La imagen, las palabras -“¡¡Quieto todo el mundo!!”- y los disparos de la pistola del teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero permanecen grabados a fuego en el imaginario colectivo de varias generaciones de españoles, que el 23-F, del que ahora se cumplen 30 años, temieron que la recién nacida democracia no volviera a ver la luz del sol.

La mayoría conoce lo sucedido por la televisión, la radio y la prensa, que jugaron un papel clave esa noche, pero algunos lo vivieron en primera persona, como varios segovianos que pasaron aquel 23 de febrero de 1981 en distintos cuarteles, en uno de los escaños del Congreso de los Diputados… Sus recuerdos son únicos, pero en todos hay una constante que se repite: la incertidumbre de no saber lo que ocurría a ciencia cierta.

 

Pedro Arahuetes, Alcalde de Segovia

“Recuerdo que cuando nos enteramos de lo que estaba sucediendo en el Congreso el 23 de Febrero, estaba en la universidad, en el Domingo de Soto, en mi último año de carrera. Expectantes ante lo que pudiera pasar, vino un bedel para informarnos de que no habría clase, que cerraban la universidad y nos fuéramos a casa. Luego allí, a través de la radio principalmente, seguí minuto a minuto los acontecimientos. Sin duda, y a pesar del paso del tiempo, se trata de uno de los acontecimientos que siempre recordaré pues marcó mi inicio en la vida adulta. Y además tuvo una resolución pacífica y que fortaleció nuestra joven democracia”.

 

Pedro Palomo, Presidente de la Federación Empresarial Segoviana

Estaba cursando 1º de carrera en Madrid. Tenía 18 años. Recuerdo que estaba estudiando en el Colegio Mayor, en la sala de estudio, cuando entró un compañero con la radio en la mano y gritando: “golpe de Estado, los militares han tomado el Congreso de los Diputados”…

La primera impresión que tuvimos era que no habría clases ni exámenes (al día siguiente tenía un “parcial”), por tanto, júbilo. A continuación, comentábamos qué era eso de un golpe de Estado y que sería horroroso volver a una dictadura militar. Recuerdo los debates sobre este particular con mis compañeros, todos pendientes de la radio. A última hora de la tarde un amigo y yo decidimos ir a ver in situ la situación. Las calles adyacentes al Congreso de los Diputados estaban cerradas, pero como íbamos en moto pudimos sortear las barreras fácilmente.

Había mucha gente en las inmediaciones gritando libertad. Recuerdo un incidente: estábamos al lado de los que gritaban libertad cuando, de repente, por el otro lado de la calle, venía vociferando un grupo de personas gritando consignas de extrema derecha. Sin quererlo, y siendo meros espectadores, estábamos en medio de una pelea con porras, palos y nos tuvimos que meter debajo de una furgoneta para no recibir las agresiones de los ultras. Al final, intervino la Policía Nacional y nos fuimos del tumulto. Entonces no comprendía la dimensión del golpe. Hoy creo que estuvimos al borde de la involución y creo que la democracia se consolidó, afortunadamente para todos, durante aquellos días convulsos. El discurso del Rey fue decisivo.

 

Carlos Tejedor, Presidente de la Cámara de Comercio de Segovia


Carlos Tejedor, presidente de la Cámara de Segovia, tenía 22 años el 23F de 1981. El tejeretazo le pilló estudiando exámenes de quinto de Veterinaria, en un piso de estudiantes de Madrid.

“Tuve una sensación muy fuerte de que se estaba fraguando un cambio. Que volvíamos para atrás y me decía que aquello no podía ser, que no era posible. Recuerdo especialmente esa sensación de que se estaba en un antes y un después. Luego, con la rapidez con que se sucedieron los hechos, y como soy un optimista por naturaleza, pensé que se solucionaría rápido, pronto y para bien. Recuerdo muy intensamente también la manifestación del 24F, la Castellana atestada de gente en la que creo que fue la manifestación más multitudinaria que se ha vivido en Madrid.

Allí estaba casi toda mi clase de veterinaria. De algún modo sentíamos que todo aquello había servido para reforzar el sistema democrático. Veníamos de tiempos en los que el declive de la UCD, la inestabilidad política, creaba un clima de deterioro de la democracia. Tras el 23F, en cambio, la sensación es que la democracia estaba más fuerte y que estaba para quedarse”

 

Juan Luis Gordo, senador PSOE y Secretario General del PSOE en Segovia  

El 23 de febrero de 1981 yo era un estudiante de cuarto de ingeniería industrial en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid. Tenía 21 años. El golpe me pilló en la pensión estudiando pero escuchando la radio, en concreto la cadena Ser. Acaba de salir de clase de electrónica. Para mí representó un sobresalto. Yo por aquel entonces ya tenía el gusanillo de la política. En aquella época, aparte de participar muy intensamente en las actividades políticas de mi universidad, y ser delegado de curso, en mi comarca –Sangarcía y otros 17 municipios más- estábamos editando la revista ‘Surco’, de la cual era director y fundador. Una revista un poco subidita de tono y muy reivindicativa tanto en el ámbito social como autonómico –propio del momento y de la edad-. Esto nos generó cierta zozobra y miedo. Había rumores de que la policía en Segovia tenía un listado de gente poco recomendable y que iban a actuar. Así me lo comentaron por teléfono mis amigos que estudiaban derecho en el Domingo Soto. Por suerte la incertidumbre duró poco.

En Madrid mi principal preocupación era el desenlace del asalto al Congreso. Fue una tarde de mucho teléfono ante la mirada atónita y el malestar de mi patrona, pues el teléfono lo pagaba ella. En el barrio de Arguelles por la calle fue desapareciendo progresivamente al gente. Salí a pasear y me oía los pasos, algo que sólo percibía cuando estaba en Segovia. Mi otra pesadilla es que al día siguiente me tenía que presentar en un cuartel militar del barrio de Campamento para hacer las pruebas físicas de las milicias universitarias. Estuvimos dudando si ir o no ir; al final fuimos. A las 7:30 horas de la mañana Madrid tenía menos tráfico que de costumbre, pero amanecía un gran día, un día soleado que esgrimía el triunfo de la libertad frente a la regresión. Ese día devoré hasta la última línea de las distintas ediciones de ‘EL País’ y ‘Cambio 16’, y escuché a José María García en la Cadena Ser. Parece que fue ayer. ¡Cuánto ha cambiado España!

Francisco Vázquez, senador PP y Presidente PP de Segovia

Francisco Vázquez, Presidente del Partido Popular de Segovia y senador por esta provincia, recuerda cómo el día del golpe de Estado, el 23 de febrero de 1981, se encontraba en clase, como todas las tardes, cursando 4º de Derecho en el Colegio Universitario Domingo de Soto. Según comenta la noticia corrió como la pólvora en los pasillos de centro universitario, y tanto profesores, como alumnos estuvieron toda la tarde pendientes de la radio y de las últimas noticias que a través de las ondas les llegaban del Congreso de los Diputados. Posteriormente se fue a casa donde, ya entrada la noche, escuchó el discurso del Rey, junto a sus padres y su hermana. También recuerda que en ese tiempo se encontraba realizando el servicio militar, aunque aquél día no tenía que estar en el Cuartel.

 

 

 

Jorge Miguel Peña, hijo del capitán Matías.

En 1981 yo tenía 9 años y vivía en el Cuartel de la Guardia Civil de Segovia donde pasé mi infancia. Mi padre era el Capitán de Tráfico, el Capitán Matias. Ese día que marcó a España, se encontraba haciendo el curso de Comandante en la Dire …cción General de la Guardia Civil en Madrid. Todos los niños que estabamos jugando en el patio supimos que pasaba algo, las puertas del Cuartel se cerraron a cal y canto y todos tuvimos que subir a nuestras casas.

Con esa edad no nos dabamos cuenta de la realidad, pero en mi casa el teléfono ardía, mi madre iba de un lado para otro y los mandos llamaban sin parar. Mientras tanto el Teniente Coronel D. Antonio Tejero junto con otros Guardias Civiles salían de la Dirección hacia el Congreso. Muchos Guardias no sabían donde iban, sólo cumplían las ordenes de un mando superior, lo habitual en tan grande cuerpo. Es aquí donde la suerte llamó a la puerta del Capitán Matías. Tejero, gran amigo de mi padre, se cruzó con Matias y le dijo textualmente ” Matías, te vienes a salvar a España?”, mi padre como buen hombre de costumbres le contestó ” Antonio, me voy a dormir que tengo curso “.

Esta respuesta salvó a mi padre de la cárcel, de la humillación y de la degración de su puesto conseguido con tanto esfuerzo. Con los años y pese al mutismo de mi padre sobre este tema, un escritor de varios libros sobre el 23F, Jesús Palacios, y gran conocedor de la verdadera historia del Golpe de Estado, escribió”23-F,el golpe del CESID” . En la pag.354 en la nota al margen 70, dice lo siguiente: ” El capitan Matias tambien debió estar aquella tarde en la columna, pero por suerte para él pudo librarse al quedarse dormido.Sus compañeros no lo buscarón, afortunadamente.”

Las ocasiones que he tenido de compartir mesa y tertulia con Jesús Palacios siempre lo recordamos como una anécdota que compañeros de mi padre comentan. Lástima que muchos de ellos no tuvieron esa suerte. Este es un homenaje a las personas y compañeros del Coronel Matías, que no puedo nombrar, que fueron sin saber la verdadera realidad de las ordenes, pero que las cumplieron por su sacrificio por la Guardia Civil y por España

 

Gabriel López, militar de carrera en Segovia

Gabriel López, actual coronel del Ejército, recuerda la fecha del 23-F como un día trascendental en su etapa profesional y que tardará en olvidar, a pesar de no haber tenido que abandonar su Segovia natal. Además, el hecho de que su esposa se encontrara embarazada le permite recordar con precisión en el tiempo lo transcurrido durante el intento de golpe de Estado.

Entonces, él era teniente con dos años de antigüedad en el Regimiento número 41 de Segovia, que a su vez estaba bajo el mando de la Brigada de Caballería, con sede en Salamanca. Como otros mandos segovianos que continúan su labor castrense en la Academia de Artillería de Segovia, el entonces teniente López fue alertado cuando estaba ya en su domicilio, fuera del horario de trabajo. “Nos llamaron cuando se extendió la alerta y tuvimos que incorporarnos todos los cuadros de mando, así como toda la tropa que no estuviera lejos”.

Una vez en sus puestos repostaron todos los vehículos y cargaron la munición correspondiente, “a la espera de nuevas órdenes y pendientes de las noticias que dieran la radio y la televisión”. “En esa espera pensábamos de todo, tuvimos que pasar la noche en las literas como el resto de la tropa, y cuando su majestad lanzó el mensaje nos tranquilizamos bastante”, añadió. “Fue a la semana siguiente cuando pudimos regresar a casa y dar la noticia a nuestras familias de que todo había salido bien”, rememora.

Aparte de su testimonio, Gabriel López, recuerda el de su padre, que trabajaba como subteniente de la Guardia Civil en Tráfico en San Rafael. Gracias a que se fue de caza el día anterior, domingo, no pudo ser trasladado a Madrid, como otros mandos de los destacamentos próximos a la capital, para entrar en el Congreso de los Diputados. “Creo que sospechaba algo y se salvó de tener que ser de los que vimos saltando por las ventanas del Congreso”, añade a Ical.

 

Emilio Zamarriego, senador de la UCD

El ex senador segoviano de la UCD Emilio Zamarriego recuerda el día del ‘golpe’ como uno de los más agitados de su vida. El parlamentario se encontraba en el Congreso en el momento del asalto. “Cuando entraron pensaba que eran etarras disfrazados, hasta que me dijeron que se trataba de un Guardia Civil”. “Pensé que todo acababa ese día, que la muerte nos llegaba cuando comenzó a reunir muebles para hacer una hoguera”.

El mismo sentimiento lo compartían otros compañeros de escaño: “Las reacciones fueron distintas, y aunque yo intenté mantener la tranquilidad, nos calmábamos mirándonos las caras”. Con perfecta memoria recuerda: “Eran las seis y veintitrés minutos de la tarde y nosotros, aunque éramos senadores, acudimos al Congreso porque estábamos un poco revueltos en el seno de la UCD por la posible autonomía uniprovincial de Segovia y nos quedamos a la investidura de Calvo Sotelo”, añade.

“Hay muchas imágenes que no se borran y que mantengo en la memoria como si hubieran ocurrido ayer mismo”, resume.

 

 

Mati Oviedo, hija y sobrina de Guardias Civiles que estaban en el Congreso

Yo tenía entones 11 años, viviá en el cuartel de la guardia civil de Collado Villalba, soy hija y sobrina de dos de los Guardias Civiles que estuvieron dentro del Congreso. Mi recuerdo es un cuartel vacío de hombres, solo quedaron 2 guardias civiles a cargo de todo. Mujeres preocupadas por sus maridos, por la incertidumbre de no saber, porque realmente ellas no sabían nada. Silencios, televisores encendidos, caras de miedo, llamadas para sacar a los niños del cuartel a casas de otros familiares o amigos. Con 11 años y cuando tu padre está metido en algo que ves por televisión, con armas de por medio, no se entienden muchas cosas.

Recuerdo a mi madre nerviosa, recuerdo ver a mi padre y a mi tio saltar por la ventana del congreso…. a ese día siguieron 2 en los que mis 2 hermanos y yo estuvimos “protegidos” en casa de unos amigos. Al cuartel llegaban noticias pero no se sabía realmente dónde tenían a nuestros padres. Luego supimos que estaban en Valdemoro, recluidos en el colegio de guardias jóvenes, pero que no volverían a casa inmediatamente. Había que preguntarles, interrogarles y saber quienes estaban en el ajo y quienes no.

Pierdo la noción del tiempo en esto, recuerdo que mi madre fue a visitar a mi padre algunas veces, recuerdo que se hablaba de guardias que habían salido en las fotos que serían degradados, pero yo no entendía muchas cosas. Lo mejor vino un día en el que mi madre nos llevaba a visitar a mi padre a Valdemoro, estábamos en casa de mis abuelos en avapiés y, de repente, ya no había visita!! mi padre estaba alli, con barba de no haberse afeitado en todos los días que estuvo retenido, pero estaba alli. Ese día lo recuerdo extraño también.

A día de hoy mi padre, cuando hablamos de esto, esboza una sonrisilla, nos mira a todos y cambia de tema. 

 

María Coco Hernando, directora de Segoviaudaz.es

Del 23-F no recuerdo nada, simplemente recuerdo los recuerdos de los míos. Entonces tenía 4 meses, afortunadamente nací cuando una débil democracia comenzaba a andar en España. Siempre he oído que aquel día, mi abuela se había hecho daño en una muñeca y mi abuelo la llevó al Hospital para que la vendarán o escayolaran. Entonces, mientras el médico la atendía, él escuchaba la radio, un tanto incrédulo. Tardó un tiempo en pensar que aquello era verdad y, según cuenta mi abuela Elisa, la dijo: “¿Sabes morucha? (Así la llamaba), están echando una novela en la radio con el nombre de los políticos de España. Pocos minutos después la ficción se convirtió en realidad, entonces todos decidieron que lo mejor era seguirlo desde casa.

Al parecer esa noche no dormimos en casa. Mis padres, mi hermana y yo nos fuimos a dormir con mis abuelos maternos. Mi familia tiene tiendas de muebles y mi casa se convirtió en una pensión improvisada para los transportistas que esa tarde habían acudido a nuestro almacen a traer mercancía. No era día para viajar, era momento para estar en casa tranquilos.

Meses después, mi hermana, que tenía entonces tres años seguía diciéndole a mi tío Roberto, que era teniente coronel…¡¡¡Robeto, Roberto, corre, corre…qué viene Tejero!. No sabíamos lo que significaba pero, sin duda, en su pequeña cabeza algo la decía que era importante, y… nada bueno.

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