El Museo Rodera-Robles y su Fundación celebran el trigésimo aniversario del centro dando a conocer a los segovianos del siglo XXI, a través de fotografías, como era la vida, las tradiciones y la propia capital y provincia en el pasado, principalmente a mediados del siglo XX, tal y como explica el secretario de la Fundación Rodera-Robles, Rafael Cantalejo.
El nacimiento de la Fundación Rodera-Robles
La Fundación nació de la idea del segoviano Eduardo Rodera quien de joven dejó la provincia para asentarse en Madrid buscando un modo de vida mejor del que le ofrecía Segovia. Una vez casado con Rafaela Robles, decidió adquirir obras de pintura que le recordaran a su ciudad natal, “sin un criterio de coleccionista de arte”.
“Era extremadamente segoviano”, recuerda Cantalejo. Asimismo recalcaba que compraba más con el corazón que con la cabeza, lo que le permitió adquirir obras “muy interesantes” del paisaje segoviano, sobre todo. Cuando vio acercarse el fin de sus días, decidió que todo lo coleccionado durante los años anteriores fuera para el disfrute de los segovianos.
Así, por medio de Cantalejo, se organizó la Fundación y conjuntamente expresaron los estatutos. “Su interés era que Segovia disfrutara de todo lo que había ido coleccionando a lo largo de su vida”, ensalza el secretario de la Fundación.

Labor de la Fundación Rodera-Robles
Los estatutos marcan como “prioritaria” la apertura de un Museo, donde poder exponer todo el patrimonio adquirido por Eduardo Rodera y Rafaela Robles. “Tuvimos la suerte de que en ese momento encontramos un edificio noble vacío” de finales del siglo XV o principios de siglo XVI considerado de Monumento nacional, hoy Bien de Interés Cultural que en el momento consideraron que no debería ser utilizado como residencia ni establecimiento ni hostelería. “Es un Museo pequeño y familiar, sin grandes pretensiones” porque el patrimonio de Rodera “no tenía pretensiones de obras artísticas de primera magnitud”, asegura Cantalejo.
A parte de darle satisfacción al fundador sobre cómo quería que se instalase el Museo en Segovia, centrado en el arte y artesanía de la provincia, “cuando vimos las obras que había, nos dimos cuenta de que, efectivamente, no había de primera magnitud que invitasen a venir de fuera a visitar el Museo”. Entonces, pensaron que tendría que ser más a medida de los segovianos e intentaron darle un contenido que fuera preferido por la sociedad segoviana.
En un primer momento, haciendo referencia al Sinodal de Aguilafuente, y al taller de grabado ubicado en la Casa de la Moneda, reconocieron que el mundo de la estampa, del grabado y de las artes gráficas “podía tener cabida”. Es por ello que dejaron un espacio donde, actualmente, se puede ver las distintas maneras de ver un grabado. Se explica “de una manera didáctica”, con un montaje realizado por la Academia de San Fernando, a través de Cartografía Nacional, donde se pueden ver los distintos sistemas de estampación con sus correspondientes utensilios.
Dejaron, por su parte, la sala de exposiciones temporales para obras de grabado. “Comprobamos en las primeras exposiciones que esta temática no interesa mucho”, señala el secretario de la Fundación. Por ello decidieron darle un giro y comenzaron a hacer una función de historia gráfica local, dedicando las muestras a que los segovianos pudieran ver su pasado presente a través de fotografías y convertirse en su reflejo.

Tres décadas de historia
El secreto para mantener la Fundación y el Museo en pie tras tres décadas de trabajo “nos lo ha ido facilitando el caminar por los años”, indica Cantalejo. Al mismo tiempo insiste en que han comprobado que lo que atrae a los visitantes fuera de Segovia es el edificio, que conserva el ambiente de las casas nobles de Segovia además de algunos cuadros y exposiciones temporales “siempre enfocadas a lo segoviano”.
El éxito, entonces, recae en las exposiciones temporales que permiten que los segovianos del siglo XXI sepan y vean cual era la realidad física de todas las historias contadas en sus casas por sus antecesores. “Estamos haciendo exposiciones de la fotografía en Segovia en todo el siglo XX, fundamentalmente en la etapa de los años centrales, cuando hay una evolución del mundo rural al mundo moderno y que se refleja muy bien en las fotografías”, plasmando el crecimiento de la ciudad, la desaparición de algunos edificios y la construcción de otros que, hoy en día, están integrados en la ciudad.

“La provincia de Segovia hoy por hoy no es como plasman esas fotografías de los años 50, momento en el que estaba recibiendo todo el éxodo masivo de los pueblos hacia las ciudades”. Sin embargo, apunta, “la conexión es natural y familiar con la provincia”, algo que, añade, “no se desatiende, con la dedicación de diversas exposiciones a la provincia, con indumentaria tradicional o el bordado segoviano, incluso de fotografías de los pueblos de la provincia en esa época”.
“En breve saldrá un libro de recopilación de las fotografías expuestas en esa muestra”, avanza Cantalejo. Detalla, además, que no se ha podido hacer más porque el edificio es “tan pequeño y acomodado a un modo de vida del siglo XVI” que no cuentan con espacio suficiente para realizar más actividades.
En este sentido, celebra el secretario de la Fundación, “ahora mismo estamos en muy buen momento y en buena línea”. El gasto general de la apertura del Museo “está muy contenido” a través del capital de Eduardo Rodera que, es utilizado, “con mucho control y cabeza, sabiendo cual es la medida e intención del espacio expositivo”.
Los años que vengan detrás, confía, se intentará pasar la generación “para que sean los jóvenes quienes se hagan cargo de ello”. Sin embargo lamenta que, ahora, “es un poco más complicado por el desinterés o desconocimiento”, demostrado en el porcentaje “mínimo” de visitantes menores de 25 años, que produce una sensación de incertidumbre por el futuro de la Fundación.
Celebración del trigésimo aniversario del Museo y Fundación Rodera-Robles

Con motivo de la celebración del trigésimo aniversario, desde la Fundación Rodera-Robles se ha lanzado un concurso de fotografía con el objetivo de reflejar la vida cotidiana actual en la capital y provincia a través de instantáneas en blanco y negro.
Bajo el título ‘Segovia en B y N’ “queremos que, impregnados del espíritu de la vida cotidiana, se refleje la esencia de la ciudad”. Una que, destaca, “ya es más cosmopolita y general”. Así, las obras deberán inspirarse en la estética de los trabajos del fotógrafo Manuel Riosalido (Foto RIO). Su obra mantiene una “estrecha vinculación” con la sala de exposiciones temporales del Museo Rodera-Robles. Podrán participar fotógrafos profesionales y aficionados, mayores de edad, de cualquier nacionalidad.
– La Segovia actual, plasmada en blanco y negro. Esa es paradójica premisa de este concurso de fotografía –
Además del concurso, desde la Fundación tienen preparada una exposición que va a recoger fragmentos de las muestras que han pasado por el Museo en estas tres décadas. “Como la afluencia de público ha sido mayor en los últimos siete años, permitirá a todos los que no vieron las anteriores la posibilidad de ver una muestra de ellas”. Habrá alguna actividad más que, en su momento, lanzarán “para que puedan disfrutarla los segovianos”.
Mónica Sastre / ICAL















