahorro algo para poder viajar. Creo que hay que catalogar a Australia como el país de las oportunidades y del alto nivel de vida”, enfatiza.

Con la maleta preparada

Unos ya son veteranos en el arte de vivir una experiencia estudiantil y laboral que puede abrir las puertas de un futuro más claro del que tenían en su país, y otros ya están con la maleta preparada como le ocurre a José Paíno, de 27 años y natural de Valladolid. Tras más de cuatro años como director de Arte en McCann WorldGroup en Madrid -una agencia de publicidad internacional donde se hizo un hueco laboral tras ganar un concurso creativo- decidió pedir una excedencia por estudios y así darle un espaldarazo definitivo a su inglés.

“Sé que sólo lo voy a controlar un idioma clave a la perfección si paso una larga temporada en un país angloparlante. Una buena parte de mis ingresos trabajando cuatro años los he ido guardando para poder conseguir el objetivo de ir a Australia. Ahora aparecen un montón de inseguridades que creo se disiparán en cuanto pise el país”, dice.

José entiende, igualmente, que la realidad económica y laboral en España es tan compleja actualmente que hacer cualquier movimiento que no sea el de continuar manteniendo un trabajo “parece un suicidio”. Pero, pese a ello, ve “muy positivo” el poder probar una nueva experiencia en Australia.

Aunque su objetivo primordial se centra en mejorar ostensiblemente su inglés, cuenta con poder encontrar algún trabajo de media jornada que le permita mantenerse en el país y a la vez poder viajar. “Es difícil conseguir algo de lo estudiado en Publicidad, pero he enviado varios currículos que espero empiecen a dar fruto lo antes posible al otro lado del mundo”, asevera.

De vuelta y con éxito

La historia laboral de ocho meses de la joven palentina Saray Arroyo ha continuado de forma positiva tras haber emigrado a Australia y ahora regresado a su país. De 30 años, se licenció en Ciencias de la Información, Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad Europea Miguel de Cervantes, de Valladolid. Tras sus primeras experiencias laborales en Madrid dejó todo -un trabajo que le encantaba en una agencia digital de El Corte Inglés, su familia y amigos- para embarcarse en una aventura totalmente nueva y diferente. 

Su trabajo, contratada desde España, se centró en la zona costera de Byron Bay en gestionar inicialmente el marketing de la empresa ‘Aussie you too’ para ayudar a los estudiantes a obtener el visado, encontrar alojamiento y escuela de inglés, abrir una cuenta bancaria, comprar una tarjeta del teléfono o buscar trabajo.

“Al mes de volver se pusieron en contacto conmigo para realizarme varias entrevistas de trabajo”, afirma satisfecha citando a la agencia de publicidad Dommo Companys, Adtiviti. Marketing Samsung España, Consultora de Comunicación Cohn & Wolfe y Go Study Australia Spain. “En mi inesperado regreso por un problema familiar a varias empresas españolas les parecía muy interesante mi experiencia profesional, apoyada en el trabajado desarrollado en Australia”, expone. 

Para la palentina -con un dilatado bagaje profesional en publicidad, marketing, comunicación corporativa y redes sociales- cada vez son más los jóvenes que se deciden a probar suerte en Australia, apoyados en sus ganas de formarse y aprender inglés. “Además quieren vivir una experiencia única, surfear, skatear, viajar y disfrutar del buen clima. Sobre todo, se trata de un sitio en el que la gente no habla de crisis todo el día y sonríe mucho”, concluye Saray.

 

Emprender en Australia

El caso de Juan Carlos Martín, de 46 años y fundador y mánager de Go Study Australia Spain en 2008, resume el por qué de la aventura de muchos españoles en un continente tan lejano. Nacido en la localidad abulense de Becedas, limítrofe con Salamanca y muy cercana a Candelario, este filólogo cuenta con una amplia experiencia dedicada a la educación internacional y la consultoría, primero en Estados Unidos, luego en Reino Unido y Australia y, finalmente, en España.

“Colaboramos con más de 200 instituciones educativas australianas que son quienes pagan nuestros servicios en función de los alumnos que acuden a sus centros de enseñanza”, apunta. El emprendedor recuerda que su éxodo estaba fijado inicialmente en un año, pero regresó a los ocho meses a España tras abrir una primera oficina de Go Study en Australia. La segunda se inauguró en Barcelona, “que siempre es una buena puerta de acceso en experiencias innovadoras dentro del campo educativo”, explica. Con posterioridad, las oficinas se ampliaron a Madrid y Valencia.

El mánager de esta empresa afirma que en España, anualmente, son en torno a 200.000 los estudiantes universitarios y postuniversitarios los que salen al extranjero y cada vez son más los jóvenes que se deciden a probar suerte en Australia para seguir formándose y ser competitivos. “En nuestro país, los jóvenes reciben una muy buena cualificación en carreras técnicas, ingenierías, medicina o salud, pero el tema del idioma sigue siendo una asignatura pendiente donde no remontamos, lo que es una tristeza. Por ello, nuestra empresa se encarga de ayudar, asesorar y ver cuáles son las mejores opciones académicas y laborales a lo largo y ancho del país”, finaliza.

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