Farinelli no tiene una calle en La Granja, ni una plaza, ni una placa de mármol que recuerde su paso por la localidad. No hay estatua ni busto que inmortalice su figura. Pero tiene algo quizá más duradero: una librería.

El sobrenombre del castrato más famoso de la historia se materializa hoy en un local situado a pocos pasos del Palacio de La Granja y de sus jardines, como si el eco de su voz aún recorriera las estancias de la corte. A la librería Farinelli se entra a pedir un café y se acaba recorriendo estanterías mientras la bebida se enfría; o se entra buscando un libro y se termina degustando una copa de vino antes de pasar por caja.

¿Es una librería? ¿Es una cafetería? ¿Es un bar? Es una taberna libraria, como la define Valentín, librero de esta nave cultural anclada en El Real Sitio.

Donde Farinelli no tiene estatua, tiene librería

Esta peculiar librería nació el 24 de mayo de 2003. Hoy, casi 23 años después, al timón figuran los hijos del fundador, los actuales propietarios. Mientras, Valentín gobierna el día a día, surcando las olas y mareas del panorama editorial para ofrecer el mejor botín posible a quienes cruzan la puerta del local.

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Aunque Farinelli nació bajo el concepto único de librería, el rumbo viró en 2013 con la llegada de Valentín. En aquel momento, muchas librerías madrileñas comenzaban a reinventarse para sobrevivir, fusionando libros y hostelería, lectura y pausa. Las librerías-cafetería empezaron a ganar adeptos y Farinelli decidió subirse a la ola. En La Granja, aquella maniobra fue casi un acto de piratería visionaria.

Buena parte de la clientela llega empujada por el viento del turismo. La estratégica ubicación (junto al Palacio, los Jardines y el Parador) convierte al local en escala casi obligatoria para visitantes. Muchos entran por curiosidad y se quedan atrapados por la cuidada selección de libros, por la vinoteca integrada en las estanterías, por la barra de bar incrustada en un espacio de cultura o por la música clásica que envuelve el ambiente.

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Tal y como cuenta Valentín a Segoviaudaz, hay quien llega habiendo oído hablar de Farinelli, atraído por su fama discreta. Otros desembarcan tras una jornada de paseos por El Real Sitio buscando un refresco o un aperitivo, y acaban explorando pasillos y secciones, seducidos por la estética y los títulos. Incluso aparecen, de cuando en cuando, congresistas alojados en el Parador, llegados en su mayoría desde Madrid, que encuentran aquí un refugio inesperado.

Una librería-café donde la cultura se bebe, se escucha y se lee

«Tener una librería es un gesto de audacia», asegura Valentín mientras sirve con cuidado una taza de café. «No aquí, en La Granja, sino en cualquier sitio». El secreto está en reinventarse, en cumplir con las exigencias de los tiempos, pero sin traicionar la esencia. En la localidad granjeña, con algo más de 5.000 habitantes, conviven dos librerías, o mejor dicho, dos modelos de librería, que se apoyan y se complementan. Farinelli apuesta por la experiencia, cultura para los cinco sentidos en un entorno único. La vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto encuentran aquí su propio divertimento antes de cada compra.

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El librero no solo ha dejado su huella en la transformación del negocio, sino también en la selección editorial. Del mismo modo que el bar tiene su carta de vinos y aperitivos, Valentín quiso ofrecer un auténtico menú gourmet de libros. «Las librerías se reconocen más por los libros que no tienen que por los que tienen», afirma. Entre los cerca de 80.000 títulos que se publican cada año en España (y más de dos millones en el mundo) la selección es clave. «Los superventas aquí no tienen sentido». La apuesta pasa por diferenciarse y ofrecer piezas difíciles de encontrar en circuitos más comerciales.

En Farinelli existe una sección dedicada al paisajismo, a la naturaleza y a los jardines. «El entorno invita a ello», afirma Valentín. Hay también una sección dedicada a pasear. No a rutas ni a senderos, sino simplemente a la voluntad de caminar. El librero siente además afinidad hacia los libros con vocación de permanencia, aquellos que «sean novedad pero que permanezcan». Los clásicos son fundamentales, pero no son solo los únicos que pueden trascender al paso de los años. «Hay mucha literatura nueva que a los tres años ya se ha olvidado», explica. Pero hay títulos recientes capaces de resistir en el mar editorial, surcando el paso de los años.

Pero Farinelli no es solo lugar de papel. También hay CDs que esperan la llegada de un oído atento.

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Bajo el sello Farinelli

La librería cuenta, además, con sello propio. Bajo el nombre de Farinelli se publican ediciones que pueden encontrarse tanto en la tienda física como en línea. Valentín menciona con especial orgullo Toponimia de Valsaín, de Julio de Toledo Jáudenes, un diccionario que rescata los nombres propios del lugar.

Entre sus productos originales encontramos también Los Jardines de La Granja y sus esculturas decorativas, la primera edición española de la tesis de Jeanne Digard, editada por las librerías Farinelli e Ícaro en colaboración con Patrimonio Nacional.

Así, a través de su sello, la librería busca explorar y dar a conocer temas y curiosidades de La Granja. No hay duda de que la esencia de lo local marca también el carácter del negocio.

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Bajo esta misma bandera editorial se ha publicado igualmente un libro dedicado al castrati que da nombre a la librería. Bajo el título Ascenso y caída del astro Farinelli contado por él mismo, recoge en primera persona las aventuras y experiencias del cantante napolitano. Sus estancias en Roma, Viena, Londres, Madrid y Bolonia guían la lectura, así como sus amistades y amoríos.

Algo que mucha gente no sabe es que Farinelli tuvo una relación crucial con La Granja de San Ildefonso, donde llegó en 1737 para aliviar con su voz la melancolía y depresión del rey Felipe V (quien mandó construir el pequeño ‘Versalles segoviano’). Farinelli acabó convirtiéndose en una figura central de la corte, impulsando la ópera en España y recibiendo honores reales. Su huella permanece hoy transformada en esta librería-café, puerto cultural abierto al viajero que toma su nombre y materializa su legado.

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El interior de Farinelli late al ritmo de la música clásica

Adentrarse en Farinelli tiene algo de experiencia sedante. Con Venice Classic Radio sonando de fondo, los grumetes que se animen a subir a bordo descubrirán un universo de libros al compás de la música clásica.

Este barco se estructura en dos plantas. Una con barra de bar, mesitas, sillas y estanterías y otra inferior dedicada exclusivamente a la librería. Hay también dos terrazas, una en la parte delantera de la librería y otra en la posterior, comandada por un tilo que da sombra en los días más soleados. Es aquí donde suelen celebrarse las presentaciones de libros, especialmente en primavera y en verano, cuando el tiempo invita a disfrutar de la cultura al aire libre.

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La estética acompaña también al espíritu del lugar. A sientos que invitan a la calma y al disfrute, un tablero de ajedrez esperando partida, referencias al propio Farinelli en las paredes y, como guiño aventurero, numerosos carteles de Tintín. Para Valentín, el joven reportero, protagonista de la mítica serie de historietas francesa, es una puerta de entrada a la lectura, una primera travesía hacia mares literarios más profundos.

Entra, déjate seducir.

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