
Sin necesidad de fotografías.
Sin atril, sin corbata, sin consignas.
En vaqueros, zapatillas y ropa deportiva.
Así apareció Felipe González en el Teatro Juan Bravo. Y así habló. Con la autoridad de quien puede decir lo que piensa porque sabe de lo que habla. Podrá gustar más o menos, generar mayor o menor cercanía ideológica, pero en un tiempo en el que la política parece haber extraviado el liderazgo, el suyo sigue siendo reconocible, nítido e inconfundible.
Felipe González no necesitó apoyarse de dirigentes del partido que él encumbró, (la ausencia de socialistas provinciales fue notable). A su alrededor, varios ex del PSOE, algunos representantes del Partido Popular y, sobre todo, ciudadanos y empresarios que no buscaban un mitin, sino una mirada con sentido común. Y eso fue exactamente lo que encontraron.
Habló de centro, de fundamentos, de presupuestos, de Constitución, de convivencia. De Europa y del orden (o caos mundial). Hablo de gobernar frente a resistir. De liderazgo entendido como responsabilidad y no como supervivencia. Sin aspavientos. Sin impostura. Porque cuando la política se convierte en ruido, la de verdad se reconoce al instante. No se decreta, no se fotografía, no se viraliza. Se percibe. Y conecta con una parte amplia de la ciudadanía que no se siente representada ni por los extremos ni por la política del corto plazo.
Quizá por eso el teatro estaba lleno. Esa cercanía, esa forma de estar y de decir, tuvo también mucho que ver con el contexto: Con quien lo trajo. Con Caja Viva, la entidad que bien representa esa España de los pueblos, del territorio y de lo concreto. El acto estuvo presentado por el director de la entidad, José María Chaparro, y conducido por el economista José Carlos Díez, que supo acompañar la conversación sin invadirla, dejando espacio a la reflexión y al análisis, lejos del ruido y del titular fácil. La cita es el preámbulo del congreso EM+FI, de economía y finanzas, convocado por la Fundación Caja Rural, una cita que reunirá a otros expertos en materia económica, social y geopolítica en nuestra capital.
Y hubo un último mensaje, casi íntimo, que no pasó desapercibido: el expresidente aseguró que Segovia es un lugar para crecer, para invertir, una oportunidad. Dicho así, sin grandilocuencia. Como quien observa, analiza y concluye. Habrá que creerle. Y, sobre todo, habrá que trabajar en este sentido.
Porque si algo dejó claro su intervención es que la autoridad no se improvisa.
Y las oportunidades, tampoco.
María Coco Hernando, directora Segoviaudaz.es








