Castilla y León no entendería su sistema sanitario sin ellas, las mujeres. La sanidad autonómica, al igual que la española, tiene rostro de mujer. Además, aunque estas profesionales han ganado muchas batallas, todavía existen esos techos de cristal que les roban voz y capacidad de decisión.
En el día del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, tres profesionales de los pilares básicos de Sacyl (Sistema Sanitario de Castilla y León) analizan con Ical el papel de ‘ellas’. Concretamente, en un sector en el que la ‘marea morada’ avanza, pero en el que todavía su peso no se traduce en un liderazgo real por hándicaps que aún existen, en este y en otros campos, como el de la conciliación.
– El 8M en la provincia de Segovia –
8M: Las mujeres del Sistema Sanitario, en datos
La responsable de Enfermería en el Centro de Salud La Sierra, en Navafría (Segovia), Nuria de Andrés; la gerente de Asistencia Sanitaria de Zamora, María Montserrat Chimeno; y la jefa del Servicio de Análisis Clínicos y Bioquímica Clínica e investigadora del Complejo Asistencial de Salamanca, María Isidoro, coinciden en que ha habido cambios evidentes. Asimismo coinciden en que, sin embargo, el talento femenino no siempre ocupa los espacios que le correspondería, aunque solo sea por pura lógica demográfica.
Los datos más recientes de Sacyl y del Ministerio de Sanidad consultados por Ical reflejan que de los más de 44.000 profesionales sanitarios activos en la Comunidad, casi el 79 por ciento son mujeres, y que la feminización atraviesa todos los niveles asistenciales.
En Atención Especializada la presencia femenina supera el 80 por ciento; en Atención Primaria ronda el 78 por ciento; y en Emergencias Sanitarias se sitúa en torno a dos tercios de las plantillas. A ello se une que la proporción se mantiene también entre los profesionales en formación sanitaria especializada, lo que confirma que la tendencia no solo se consolida, sino que continuará en los próximos años.
La responsable de Enfermería en el Centro de Salud La Sierra de Navafría, Nuria de Andrés

Nuria de Andrés recuerda que cuando ella aterrizó en el sistema estaba consolidada la figura del ‘cuerpo de practicantes titulares’, “ese varón que era fuerza viva de su comunidad, el practicante”. Sitúa el punto de inflexión en los años 80, con la creación de la Atención Primaria. Es entonces cuando desembarcó “una horda de universitarias con 20 años llenas de entusiasmo”. “Hemos vivido esa transformación y nos hemos hecho mayores con ella. Ese practicante ha evolucionado a ser la enfermera comunitaria especialista que hace educación para la salud, que investiga”, precisa.
Para ella, el primer nivel siempre se ha sustentado en la igualdad y la equidad. La figura de la enfermera comunitaria, en especial en el medio rural, es hoy clave, más en una comunidad dispersa y envejecida como Castilla y León. “En las localidades pequeñas es donde más se nota, estamos implicadas en la familia, en la comunidad..”, subraya, para animar a las nuevas generaciones. “Necesitamos profesionales en el medio rural. Hay que engancharlos, es precioso, es donde de verdad ejerces la Medicina”, con mayúsculas.
Liderazgo femenino y educación en igualdad

En el ámbito de la gestión sanitaria, María Montserrat Chimeno, que también es la presidenta de la Sociedad Española de Medicina Interna, percibe una evolución, que ha costado años. “Cada vez las mujeres acceden a puestos directivos con más facilidad y yo creo que estamos asistiendo a una normalización del liderazgo femenino que es lo que debe imperar en el siglo XXI”, defiende. Asimismo, no oculta que ella, por ser mujer, ha tenido que esforzarse por demostrar su capacidad o liderazgo porque durante años “los modelos han estado muy masculinizados”.
“En la Gerencia de Asistencia Sanitaria de Zamora somos 15 personas en el equipo directivo y 12 son mujeres. Y no porque yo haya buscado ese predominio femenino, sino porque yo he buscado talento y el talento en este caso lo aportan 12 mujeres”. Su planteamiento no pivota sobre cuotas, sino sobre capacidad.
“Creo en el liderazgo. Creo que hay muchos tipos de liderazgo, pero sí que es verdad que las mujeres tenemos unas connotaciones especiales. Las mujeres solemos tener un talante distinto, unas características innatas distintas que hacen que probablemente ejerzamos un liderazgo más participativo, más empático, más integrador, más orientado a las personas”. A su juicio, esa sensibilidad hacia el clima organizativo y la escucha activa aporta valor añadido a los equipos.
Aun así, advierte que el proceso no está culminado. Han cambiado las perspectivas y el acceso es más real, pero todavía hay que consolidar ese liderazgo de forma natural para que deje de percibirse como excepción. Chimeno insiste en que la igualdad no se logra solo con documentos, sino con decisiones cotidianas y progresivas. Considera, también, que la educación en valores y en igualdad es más determinante que cualquier medida puntual de paridad. El acceso a puestos de decisión, sostiene, debe basarse en “capacidad y talento”, y garantizar oportunidades para todos.
Talento y obstáculos a los que se enfrentan las mujeres

En el ámbito científico, María Isidoro coincide en que el peso numérico no se traduce automáticamente en poder de decisión. Hay mujeres de enorme valía que no siempre tienen la visibilidad correspondiente. Aunque la presencia femenina en las plantillas sanitarias puede rondar el 70 por ciento, su acceso a puestos de liderazgo no alcanza el 30 por ciento, explica.
Recuerda que, pese al impacto cualitativo de las investigadoras, por ejemplo, la proporción de mujeres galardonadas con premios Nobel no llega ni al diez por ciento, un ejemplo simbólico de esa brecha en el reconocimiento.
La doble exigencia sobre las médicas investigadoras
Isidoro, que además es la directora científica de la Estrategia de Medicina Personalizada y de Precisión y asesora del Ministerio de Sanidad en esta materia; también pone el foco en una doble exigencia que pesa especialmente sobre las médicas investigadoras.
“Compatibilizar ya de entrada el aspecto científico con el asistencial es bastante complicado, porque la asistencia demanda mucho tiempo y entonces la investigación al final la tienes que hacer de nuevo un poco como comentábamos fuera de horario”.
Por ello considera fundamental un cambio estructural. “Desde la necesidad de reconocer la carrera investigadora y su circunstancia de una forma independiente a la carrera asistencial ese sería el primer paso; y luego, dentro de esta carrera investigadora reconocida como tal, que ya se está avanzando en Castilla y León para su reconocimiento, tener en cuenta estas circunstancias que se producen en el entorno de la mujer para permitir una continuidad”, como la maternidad y las cargas familiares, por ejemplo.
Esa continuidad es clave, porque lo que se observa es un patrón repetido. “Hay un porcentaje muy elevado de mujeres que inician la carrera investigadora cuando salen de la universidad y además con muchísima ilusión. Pero cuando empiezan a encontrarse con este tipo de problemas se abandona”. A pesar de ello, reconoce avances importantes en la comunidad. En ella, los planes estratégicos y proyectos relevantes, incluidos en el ámbito de la medicina de precisión, están liderados en su mayoría por mujeres.
Conciliación, el desafío que atraviesa todos los niveles del Sistema Sanitario
Las tres coinciden en que la conciliación atraviesa todos los niveles del sistema. En Atención Primaria, Nuria de Andrés, reconoce que el profesional sanitario tiene que asumir previamente que hay una “continuidad de asistencia, hay una continuidad de cuidados que son el eje del sistema sanitario. Entonces, encajar en la conciliación es difícil”.
Reconoce que en Castilla y León existen permisos y medidas que ayudan, pero la exigencia asistencial sigue siendo alta. “Aunque trabajes por turnos, esa conciliación es complicada. Pero hay que estar ahí, no hay que abandonar”. “Mis hijos, cuando llego de guardia, me huyen, porque acaba saliendo por algún lado”, bromea.
Chimeno sostiene en que las medidas de conciliación han favorecido el avance del liderazgo femenino. Especialmente, en un contexto en el que tradicionalmente las mujeres han asumido más cargas familiares. Subraya que el cambio es cultural y progresivo, y que la igualdad no es solo una cuestión de justicia social, sino también de eficiencia y sostenibilidad del sistema sanitario.
En este sentido se pronuncia Isidoro. Pese a las dificultades, anima a todas las jóvenes que quieran dedicarse al ámbito de la investigación en medicina. “Es una carrera apasionante” y los retos “hay que afrontarlos con optimismo”.










