Taburete conquista Segovia en una noche de himnos, buen humor y guiños a la Segoviana
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La lluvia amenazó durante buena parte de la tarde con aguar el último gran concierto de las Ferias y Fiestas de San Juan y San Pedro. Sin embargo, el cielo terminó concediendo una tregua y la noche se abrió para que Taburete debutara en Segovia con un concierto que fue ganando fuerza a medida que avanzaban los minutos y el público terminaba de llenar el Antiguo Regimiento de Artillería.
La actuación comenzó diez minutos antes de la hora prevista, cuando todavía muchos asistentes seguían llegando al recinto. Esa imagen inicial, con claros en el público, fue cambiando poco a poco hasta convertir el espacio en una auténtica celebración colectiva.
Nada más aparecer sobre el escenario, Willy Bárcenas sorprendió a los presentes al vestir la camiseta de la Gimnástica Segoviana. El gesto no pasó desapercibido. El concierto coincidía con el aniversario de la fundación del club, el 28 de junio de 1928, y el cantante aprovechó para felicitar a la entidad y elogiar la elástica azulgrana. «¡Qué camiseta más bonita!», exclamó antes de desear un feliz cumpleaños al conjunto segoviano. La conexión con la ciudad continuó durante toda la noche. «Es la primera vez que venimos a Segovia. Ojalá sean muchas más», confesó Bárcenas, despertando los aplausos de un público que respondió desde el primer momento con entusiasmo.

La cita formaba parte de El Perro que Fuma Tour, la gira con la que la banda recorre decenas de ciudades españolas. Antes habían actuado en Vigo y el propio grupo reconoció el desgaste que supone un calendario tan exigente. Sin embargo, aseguraron que la energía del público segoviano les devolvió las fuerzas desde los primeros compases.
El repertorio alternó algunos de los temas más sentimentales del grupo con los grandes clásicos que han marcado su trayectoria. Canciones como 5 sentidos hicieron que cientos de brazos se alzaran mientras el público coreaba al unísono su conocido estribillo. También sonó Cuando se apaga la luz, que convirtió el recinto en un mar de voces, y no faltó Sirenas, uno de los momentos más celebrados de la noche, con los asistentes cantando de principio a fin una de las letras más reconocibles de la banda.

Sobre el escenario predominó el buen humor y la complicidad entre los integrantes del grupo. Willy Bárcenas volvió a demostrar el carisma y la cercanía que le caracterizan, interactuando constantemente con los asistentes y animando a cantar en cada oportunidad. A su lado, Antón Carreño, vestido completamente de blanco, destacó tanto por la elegancia de su presencia como por la intensidad con la que defendió su arte con la guitarra.
Uno de los aspectos más llamativos del concierto fue la diversidad del público. Familias, grupos de amigos, jóvenes y adultos compartieron una misma noche de música, confirmando que el repertorio de Taburete ha conseguido trascender generaciones y reunir a seguidores de edades muy distintas bajo un mismo estribillo.
Después de Taburete, la celebración continuó en la Plaza Mayor con la verbena de la orquesta La Reina Show, encargada de recibir, ya de madrugada, el esperado día de San Pedro.

