45 años educando a través de la acción: el Grupo Scout Siete Picos mantiene viva su esencia en Segovia
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En 1980, un joven hermano marista llamado Diego reunió a unos 40 o 50 niños de entre 9 y 10 años y a media docena de profesores del entonces Colegio Pinarillo (el actual Colegio Marista Nuestra Señora de la Fuencisla) con una idea sencilla: salir al aire libre, compartir tiempo y aprender haciendo. Un año después, aquel grupo de niños se convertiría oficialmente en el Grupo Scout Siete Picos. El 31 de octubre de 1981 comenzaba la historia de un grupo que este mes cumple 45 años y que, cuatro décadas y media después, continúa vinculado al mismo colegio, donde mantiene su sede.
En un documental realizado con motivo de su 30 aniversario, el hermano Diego recordaba que la creación del grupo respondía, en buena medida, al deseo de la comunidad marista de Segovia de contar con un grupo scout en el colegio. Él mismo resumía aquellos primeros años de una manera alejada de cualquier estructura rígida: más que un kraal de monitores que organizaba actividades para los niños, eran «un grupo de amigos que disfrutábamos de cada momento que teníamos con los chicos y que teníamos también entre nosotros». Más de cuatro décadas después, es inevitable darse cuenta de que esa esencia continúa.
Educar por la acción
45 años después, muchas cosas han cambiado. También lo ha hecho la forma de ocupar el tiempo libre de los niños y jóvenes. Pero hay una base que todavía permanece: la idea de aprender haciendo, educar por la acción.
«Un grupo scout es una asociación sin ánimo de lucro que tiene una metodología de trabajo basada en educar por la acción», explica Pepe, que llegó a Siete Picos con ocho años y que lleva ocho formando parte del kraal (el grupo de monitores). Para él, uno de los principales valores del escultismo es ofrecer a los niños y jóvenes una educación no formal centrada en su desarrollo personal. No se trata únicamente de organizar juegos, excursiones o campamentos. Cada grupo de edad (lobatos, tropa y pioneros) cuenta con un cuaderno de progresión con herramientas orientadas a trabajar distintos ámbitos de su desarrollo. Los retos, el trabajo en equipo, la autonomía o la capacidad para tomar decisiones forman parte del aprendizaje. «Es una educación no formal a la que no están acostumbrados los niños en otros ámbitos», asegura.
«un grupo llevado por jóvenes y para jóvenes. Un espacio donde ser ellos mismos y crecer como personas»
Teresa, que lleva 19 años vinculada al grupo (desde que entró con ocho al grupo de lobatos) y nueve como miembro del kraal, lo resume desde otra perspectiva: «Es un grupo llevado por jóvenes y para jóvenes. Un espacio donde ser ellos mismos y crecer como personas». La palabra que más se repite cuando habla de lo que los scouts aportan a los niños es autonomía. Darles herramientas para enfrentarse a retos, tomar decisiones, trabajar con otros y descubrir que son capaces de sacar adelante aquello que se proponen. «Los scouts lo que te dan es capacidad para hacer cosas que hace tiempo dirías: “¿Cómo voy a organizar un campamento?”. Al final acabas sacándolo todo adelante», explica.
Actividades que también miran hacia fuera
Pero, la vida del Grupo Scout Siete Picos no termina en las puertas del colegio. Una de las señas de identidad que destacan sus monitores es precisamente su relación con el entorno. A lo largo del año participan en iniciativas de la ciudad como el Mercadillo de San Lorenzo de Navidad o la celebración de la Luz de la Paz de Belén, además de desarrollar actividades propias vinculadas al colegio y colaborar con entidades de Segovia. Han ayudado, por ejemplo, a organizar actividades con la Asociación Autismo de Segovia y han participado en recogidas de basura en espacios próximos como el Pinarillo.
«El objetivo de los scouts es dejar el mundo mejor de lo que lo hemos encontrado», señala Teresa. La frase puede parecer una simple declaración de principios, pero en Siete Picos intentan convertirla en algo práctico: que los niños aprendan a mirar aquello que tienen alrededor y a intervenir sobre ello. «Les das un empuje para que hagan algo bueno hacia la sociedad o hacia su entorno más cercano», explica.
«El objetivo de los scouts es dejar el mundo mejor de lo que lo hemos encontrado»
El reto de encontrar tiempo
Mantener esta filosofía durante 45 años no significa que el grupo no se haya encontrado con dificultades. Una de las principales tiene que ver precisamente con algo tan sencillo como encontrar tiempo. «Cada vez la participación en este tipo de actividades es más complicada por el estilo de vida que llevamos en general», señala Pepe. El ocio de los niños ha cambiado. Deportes, actividades extraescolares y otras propuestas concentran buena parte de los fines de semana y hacen que la participación sea, en ocasiones, más complicada que hace dos o tres décadas. «Todos los niños están saturados de actividades», apunta el monitor. No obstante, explica que, en contrapartida, por ese mismo motivo, aunque sea en menor cantidad, «la gente que está viniendo a las actividades es porque realmente quiere participar y siente que está en un sitio cómodo, en el que disfruta, en el que aprende…».
Pero también hay otra dificultad al otro lado: la disponibilidad de los propios monitores. El kraal está formado por jóvenes que compaginan su labor voluntaria con sus estudios o sus trabajos. Preparar actividades, organizar campamentos o acompañar a los niños requiere tiempo y compromiso. «Cada vez somos menos los voluntarios que veníamos a crear estas cosas», reconoce Teresa. Ser monitor implica dedicar parte del tiempo libre a los demás y, por eso, «tiene que llenarte estar aquí para dar tu tiempo libre». Pero, quienes forman parte del grupo aseguran que esa dedicación también les devuelve mucho.
«La participación en este tipo de actividades es más complicada por el estilo de vida que llevamos en general»
Los monitores hablan de la satisfacción de ver cómo salen adelante las actividades que han preparado y de las experiencias compartidas. También de cómo el paso por los scouts modifica la manera de relacionarse con otras personas y proporciona herramientas que terminan trasladándose a otros ámbitos de la vida.
Los troperos lo tienen claro: «Aquí siempre somos una piña»
Entre los niños y jóvenes que forman actualmente Siete Picos, la respuesta a por qué continúan en el grupo parece menos complicada. Algunos llegaron siguiendo los pasos de sus hermanos que se apuntaron con anterioridad. Otros lo hicieron por amigos. Pero muchos coinciden en que lo que termina haciendo que vuelvan son las personas que conocen y las relaciones que construyen dentro del grupo. Tal y como explica uno de los integrantes de tropa (el grupo de 11 a 14 años), las relaciones que se crean aquí son diferentes. «Fuera de aquí nunca las harías», reconoce.
Cuando se les pregunta qué les aporta formar parte del grupo, aparecen palabras como independencia, valentía y empatía. También la sensación de haber crecido gracias a las experiencias que han vivido, así como la sensación de autonomía que adquieren. Y hay una respuesta que resume buena parte de lo que significa para ellos pertenecer a Siete Picos: «Aquí siempre somos una piña», expresa una tropera. Agrega que «en scouts siempre puedes ser uno mismo» y «si viene alguien nuevo le vamos a acoger bien».
«En scouts siempre puedes ser uno mismo»
Al final del primer día de actividades del curso en el grupo scout, esa pertenencia queda representada en uno de los momentos simbólicos de la actividad: el salto de la pañoleta. Se trata de un salto físico a una pañoleta que representa el paso de una rama a otra y el comienzo, por tanto, de una nueva etapa dentro del grupo.

45 años después…
El Grupo Scout Siete Picos llega a su 45 aniversario con una historia que ya suma varias generaciones. Muchos de quienes fueron niños en sus primeros años pasaron después a formar parte del kraal y, con el tiempo, otros han tomado el relevo.
El grupo quiere celebrar este aniversario, aunque todavía no existe una actividad definitiva y todo apunta a que la celebración podría trasladarse al próximo año para poder organizarla con tiempo.
No sería extraño que en ese encuentro coincidieran antiguos niños, antiguos monitores y quienes hoy continúan dando vida al grupo. Porque, aunque hayan cambiado los niños, los horarios, las actividades y la manera de ocupar el tiempo libre, la idea con la que nació Siete Picos hace 45 años sigue presente: aprender haciendo, crecer juntos y tratar de dejar el mundo un poco mejor de como se encontró. Quizá no sean necesarios grandes actos para celebrar el paso de los años. Quizá la mejor forma de celebrar el aniversario sea precisamente mantener vivas estas bases. Y eso es algo que el grupo Scout Siete Picos mantiene muy presente. 45 años después, el grupo mantiene viva su esencia.
Noelia Garrido Mate

