La primavera llegará con fuerza para quienes sufren alergia en Segovia y su entorno. Según las previsiones de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), los niveles de polen en el centro peninsular serán de moderados a intensos, especialmente en lo que respecta a las gramíneas, uno de los principales desencadenantes de síntomas respiratorios.
El polen subirá con fuerza tras las lluvias del invierno
Las lluvias registradas durante el invierno, que han dejado estampas más verdes de lo habitual en la provincia segoviana, han tenido un doble efecto. Por un lado, han reducido temporalmente la presencia de polen en el aire, lo que los expertos denominan «efecto lavado». Pero, por otro, han favorecido el crecimiento de la vegetación, lo que se traducirá en una mayor liberación de polen durante la primavera.
En términos generales, las concentraciones de polen de gramíneas oscilarán entre los 1.000 y más de 5.000 granos por metro cúbico en el centro peninsular, lo que sitúa a territorios como Segovia en un escenario de intensidad media-alta, similar al de otras zonas de Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid.
Además, los especialistas advierten de que no solo las gramíneas afectan a los alérgicos. Otros pólenes presentes en la zona, como las cupresáceas o la salsola, habituales en entornos rurales y urbanos, pueden intensificar los síntomas incluso en personas no sensibilizadas a las gramíneas.

La alergia al polen ya no se limita a la primavera
Tal y como señalan desde la SEAIC, el cambio climático y la contaminación están transformando el patrón tradicional de las alergias al polen. Las temporadas de polinización ya no se limitan a la primavera: comienzan antes y se prolongan durante más meses debido al aumento de las temperaturas y a los cambios en los patrones meteorológicos, que adelantan la floración y prolongan la producción de polen.
Diversos estudios estiman que la temporada de polen podría alargarse cerca de un 19%, mientras que su concentración anual podría aumentar entre un 16% y un 40%.
A este escenario se suma la contaminación del aire, que no solo irrita las vías respiratorias, sino que también interactúa con los pólenes y potencia su capacidad para desencadenar reacciones alérgicas.
Además, los contaminantes ambientales dañan las barreras cutáneo-mucosas, especialmente la mucosa respiratoria, favoreciendo la liberación de señales inflamatorias que amplifican la respuesta inmunitaria de tipo alérgico.
Un problema en aumento
En este contexto, el Dr. Pedro Ojeda, alergólogo y coordinador de la Comisión de Comunicación de la SEAIC, advierte que «nos encontramos ante la «tormenta perfecta» para que cada vez más personas padezcan alergias respiratorias de cualquier índole y alergia al polen en particular: por un lado, la mayor duración e intensidad de la exposición a pólenes aumenta la oferta alergénica al sistema inmunitario; por otro lado, los contaminantes ambientales actúan como disruptores de las barreras cutáneo-mucosas.
En consecuencia, continúa, «el epitelio se vuelve más permeable al paso de alérgenos y, además, genera señales de alarma, las denominadas alarminas, que, en personas con una predisposición alérgica, van a estimular la respuesta inmunológica de tipo T2. Este tipo de respuesta favorece la sensibilización y la generación de reacciones de tipo alérgico».
Según señala el experto, el resultado de todo ello es «un aumento del número de personas que se hacen alérgicas y una respuesta inflamatoria alérgica más intensa y continuada en aquellas que ya están sensibilizadas a los alérgenos ambientales».
Ante esta situación, los especialistas insisten en la importancia de reforzar la atención en alergología y de ofrecer diagnósticos personalizados. El alergólogo, recuerdan, es clave para identificar los desencadenantes concretos en cada paciente y establecer el tratamiento más adecuado.












