El adiós de una política valiente
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Han pasado ocho años desde que una joven política irrumpió en Segovia bajo las siglas de un partido que prometía cambiar muchas cosas y que, con el tiempo, prácticamente desapareció. Noemí Otero, sin embargo, permaneció. Cuatro años después consiguió volver al Ayuntamiento, prácticamente sola y sin la estructura que un día tuvo detrás. Este martes ha dicho un emocionado adiós. O, como ella misma ha señalado, ha puesto «un punto y aparte».
“Creo en la política como el arte de negociar. En la capacidad de personas que piensan diferente para sentarse, escucharse y alcanzar acuerdos”. Quizá por eso, cuando alguien decide apartarse porque siente que ese espacio para el entendimiento se ha ido estrechando, merece al menos una reflexión.
Durante estos años hemos visto a Noemí Otero defender propuestas, conseguir algunos objetivos y ver cómo otros quedaban por el camino. Eso forma parte de la política: ganar unas veces, perder otras y seguir intentándolo. Hay, sin embargo, otra parte que nunca debería formar parte de ella.
No sé si por ser mujer, por no contar con una gran estructura de partido detrás, por representar al centro o por todas esas circunstancias juntas, ha recibido comentarios y vivido situaciones que han ido más allá de la legítima crítica política, hemos sido testigos de faltas de respeto y descalificaciones. Y no hablo de algo que ella nos haya contado. Quienes hemos seguido la actualidad municipal lo hemos visto y escuchado directamente, en plenos y ruedas de prensa. Escribo esto con cautela, pero también desde mi propia experiencia. Todavía existen ciertas licencias hacia algunas mujeres, especialmente cuando ocupan espacios públicos, que probablemente no se permiten con otras personas.
Este martes Noemí Otero dice adiós. O quizá hasta luego. Y lo hace con una contradicción que resume bien su despedida: cree en la política, pero ha dejado de creer en buena parte de quienes hoy la ejercen. Y, yo añado, como la mayor parte de la sociedad… Habla de egos, broncas innecesarias, campaña electoral permanente y una política que demasiadas veces ha dejado de ser útil para los vecinos. Ha llegado el momento, dice, de cerrar una etapa y decidir hacia dónde dirigir sus pasos. Y elegir también es de valientes. A veces, incluso más que permanecer.
La política no atraviesa su momento más amable. Quienes recibimos cada día comunicados y declaraciones vemos cómo el enfrentamiento ocupa demasiadas veces el espacio que debería corresponder al debate de ideas. A veces cuesta encontrar la propuesta detrás del reproche. Y mucho más el acuerdo. Segovia necesita acuerdos. España necesita acuerdos. Y los ciudadanos necesitamos creer en la política.
La de Noemí Otero es la segunda despedida que vivimos en apenas unas semanas. Antes fue Guillermo San Juan, que después de casi ocho años en el Ayuntamiento decidió cerrar también su etapa en primera línea. Dos jóvenes con ideas muy diferentes y convicciones claras, con sus propios trabajos y una vida fuera de la política, que decidieron dedicar una parte importante de su tiempo y energía a Segovia. No siempre he compartido sus planteamientos, ni los de uno ni los de otra. Pero cuesta no sentir cierta pena cuando quienes se marchan son dos personas con voz propia y ganas de cambiar las cosas, aunque cada uno quisiera hacerlo en una dirección muy diferente.
Hoy, al terminar la rueda de prensa, hubo abrazos de periodistas, algún «se te echará de menos» y lágrimas de Teresa Sáez, su responsable de comunicación. Y pensé también en estos años desde el otro lado, desde los medios. En ocho años no recuerdo una llamada desagradable, un reproche por una información incómoda o un intento de decirnos cómo teníamos que hacer nuestro trabajo. Debería ser lo normal, pero no siempre lo es. Y por eso también merece ser dicho.
Quizá de eso debería tratarse la política: de poder pensar radicalmente distinto y reconocer, aun así, el valor de quien tienes enfrente. De dejar a un lado las diferencias cuando sea necesario, sentarse, negociar y alcanzar acuerdos. De recordar, en definitiva, que por encima de partidos, siglas y nombres debería estar siempre Segovia.
María Coco Hernando

