En el corazón de la provincia, entre pinares y el impresionante paisaje de las Hoces del Duratón, hay un lugar donde la historia no se cuenta solo en archivos, sino en susurros. En Segovia existe un pueblo conocido, desde hace siglos, como «el pueblo brujo». Y aunque el tiempo ha traído carreteras, internet y medicina moderna, en él la «hechicería» sigue latiendo.
«En lo más profundo de la meseta segoviana, aún resuena la tradición de hechiceros que durante siglos han curado a personas y animales con rituales, conjuros y remedios». Así describe Ana María Criado Calvo, en un artículo publicado en La Web de Sebúlcor, la relación de la localidad segoviana con la «brujería».
Basta pasear por sus calles para intuir que algo distinto habita en este municipio de 239 vecinos. En fachadas y tejados aparecen siluetas de brujas, gatos negros, lunas y estrellas o amuletos que evocan un pasado cargado de misterio.
El gentilicio oficial de Sebúlcor es sebulcorano o sebulcorana, pero debido precisamente a la tradición local (vinculada a la hechicería y brujería) a los habitantes de este municipio segoviano se les conoce también como «brujos» o «brujas». Además, tal y como relata Ana María Criado en su reportaje, no es raro escuchar en las zonas aledañas «¡vaya con los brujos de Sebúlcor!».
El origen de este apodo se remonta a una tradición de curanderos que, durante generaciones, elaboraban remedios con hierbas, rezos y rituales transmitidos de forma casi secreta. En una época en la que la medicina apenas llegaba al mundo rural, estos sanadores eran la última esperanza para aliviar dolencias físicas y espirituales. Sus prácticas, basadas en la naturaleza y la creencia, incluían ungüentos, pócimas o conjuros que, aunque hoy carecen de respaldo científico, dejaron una profunda huella en la memoria colectiva.
Durante años, vecinos y forasteros acudieron a Sebúlcor en busca de soluciones a males que parecían no tener respuesta. Algunos testimonios hablan de rituales para curar verrugas, aliviar dolores o incluso detectar el “mal de ojo”. Historias que se transmitían en voz baja, entre la incredulidad y la fe, y que contribuyeron a consolidar la fama del pueblo en toda la comarca.
Hoy, esa tradición se ha diluido, pero no ha desaparecido del todo. Aunque cada vez son menos quienes practican estos conocimientos ancestrales, la leyenda sigue viva. «Brujo» y «bruja» se escucha todavía entre vecinos de pueblos cercanos para referirse a los sebulcoranos, en una mezcla de broma y reconocimiento histórico.
Además, lejos de renegar de este pasado, Sebúlcor lo reivindica. En las fiestas patronales se celebran concursos como “Miss Bruja” o “Míster Brujo”, y no faltan camisetas, peñas o charangas que mantienen viva la simbología. Incluso los carteles a la entrada del municipio dan la bienvenida al visitante con orgullo: «Bienvenid@s al pueblo de los bruj@s».
Qué ver en Sebúlcor
Pero Sebúlcor es mucho más que su leyenda. Situado en pleno entorno natural del Duratón, combina su atractivo místico con un valioso patrimonio histórico y paisajístico.
El municipio se encuentra enclavado en el espectacular Parque Natural de las Hoces del Río Duratón, su principal atractivo, donde el río ha esculpido un profundo cañón habitado por buitres leonados y otras aves rapaces.
Uno de los lugares más emblemáticos del entorno es el Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz, un antiguo monasterio franciscano del siglo XIII situado junto al río y hoy en ruinas. Su ubicación, encajada entre las paredes del cañón, lo convierte en una de las estampas más impactantes de la zona.

En el propio núcleo urbano destaca la Iglesia de Santa María Magdalena, que conserva elementos de gran valor como su pila bautismal románica y una singular torre inclinada.
El entorno invita también a descubrir otros vestigios históricos, como la antigua aldea de San Miguel de Neguera, hoy despoblada y en ruinas, o la cercana Cueva de los Siete Altares, un enclave de origen visigodo excavado en la roca.
Además, la localidad también mantiene vínculos culturales con la llamada gacería, una variante lingüística tradicional vinculada a los tratantes y trilleros de la zona de Cantalejo, lo que añade un valor etnográfico singular a su identidad. Este «idioma» local estaba presente en los pueblos del Ochavo de Cantalejo, como Aldealcorvo.
Para los amantes del turismo activo, Sebúlcor es también punto de partida de rutas de senderismo, miradores sobre el cañón y actividades como piragüismo o paseos a caballo, que permiten adentrarse en uno de los paisajes más singulares de la provincia.
Imagen principal: Foto de Román Santos-Wikipedia CC BY 2.0 , Enlace











