Mónica González Inés: «Hemos normalizado la autoexigencia y el agotamiento hasta convertirlos casi en una forma de identidad»

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La escritora segoviana Mónica González Inés debuta en el panorama literario con El aire quema, una novela publicada por Ediciones Destino que pone el foco en el agotamiento emocional y la presión constante por rendir en una sociedad que parece no permitir el descanso. A través de la historia de Lúa Cruz, una protagonista brillante, exigente y llena de contradicciones, la autora explora temas como la autoexigencia, la culpa, la dificultad de desconectar y el peso de mantener una apariencia de perfección.

En esta entrevista, la autora reflexiona sobre el proceso de escritura de su primera novela, el vértigo de su publicación, la huella de Segovia en su forma de mirar el mundo y la emoción de presentar el libro por primera vez en casa, en la Librería Diagonal, concretamente el 28 de mayo.

Pregunta: ¿Cuándo empezaste a escribir El aire quema?

Respuesta: Empecé a escribir la novela hace algo más de tres años, cuando me di cuenta de que muchas personas compartíamos el mismo agotamiento vital, aunque casi nadie lo nombraba. Quería escribir sobre esa presión silenciosa que hemos normalizado: la idea de que, si no estás al límite, no estás haciéndolo bien. Esa sensación que nadie cuestiona de que aunque hagas mil cosas al día, al llegar la noche sientes que no has hecho suficiente.

P: Publicar una primera novela con Ediciones Destino no es algo habitual. ¿Cómo estás viviendo estas semanas previas al lanzamiento?

R: Con mucha ilusión y también con un poco de vértigo. Durante mucho tiempo una novela existe solo en tu cabeza y en tu rutina más íntima. Ahora empieza a salir al mundo y a encontrarse con sus lectores. Intento vivirlo con calma y agradecer todo lo que está pasando.

P: ¿En qué momento sentiste que El aire quema podía convertirse en un libro “real” y no solo en un proyecto personal?

Img/Planeta de Libros

R: Creo que el momento clave fue descubrir que el tema (de la novela) tocaba algo profundamente compartido: la dificultad de separar lo que somos de lo que hacemos. Esa sensación de no llegar nunca, de tener que estar siempre a la altura y de no permitirse descansar sin culpa aparecía una y otra vez en muchas conversaciones. Ahí sentí que el libro empezaba a tener vida propia y podía dialogar con mucha más gente.

P: ¿Cómo recuerdas el momento en el que te comunicaron que la novela iba a ser publicada?

R: Lo recuerdo con mucha emoción y una profunda gratitud por la confianza en el manuscrito. En ese momento pensé en quienes me habían leído, acompañado en el proceso y animado a seguir, y en la suerte de poder compartir la historia con los lectores. 

P: ¿Qué esperas que encuentre el lector en este libro?

R: Espero que encuentre una historia que le atrape y le remueva por dentro, pero también que se sienta acompañado. El aire quema habla de una soledad muy contemporánea: llegar a casa tarde, vivir pendiente del móvil, sentir que nunca desconectas del todo, o preguntarte en qué momento la vida empezó a parecer una lista infinita de tareas. Me gustaría que el lector descubra entre sus páginas algo que llevaba tiempo necesitando escuchar. Y, al mismo tiempo, que se haga preguntas junto a la protagonista: sobre la delgada línea que separa el éxito del fracaso, sobre todo lo que sacrificamos en el camino y sobre aquello por lo que, de verdad, merece la pena luchar. 

P: Defines a la protagonista como una “antiheroína brillante y contradictoria”. ¿Qué te interesaba explorar a través de ese personaje?

R: Me interesaba explorar cómo la autoexigencia, llevada al extremo, deja de ser una virtud y se convierte en una forma de crueldad contra uno mismo. La protagonista de El aire quema, Lúa Cruz, es una mujer brillante que, en apariencia, lo tiene todo bajo control y, sin embargo, está llena de contradicciones: es fuerte y vulnerable a la vez, segura de sí misma, pero con un miedo profundo al error. En un momento inesperado, comete un error que tendrá graves consecuencias y se adentra en una doble vida mientras intenta mantener la fachada de perfección que todos esperan.

P: ¿Te atraen especialmente los personajes imperfectos?

R: Sin duda, porque son los que más se parecen a nosotros. Me interesan sobre todo los personajes contradictorios, aquellos que intentan sostener una imagen en su vida profesional o en su día a día mientras por dentro se están rompiendo en silencio. Todos tenemos grietas, y escribir también tiene que ver con eso: con aprender a mirar nuestras imperfecciones y nuestra fragilidad sin apartar la vista. 

P: La novela habla de mantener una fachada de perfección. ¿Hasta qué punto crees que eso afecta especialmente a las mujeres?

R: Creo que afecta de una forma muy profunda y, a menudo, invisible. A las mujeres se nos exige rendimiento, cuidado y control, como si todo pudiera sostenerse sin esfuerzo. Hemos normalizado la autoexigencia y el agotamiento hasta convertirlos casi en una forma de identidad. Incluso descansar nos incomoda muchas veces porque no dejamos de pensar que deberíamos estar haciendo algo mejor, o más útil, o más perfecto. La acumulación infinita de pequeñas exigencias y renuncias diarias y esa presión por demostrar que podemos con todo genera una culpa constante cuando sentimos que no llegamos. 

P: ¿Qué has descubierto sobre ti misma durante la escritura de esta primera novela?

R: He descubierto que escribir es, sobre todo, una forma de paciencia y que soy más perseverante de lo que creía. Una primera novela implica convivir durante años con la duda y seguir adelante incluso cuando no sabes si lo que haces tiene valor. También he entendido que escribo más desde la intuición que desde la certeza y que necesito contar historias para comprender mejor mis propias preguntas y contradicciones. 

©Isabel Wagemann

P: Eres segoviana y la presentación será en la librería Diagonal. ¿Qué significado tiene presentar tu primera novela en casa?

R: Presentar mi primera novela en Segovia es, sin duda, un regalo y algo muy simbólico. Es volver al lugar donde empezó todo, pero desde otro lugar, con otra mirada y todo lo vivido en el camino. Hay una emoción especial en compartir este momento en mi ciudad, con la gente que ha formado parte de mi historia. Hacerlo en la librería Diagonal de la mano de Fuencisla y su hija Ana, que me han apoyado desde el primer momento, y además acompañada por Juancho del Barrio, que fue mi profesor de Lengua y Literatura, lo hace aún más significativo. Es, sobre todo, una forma de volver y de agradecer.

P: ¿Es la primera vez que presentas esta novela o ya lo has hecho en otros lugares?

R: Quería que esta fuera la primera presentación. Para mí era importante estrenarla en casa, en un lugar que siento cercano y lleno de significado, antes de llevarla a otros lugares. 

P: ¿Qué relación mantienes hoy con Segovia?

R: Segovia sigue siendo un lugar muy importante para mí. Hay una parte emocional y personal que siempre permanece ligada a la ciudad donde creciste. Es un lugar al que siempre quiero volver y en el que sigo reconociéndome.

P: ¿Segovia se va a ver reflejada de algún modo en la novela?

R: No de forma explícita, pero inevitablemente los lugares en los que creces terminan apareciendo en tu manera de mirar, de sentir y de escribir.

P: ¿Estás trabajando en futuros proyectos literarios?

R: Sí, estoy trabajando en nuevos proyectos. Me interesa seguir explorando las contradicciones de nuestra forma de vivir: la dificultad de desconectar, de separar la vida del trabajo y de mantener vínculos; la presión por rendir, mejorar y no fallar nunca, o esa sensación de que nunca es suficiente, aunque por fuera todo parezca estar bien. Aún no sé qué forma tendrá el próximo proyecto, pero seguramente partirá de esas preguntas que me incomodan y de situaciones muy cotidianas que, a menudo, pasan desapercibidas.

Imagen destacada ©Isabel Wagemann

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