23 de abril ¿Memoria histórica o solo un día más de fiesta?
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Cada 23 de abril, Castilla y León se detiene (al menos en el calendario) para conmemorar su día grande. Y, sin embargo, la primera pregunta resulta inevitable: ¿por qué celebramos una derrota?
La fecha remite a la Batalla de Villalar, en 1521, el episodio que puso fin a la revuelta de los comuneros frente a las tropas de Carlos I de España. Aquel día no hubo victoria, sino ejecuciones. No hubo triunfo, sino el final de un movimiento. ¿O no?
Más de cinco siglos después, seguimos reuniéndonos en torno a esa derrota convertida en símbolo.
Ahí está la clave: no se celebra tanto lo que ocurrió, sino lo que representa. Conviene recordarlo. La defensa de ciertas libertades, la idea de una comunidad que se organiza y reclama voz propia, la memoria de quienes se enfrentaron al poder establecido.
Más allá del plano histórico, hay otra realidad que incomoda. En algunas localidades segovianas, el gran día de Castilla y León compite (y a veces pierde) frente a celebraciones como la Feria de Abril o el Día del Libro. Tradiciones ajenas o globales parecen ganar terreno frente a una conmemoración propia que, en ocasiones, se percibe lejana, institucional e, incluso, como “algo de viejos”.
¿Tiene esto que ver con cómo se organiza la celebración? Durante años, el epicentro ha sido Villalar de los Comuneros, convertido en símbolo y punto de encuentro. Este año, además, se ha apostado por reforzar la programación en capitales de provincia con un programa de conciertos y actividades.
Pero cabe preguntarse si eso es suficiente. ¿Debe concentrarse todo en unos pocos lugares o debería extenderse con más fuerza a los municipios, a los espacios cotidianos donde realmente se construye la identidad?
La fiesta solo cuando hay fiesta: cuando el concierto pesa más que el símbolo
La respuesta no es sencilla, pero hay un factor evidente: la participación. Y ahí entra otro elemento clave, especialmente entre los jóvenes. Las tradiciones parecen cobrar vida cuando vienen acompañadas de un componente festivo. En Segovia, por ejemplo, ha generado más expectación el concierto gratuito de Lucho RK que el propio significado del Día de Castilla y León. Y quizá no sea una crítica, sino una pista.
Tal vez no se trate de elegir entre fiesta o memoria, sino de entender que, para que una tradición sobreviva, necesita ser vivida. Necesita adaptarse, conectar, encontrar lenguajes que interpelen a nuevas generaciones. Porque si algo está en juego no es solo una fecha, sino un legado.
Y ahí es donde la responsabilidad cambia de manos. Los mayores, que durante décadas han mantenido viva la memoria de los comuneros, van dejando paso. Y somos los jóvenes quienes debemos decidir qué hacer con ella. Si convertirla en un simple día festivo más o en una oportunidad para comprender de dónde venimos.
Cultura, memoria y tradición son factores que entran en juego en un mismo tablero: el de preservar lo que es nuestro.
El riesgo del olvido no es inmediato, pero sí silencioso. No ocurre de un día para otro, sino poco a poco, cuando una celebración pierde significado y se queda solo en la superficie. Por eso, quizá, la cuestión no sea por qué celebramos una derrota, sino qué estamos dispuestos a hacer para que aquello que representa no desaparezca.
Queridos adultos, las tradiciones no se heredan sin más. Se mantienen, se reinterpretan o se pierden.
Queridos jóvenes, esa decisión, nos guste o no, ya nos pertenece.
Noelia Garrido, redactora de Segoviaudaz.

