Aventurera por naturaleza, escritora desde que tiene memoria y segoviana de corazón. Así se define María del Mar Guijarro Arranz, una autora que dio el salto a la publicación casi sin proponérselo y que concede a este medio su primera entrevista. A sus 65 años, y tras toda una vida dedicada al Derecho Penal, ha debutado en la narrativa con una novela que ha sorprendido incluso a su propia autora.
Nacida y residente en Madrid, Guijarro no duda al reivindicar su vínculo con Segovia. «Yo soy de Segovia», afirma con rotundidad, aunque su partida de nacimiento diga lo contrario. Creció en un pequeño pueblo segoviano durante sus primeros años de vida y asegura que ese origen ha marcado su ser: «áspero y duro, pero de gran corazón».
María del Mar Guijarro, madrileña de nacimiento, segoviana de corazón
«Me sienta fatal que en mi partida de nacimiento ponga Madrid y no Segovia», confiesa. Su familia es de Torreadrada, un pequeño pueblo de la provincia al que estuvo ligada desde niña. Allí vivió hasta los cinco años, antes de que el traslado definitivo a la capital marcara un antes y un después en su vida. «Para mí Madrid fue un monstruo. Vivir en un pueblo era vivir en libertad», expresa. Hoy, a sus 65 años, esa infancia rural en Segovia sigue latiendo en ella y se cuela, de una forma u otra, en su manera de ser.
Una vocación silenciosa
La publicación de En la frontera del olvido (2025) marca el debut literario de Guijarro, aunque escribir nunca le fue ajeno. «Desde que era una ‘criaja’ cuento historias, escribo pequeñas cosas, he hecho alguna incursión con algún relato…», recuerda. Nunca, eso sí, se había atrevido con una novela. «Me parecía un trabajo ingente, complicadísimo. No pensaba que fuera capaz».
El impulso llegó en el verano de 2024, casi de forma accidental. Como hace siempre que viaja, empezó a escribir un relato sobre un acontecimiento concreto. Sin darse cuenta, la historia creció. «Seguí y seguí hasta que se convirtió en esto. Fue muy sorprendente, porque no era mi intención». Las dudas llegaron al final: miedo a que el texto resultara pesado, a que no interesara. La reacción de un amigo lector disipó esos temores. «Me dijo que le había enganchado. Y ahí empezó todo».
Su primera novela bebe directamente de su experiencia vital y profesional. Licenciada en Derecho, diplomada en Criminología y especializada en el ámbito penal, reconoce que hay mucho de ese mundo en la obra. «Son casos novelados, no reales, pero inspirados por situaciones que he vivido». Al fin y al cabo, son 40 años de profesión.
Aventuras, viajes y África
Quienes han leído En la frontera del olvido destacan el apego que se genera hacia sus personajes. Algunos incluso le han pedido que continúe la historia. Ella, de momento, se resiste. «Nunca he querido hacer una saga. Me gusta dejar ese sabor de boca, esas ganas de más. Cuando termino una novela es como un hijo que se emancipa, ya no me pertenece».
La segunda obra, que llevará por título Estrella del Norte, ya está terminada y en proceso de maquetación y de edición, pero no guarda relación con la anterior. «Es otra historia, otros personajes». También cambia el género: del policiaco pasa a la aventura.
Aquí entran en juego sus viajes por África. Uno de ellos marcó especialmente a la autora: la creación de un orfanato en Mauritania. «Conocimos a una mujer que acogía bebés abandonados en una chabola. Su sueño era tener algo más grande. Al volver a Madrid, constituimos una asociación y conseguimos construir una casa». Esa experiencia, profundamente transformadora, está muy presente en la novela, aunque siempre desde la ficción. «Me inspiro en lo vivido, pero lo novelo».
Autoeditar: una carrera de fondo
El camino hasta ver su libro impreso no fue sencillo. Guijarro se lanzó a la autoedición sin conocimientos previos del mundo editorial. La primera tirada, de 100 ejemplares, fue un golpe duro: márgenes mal ajustados, letra diminuta, un resultado que no se correspondía con sus expectativas. «Se me cayó el mundo al suelo».
Logró recuperar la inversión y sacar una segunda edición, esta vez cuidada al detalle. Detrás, una red de apoyo fundamental: amigos y familiares. «Fueron mis mecenas. Se volcaron comprando los libros. Sin ellos no hubiera sido posible». La escritura y la autoedición, reconoce, es una aventura, pero distinta a las que ha vivido viajando. «Es más sesuda, más tediosa. Requiere disciplina y tiempo».
Reconoce que el proceso de autoedición dependió en gran parte de sus familiares y amigos cercanos. «Han sido oyentes de las historias que contaba y me animaban a contar más; acogieron muy bien esta novela, han hecho una crítica constructiva, han estado en todo el proceso… Sin ellos no hubiera sido posible», asegura, por lo que siente un gran agradecimiento hacia ellos.
También ellos han estado detrás de la web de Mar (en donde puede hacerse la compra online del libro), del perfil en redes sociales (@guijarropublicaciones) y de la portada, ilustrada por el hijo de una amiga íntima, un ilustrador con proyección internacional. «No quiero una portada que no sea de él», afirma.
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Escribir sin pretensiones
María del Mar Guijarro no escribe para ganar dinero ni para retirarse a vivir de la literatura. «Yo quiero que la gente disfrute de mis novelas». Tras terminar el manuscrito de Estrella del Norte, asegura que empezó a brotar una tercera historia en su cabeza. Ya sabe incluso quiénes son los personajes. Tomó apuntes de sus ideas para una posible próxima publicación, aunque se da margen: «Si esta segunda novela gusta me animaré con la tercera, pero si es un fracaso, es posible que haga un parón».
Ahora, sea cual sea el camino, María del Mar Guijarro parece tener claro desde dónde escribe: desde la experiencia vivida y el impulso de contar historias. Aventurera en los viajes y constante en la escritura, sigue creando sin más pretensión que compartir lo vivido y lo imaginado. Y, aunque su vida transcurra lejos de la provincia, Segovia sigue presente en su carácter, ese que ella misma define como «áspero, duro y de gran corazón». Un carácter, insiste, profundamente segoviano y castellano, aunque naciera en Madrid.









