Desde hace más de 14 años, representa a un colectivo que engloba a 28 asociaciones de amigos del Camino de Santiago y que mantiene relación con otras tantas en trámite o no federadas, cargo que compagina con la presidencia de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Palencia, y con la dirección del Centro de Iniciativas Turísticas del Jacobeo Palentino y el Centro de Estudios y Documentación del Camino. Ángel Luis Barreda nos recibe en el Monasterio de San Zoilo una gélida mañana que no merma ni un ápice su buen humor. Se prepara para afrontar el Jacobeo con la esperanza de que no se banalice y con el respeto como lema, tanto para evitar atentados patrimoniales como para mantener el espíritu hospitalario de Castilla y León.

 

 

 

¿Cómo es el estado de salud del Camino ahora que comienza el Jacobeo?

El Camino tiene muchos años de historia, pero una cantidad de siglos de vacaciones… Creo que está viviendo una época dorada, muy similar a la que relatan en la Edad Media. Hay un cronista árabe que deja escrito que en el remoto Finisterre de España hay un lugar donde van en peregrinación, y son tantos que hay que apartarse a veces a las cunetas. Desde entonces, no creo que se haya vuelto a dar esa cantidad de peregrinos.

 

¿Con cuántos peregrinos se ha cerrado 2009?

A falta de datos definitivos, puedo decirle que hemos detectado que el Camino se ha ‘desestacionalizado’. Es decir, que los peregrinos no solo lo recorren a partir de junio, sino que tanto en marzo y en abril, como en septiembre y octubre, se ha registrado un incremento espectacular. En términos generales, el número de peregrinos ha crecido un diez por ciento respecto a 2008.

 

¿Cuáles son los motivos de ese reverdecer?

El primero es el reencuentro de la gente con la propia naturaleza. La motivación religiosa continúa existiendo, hay un posicionamiento de fe, pero, en los últimos años nos hemos dado cuenta de que la gente se reencuentra con el amor a la naturaleza. Es curioso que en las encuestas que barajamos, la naturaleza es algo que valoran como muy importante quienes realizan el Camino. Y es que el Camino Francés, por ejemplo, va por paisajes tan distintos y tan variados, que es sorprendente. También otra motivación que está muy en alza, está vinculada al sentido de la amistad y las prisas. Hoy vivimos a ritmo de móvil y de carreras, en el sentido literal, y la mayoría de los peregrinos son muy urbanitas. Durante quince días, se olvidan de todo, menos del móvil, lamentablemente, porque lo mejor de hacer el Camino es quitarse el móvil, es el elemento más extraño y para lo único que sirve es para ponerte en contacto con el mundo, y a veces con los problemas. Por otro lado, puedes encontrar amigos o hacerlo con amigos. Yo hice el camino con mi hija hace diez años y jamás he vuelto a hablar tanto con ella como en aquellos días. El tiempo lo marcas tú. Te organizas a un ritmo que no tiene nada que ver con el habitual. Es como un paréntesis dentro de tu vida. Y eso se valora. El sentido de la amistad se valora muchísimo, en las encuestas hay que ver como ha ido creciendo a medida que pasan los años. Sobre todo los ‘repetidores’, que lo hacen con sus amigos. Dicen que nunca da tanto tiempo como en el Camino para hablar, para pensar, para charlar.

 

¿Es imprescindible que se recorra el Camino con una motivación espiritual?

Sí, en el sentido espiritual en el sentido más amplio del término. Aunque la gente lo haga solo por sentido deportivo, les termina calando un sentido espiritual. Cuando yo hablo de espiritualidad hablo del espíritu de fe, o del de las estrellas, hay mucha gente que sigue recordando que es el mismo espacio por donde discurre la vía láctea, otra gente lo hace por la espiritualidad de la naturaleza. Más o menos religioso, eso es otra cuestión, pero lo espiritual en el sentido general yo creo que sí, que la ruta tiene un calado especial.

 

¿Existe conciencia de la necesidad de preservarlo, en el sentido físico?

No. Lo que se usa en exceso al final se termina devaluando y lo que se devalúa termina por perder interés. Hoy mismo leía una denuncia publicada en la revista ‘Peregrinos’, una persona que hablando de la basura del Camino terminaba haciendo una reflexión muy sencilla. ¿Por qué un peregrino que va con un tetrabrick que pesa un kilo, al final, cuando termina la jornada lo tira cuando solo pesa diez gramos? Parece una broma, pero no lo es, porque por mucho que limpiemos el Camino, y las asociaciones nos dedicamos a adecentarlo cada primavera con voluntarios, no se da abasto. Al final es mejor no ensuciar. Antes se cuidaba más, pero claro, la masificación nunca es buena.

 

¿También hay masificación en Castilla y León?

En Castilla y León tenemos una ventaja, y es que la ruta es dura y los peregrinos cuando vienen a hacer el Camino, la mayoría no se lo saltan, sobre todo los inteligentes. Porque las puestas de sol son bonitas, pero el mediodía es duro, y eso supone un filtro. Por ejemplo, desde Burgos hasta casi León hay mucha gente que puede hacer el salto con un autobús. Eso hace que no estemos masificados, incluso en pleno verano, no tiene nada que ver hacer el Camino en Castilla y León que en Galicia, donde es una romería y resulta ya casi imposible atender a la gente. Aquí todavía el sentido de la hospitalidad es claro. En Castilla y León es posible ofrecer una buena atención al peregrino, pero en otras comunidades autónomas no es así, se ha perdido ese trato personal que hasta hace unos años se daba.

 

¿Pero el deterioro más importante no creo que sea el de la basura, no?

Pues no, creo que lo más importante no es que deterioren un árbol o que asfalten un camino, cosa que es más difícil ahora, aunque todavía queda mucho por hacer. Me preocupa que el desarrollo urbanístico destroce la ruta jacobea, y que las administraciones no sean sensibles. Icomos ya ha advertido de que el Camino de Santiago hay que protegerlo. Por ejemplo, en Burgos tenemos un problema con la carretera nacional, con la autovía que van a crear que va de Logroño a Burgos (N-120), e incluso la intersección con la Nacional VI. Al final, la llamada civilización, y el desarrollo nos comen. No nos damos cuenta de que por separar una autovía un kilómetro no pasa nada. De ese tipo de agresiones sí estamos dolidos. En Castilla y León hemos conseguido preservarlo durante tanto tiempo por el subdesarrollo que tradicionalmente hubo, así de claro. Ahora lo que tenemos que hacer es aprovechar el desarrollo de esta tierra para conservarlo, en caso contrario, nos cargamos la gallina de los huevos de oro.

 

¿Está preparada la red de albergues para acoger la avalancha que se prevé este año?

El Camino es como una esponja, lo absorbe todo. Salvo casos puntuales, se puede atender bien al volumen de peregrinos. Hay que agradecer la disposición de muchos ayuntamientos, que con imaginación y esfuerzo, intentan dar cabida a todo el mundo. Donde no hay albergue, o éste no es suficientemente grande, pues habilitan el polideportivo o alguna sala de usos múltiples. Y si no, pues se duerme al raso, que en verano es un espectáculo dormir bajo la vía láctea. De todos modos, algunos confunden peregrinar con ser mochilero o turista. Si el peregrino viene exigiendo, nos hemos equivocado, el peregrino acepta lo que se le da.

 

En los últimos años han surgido críticas a ciertos municipios inmersos en la búsqueda de referencias que acrediten que les corresponde un ‘trozo’ del Camino

Sí, bueno, encontramos mucha picaresca medieval y un exceso de señalización. En el Camino hay más flechas que una película de indios. Pero se recibe con menos agrado cuando son las propias instituciones las que intentan hacer esto. Pongamos un poco de orden. No siempre la multiplicidad favorece la intensidad.

 

Es que el Camino es todos y de ninguno…

Precisamente, el Camino es un espacio de libertad, y esa es su gran ventaja y su gran problema.

 

¿Se ha profesionalizado la atención a los peregrinos, hay suficientes hospitaleros voluntarios?

La atención se va profesionalizando, hay que preservar cierto espíritu, y la voluntariedad forma parte de ese espíritu, pero tampoco es bueno que todo dependa de los voluntarios.

 

¿Va a hacer el Camino en 2010?

(Risas). ¡No! Nunca recorro el Camino cuando es año Jacobeo, siempre lo hago al año siguiente, para ver cómo ha quedado todo y hacer balance.

 

Un deseo para este año.

Que la gente sea respetuosa, que no se banalice el Camino y que los peregrinos sean conscientes de que el nivel de exigencia no puede ser alto, que no piensen que es una ruta barata en la que por ser peregrino tiene derecho a todo. En definitiva, que no se pase de la altura a la hartura.

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