‘Huercasa Country’ un año más empapa Riaza con la música más americana
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Huercasa Country Festival cerró este fin de semana su undécima edición en Riaza con una gran respuesta de público en el recinto de Las Delicias y en la programación de la Plaza Mayor de la villa. El calor marcó buena parte del fin de semana, pero no frenó una cita que reunió conciertos al aire libre, sesiones de Country Line Dance, actividad familiar en el espacio Pioneertown, mercadillo, gastronomía y presencia de los productos Huercasa.
La programación volvió a mostrar la amplitud de la música americana de raíces, con un cartel que fue del rock alternativo de Cracker al country sureño de Brent Cobb, del honky-tonk de Emily Nenni al nuevo country rock europeo de Brown Horse, de la energía de Rob Leines al directo luminoso de Crowe Boys o al pulso más oscuro y atmosférico de Montefurado en el Escenario Harvest.
La jornada del viernes
La jornada inaugural dejó varios de los momentos más recordados del fin de semana. Cracker firmaron uno de los grandes conciertos de la edición, con esa mezcla de rock alternativo americano, country y punk que ha marcado la trayectoria de David Lowery y Johnny Hickman durante más de tres décadas. La banda llegó a Riaza como uno de los nombres más esperados del cartel y de la jornada del viernes.
Alana Springsteen llevó al escenario principal la sensibilidad de una nueva generación de Nashville. La artista de Virginia Beach presentó alguna canción como I Hope This Helps, su segundo álbum, con una propuesta de melodías directas, pulso pop y escritura personal. Su concierto abrió una vía más contemporánea dentro del cartel, conectando con un público más joven que respondió a esa forma de entender el country desde coordenadas actuales, sin romper del todo con el peso emocional de la tradición.
Crowe Boys dejaron uno de los directos más bonitos del viernes. El dúo formado por los hermanos Ocie y Wes Crowe defendió las canciones de Made To Wander. Hubo algo casi mágico en esa manera de cantar juntos, de sostener las canciones sin necesidad de grandes gestos y de convertir una actuación temprana en uno de los descubrimientos más claros de la jornada, donde Juana Everett abrió la programación del escenario principal con una americana de tono narrativo y mirada californiana, vinculada a su nuevo trabajo Past Lives in California. Su concierto situó desde primera hora una de las líneas habituales del festival: canciones de carretera, memoria personal y una lectura de la tradición americana escrita desde otro lugar.
El viernes dejó también el regreso de Rob Leines, uno de los nombres más queridos por el público de Huercasa Country Festival tras su paso por la décima edición. El músico de Virginia volvió a Riaza con nuevo material tras publicar este año Stray Dawg y ofreció un directo físico, eléctrico y sin adornos innecesarios, entre el outlaw country, el rock sureño y las canciones de carretera. Rob Leines volvió a encajar de forma natural en Huercasa: por repertorio, por actitud y por esa energía de banda de bar llevada a un escenario grande, con guitarras, sudor y poco espacio para la pose.
En el Escenario Harvest, Suso Díaz & The Appaloosas y The Ripples completaron la primera jornada con dos formas distintas de mirar la americana desde la escena estatal. La banda gaditana presentó «Embers», un trabajo más eléctrico, crudo y narrativo dentro de una trayectoria marcada por el blues, la carretera y el directo. The Ripples, por su parte, llevaron a Riaza las canciones de One Hell Of A Ride, un debut que mira a la tradición americana de los años 60 y 70 desde una lectura joven, mediterránea y muy de grupo.
La jornada del sábado
El sábado confirmó la fuerza musical de esta undécima edición. Brown Horse abrió la tarde en el escenario principal y se convirtió en una de las sorpresas más celebradas del festival. El grupo británico defendió Total Dive con guitarras abiertas, pedal steel, melodías melancólicas y una sensibilidad alternativa que conectó muy bien con el público de Huercasa. Llegaba como una de las apuestas más interesantes del nuevo country rock europeo y salieron de Riaza con la sensación de haber ganado muchos oyentes.
Teddy and the Rough Riders tomaron el relevo con una propuesta nacida en el cruce entre la tradición country de Nashville y una mirada más libre, cercana a la escena rock independiente de la ciudad. Su concierto encajó en esa parte del cartel que entiende el country como algo en movimiento, sin solemnidad y con una banda que sabe llevar las canciones al directo.
Después llegó Johnny Mullenax, una de las actuaciones más comentadas y celebradas del sábado. Su mezcla de country, bluegrass, funk, rock y espíritu de jam session abrió todavía más el mapa sonoro de la edición. Hubo guitarra, humor, una conexión inmediata con el público, hasta el punto de que Mullenax terminó convertido en «Juanito», una de esas bromas cariñosas que explican muy bien la cercanía que se genera en Huercasa entre artistas y asistentes.

Emily Nenni volvió a demostrar por qué es una de las voces más interesantes del honky-tonk actual. Con Movin’ Shoes ha ampliado su lenguaje hacia terrenos más soul sin perder el pulso clásico de su escritura, y en Riaza ofreció un directo con carácter, oficio y canciones cantadas desde un lugar muy reconocible. No hubo nostalgia de museo ni postal de Nashville, sino una artista con personalidad, una banda sólida y una manera de defender el honky-tonk que sonó clásica y actual al mismo tiempo.
El cierre del sábado corrió a cargo de Brent Cobb junto a The Fixin’s. El músico de Georgia llegó a Riaza con Ain’t Rocked In A While, un disco que refuerza su lado más eléctrico y rockero sin romper con una trayectoria profundamente ligada al sur de Estados Unidos, el country clásico, el soul sureño y las canciones de carretera. Su concierto tuvo peso, banda y naturalidad. Cobb no necesita subrayar demasiado lo que hace: le basta con dejar que las canciones respiren, que las guitarras empujen y que esa mezcla de country sureño y rock de raíces vaya ocupando el escenario.
El Escenario Harvest volvió a tener un papel importante dentro de la edición. Castor Head aportó una lectura de la americana que transita entre el folk, el western más evocador y el pulso rítmico del bluegrass. Los de Montefurado, nacidos en Gijón, firmaron uno de los conciertos más intensos del fin de semana. Con Heavy Heads, su primer largo grabado y producido por Hendrik Rover en los estudios GuitarTown, llevaron a Riaza una visión más oscura, eléctrica y atmosférica del rock de raíces. Fue un auténtico conciertazo y una de las confirmaciones de Harvest como espacio para descubrir bandas y ampliar el relato musical del festival desde escenas cercanas y con acento propio.

Programación abierta para el pueblo de Riaza
La Plaza Mayor volvió a concentrar una parte esencial de la programación abierta al pueblo. El sábado, el Escenario Protos acogió las sesiones abiertas de Country Line Dance y el concierto de Conjunto San Antonio, una de las formaciones que más tiempo lleva manteniendo vivo el sonido tex-mex en España.
La plaza reunió a público del festival, vecinos y visitantes en torno al baile y a una actuación gratuita que llevó el acordeón, el ritmo fronterizo y la celebración colectiva al centro de Riaza. El domingo, una nueva sesión abierta de Country Line Dance sirvió para despedir la edición en la Plaza Mayor.
La gastronomía también tuvo lugar en el festival
La zona Huercasa mantuvo también una presencia destacada en el recinto, con degustación y venta de productos para que el público pudiera probarlos durante el festival o llevárselos a casa. La colaboración con La Vereda, restaurante familiar de Riaza, reforzó este año la oferta gastronómica y el vínculo con la hostelería local. El mercadillo, los puntos de comida, las zonas de descanso y las distintas activaciones de marca completaron el movimiento del recinto durante las dos jornadas de conciertos.

