El enemigo no es tu casero

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La vivienda es uno de los grandes problemas de España. Y realmente lo es. Es dramático que una generación entera tenga enormes dificultades para acceder a una casa y que los alquileres hayan alcanzado niveles inasumibles. En ciudades como Segovia, encontrar una vivienda a un precio razonable se ha convertido casi en una misión imposible. Hasta ahí, creo que podemos estar bastante de acuerdo.

La pregunta es quién debe asumir la responsabilidad de haber llegado hasta aquí. Porque las reglas del juego no las hemos establecido los ciudadanos, sino nuestros gobiernos y legisladores. Dentro de ellas, cada uno ha decidido comprar, alquilar, ahorrar, viajar o montar un negocio. Todas son opciones legítimas.

Por eso me sorprende que parte del debate coloque ahora al pequeño propietario en el centro del problema. Quizá deberíamos preguntarnos antes por qué durante décadas no se construyó un verdadero parque público de vivienda asequible.

No hablo solo desde la teoría. También soy propietaria y tengo una vivienda alquilada desde hace años por un precio muy inferior al que podría obtener en el mercado. Lo hice voluntariamente, conocedora de la necesidad de esa familia, lo hago porque prefiero estabilidad y porque creo que, cuando se puede, también está bien facilitar las cosas.

Pero esa decisión es mía. Y es tan legítima como la de quien decide alquilar su vivienda al precio que permita el mercado dentro de la legalidad. La cuestión no es convertir en bueno a quien cobra menos y en malo a quien cobra más. La cuestión es quién establece las reglas y qué seguridad ofrece el sistema a ambas partes.

Yo quiero que mis inquilinos tengan tranquilidad. Pero también quiero tenerla yo. Saber que la vivienda sigue siendo mía y que, si algún día la necesito, quiero recuperarla o mi situación económica cambia, existe un marco jurídico razonable para hacerlo. Porque detrás de una vivienda hay veinte años de trabajo, ahorro y esfuerzo.

La seguridad debe funcionar en las dos direcciones.

El inquilino necesita saber que nadie va a echarle arbitrariamente de su casa y que, si atraviesa una verdadera situación de vulnerabilidad, el Estado va a protegerle.

Y el propietario necesita saber que los contratos se cumplen y que no tendrá que asumir una situación de vulnerabilidad cuya solución corresponde a los poderes públicos. Será el Estado quien deba buscar ayudas, alternativas o soluciones para esas familias. No debería trasladarse esa responsabilidad a otro particular.

Porque entonces la pregunta es inevitable: ¿para qué alquilar?

Si alquilar se percibe como un riesgo difícil de controlar, habrá propietarios que retiren sus viviendas del mercado. Es inevitable. Asusta. Y entonces perdemos todos.

Ese es el error: convertir a propietarios e inquilinos en adversarios. Como si detrás de cada casero hubiera un especulador y detrás de cada inquilino alguien dispuesto a aprovecharse del sistema.

Me preocupa quien dedica dos tercios de su sueldo a un alquiler, quien trabajando no puede independizarse o quien pierde su casa. Pero también el pequeño propietario que ahorró durante años y ahora duda si alquilar.

No deberían ser enemigos. El fracaso es precisamente haber conseguido que lo parezcan.

Necesitamos vivienda pública. Mucha. Construcción, rehabilitación, seguridad jurídica y protección para quienes realmente la necesitan. Necesitamos suelo liberalizado y eliminar los impuestos para los que adquieren su primera vivienda. Necesitamos políticas sostenidas durante años, gobierne quien gobierne.

Si hoy tenemos un parque público insuficiente, no es responsabilidad del ciudadano que compró un pequeño apartamento con sus ahorros.

Señores políticos: son responsables.

Proteger al vulnerable y trabajar para garantizar el acceso a la vivienda es su obligación. No conviertan al pequeño propietario, al pequeño empresario o, sencillamente, al pequeño, en responsable de problemas que llevan décadas gestándose.

Construyan una política de vivienda que dure veinte años y no veinte titulares.

Y tengan la honestidad de reconocer que muchas cosas se están haciendo mal. Muy mal.

Señores políticos, son responsables

María Coco

María Coco Hernando

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