
Urbano González ha fallecido este sábado a consecuencia de la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), la enfermedad que le acompañó durante los últimos tres años y medio. Exjugador profesional de baloncesto, empresario de la apicultura ecológica y una de las voces más firmes en la reivindicación de los derechos de los enfermos de ELA, Urbano se va dejando una huella profunda en el deporte, en el campo y en la lucha social.
Fue un referente del deporte leonés, pero también un hombre que supo reinventarse. En 1994, cuando dejó las canchas, encontró en la apicultura ecológica una nueva forma de vivir y de crear. Allí construyó un proyecto empresarial con alma, vinculado a la tierra, al cuidado y a la constancia que siempre le definieron: Miel Ecológica Urzapa.
Cuando la ELA entró en su vida, en julio de 2022, Urbano no se escondió. Al contrario: dio un paso al frente. Decidió hacer pública su enfermedad y convertir su historia en altavoz. Abanderó la causa de la ELA en la provincia de León y en toda Castilla y León, algo de lo que se sentía profundamente orgulloso. Quería ser útil, quería que su lucha sirviera para otros, para los que llegarían después, para quienes avanzaban más despacio, para quienes tenían miedo.
A su lado, su mujer, la ex consejera de Empleo e Industria Ana Carlota Amigo, y sus hijos han sido un ejemplo de amor, de coraje y de dignidad frente a una enfermedad “devastadora y cruel”, como ella misma ha repetido en tantas ocasiones. Hoy, Ana Carlota se despide de él con un mensaje lleno de verdad: Urbano ha sido ejemplo de pasión por la vida, de superación de obstáculos y de lucha incansable contra la ELA.
En los últimos años, la familia compartió en redes sociales escenas cotidianas: momentos duros, sí, pero también llenos de ternura, de humor, de resistencia y de amor. Pequeñas victorias diarias frente a una enfermedad que no concede treguas.
Hace unos meses, esta redacción se puso en contacto con ellos para realizar una entrevista. No llegó a producirse. A veces, lo urgente se impone a lo importante. Y lo importante (ser altavoz y dar visibilidad, contar la lucha, pedir más recursos y más atención para quienes conviven con la ELA), se queda esperando. Hoy lo decimos sin rodeos: llegamos tarde. Pero no queremos que el silencio sea la última palabra.
Urbano no solo habló: también creó. Su última gran iniciativa fue el libro La abeja que enfermó de ELA, una obra escrita por la docente Diana Emperador con fines benéficos. En ella se cuenta su historia a través de una metáfora dulce y valiente: la de un apicultor que, incluso enfermo, sigue cuidando, enseñando y luchando. Un libro que es legado, memoria y esperanza.
Hoy enviamos un abrazo inmenso a Ana Carlota, a sus hijos y a toda su familia. Y una promesa sencilla: no olvidar. Gracias por vuestro ejemplo.






