Historias detrás de las velas
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La luz del cielo poco a poco se va apagando detrás del Castillo de Pedraza, y, en su lugar, es la luz de una decena de antorchas y cientos de velas las que van tomando protagonismo en la explanada. No hace falta decir que los Conciertos de las Velas de Pedraza son algo mágico, una de esas cosas que merece la pena vivir una vez en la vida. Eso ya se da por sabido. 33 ediciones después de aquel mes de julio de 1993, la cita sigue acumulando curiosos, espectadores que repiten, nuevos voluntarios e historias de aquellos que participan en hacer de las veladas un evento irrepetible.
Cuando paseaba por las calles de la localidad las horas previas al concierto de la Kamerata Stradivarius, no podía dejar de pensar en las motivaciones detrás de cada vecino, de cada comercio y de cada restaurante para decorar sus balcones, ventanas, puertas y jardines con velas. Porque, ser del pueblo no basta. Hace falta sentirlo.
Más allá del magnífico espectáculo que ofrecen las orquestas, debe ponerse en valor otro tipo de espectáculo: la organización y la implicación de aquellas personas que hacen que esto funcione. A veces merece la pena adentrarse en la intrahistoria de las cosas.
Si llegas con la suficiente antelación, podrás ver el trasiego de vecinos colocando las velas en el suelo, ingeniando maneras para sostenerlas en los barrotes de las ventanas, conjugando esfuerzos para crear figuras… El pasado sábado tuve ocasión de hablar con dos jóvenes del pueblo. Me contaron que viven los días de los conciertos con mucha intensidad y con mucho cariño. No solo va de trabajo, va de cooperación vecinal, de encuentros con personas que por diversos motivos tuvieron que marcharse del pueblo. También hay quien aprovecha para traer a sus amigos de fuera de Segovia para enseñarles el pueblo en uno de sus momentos más vivos. Pero, no están exentos de trabajar. Así, gente de fuera de la provincia se une también a las horas previas de trabajo, involucrándose directamente en algo que el resto vivimos como espectadores.
Entre los recuerdos más entrañables de la población local están precisamente los relacionados con los Conciertos de las Velas. Momentos divertidos, de aprendizaje y de cooperación difíciles de olvidar. Recuerdos sobre algunas de las decoraciones más destacadas de los últimos años. Recuerdos sobre cómo ha ido cambiando el evento a lo largo de más de 30 años, sobre cómo se ha ido profesionalizando y sobre cómo ahora, más que nunca, necesita algo más de implicación externa. Porque no todas las historias van a ser de color rosa. Eventos como este, de tanta envergadura, no están exentos de retos.
El presidente de la Fundación Villa de Pedraza, alertó de las dificultades económicas que atraviesa actualmente el evento. Su continuidad está en juego, debido principalmente a la disminución en el número de entradas vendidas, insuficientes para hacer frente a los gastos de producción. Tener a orquestas de primer nivel como son la Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM) y la Kamerata Stradivarius no debe ser tarea fácil, y eso se paga. El trabajo de los vecinos, que voluntariamente participan en la decoración lumínica, es valiosa e indispensable, pero es la fundación la que acarrea con toda la gestión, y si han dado la voz de alarma, no debe pasarse por alto.
A todos nos emociona que las velas de Pedraza iluminen el calendario cultural de la provincia en los meses de verano. Nos llena de orgullo. Tal vez sea el momento de acompañarles en el impulso que necesitan. Desde la fundación reclaman ayuda por parte de las instituciones, pero nosotros, como segovianos podemos posicionar este asunto en el debate público, hablando de ello, de lo bonito del evento, pero llevando también al frente las problemáticas que quedan por resolverse.
Para que los Conciertos de las Velas de Pedraza sigan construyendo ediciones. Para que vecinos y no tan vecinos sigan creando historias con el encendido de cada vela.
Noelia Garrido

