David Pinillos (Segovia, 1974) disfruta de sus últimos días de trabajo en la serie ‘Velvet’ mientras sueña con rodar su segundo largometraje a partir de finales de este año. El joven realizador, que en febrero de 2011 recogió el Goya al mejor director novel por la película con la que se estrenó en la dirección en 2010, ‘Bon Appétit’, ha intentado sin éxito sacar adelante dos guiones más desde entonces; pero el cine español, como el resto del país, no vive precisamente su mejor escenario económico.

“Todo es más complicado ahora porque evidentemente hay menos dinero. Los presupuestos tienen que ser más ajustados y además hay que apostar por productos más fáciles de producir, más comerciales y accesibles”, reconoce Pinillos en declaraciones a la Agencia Ical.

“Ojalá hubiera podido hacer una película después, pero bueno, tampoco me apetecía ponerme a hacer cualquier cosa. El caso es que no ha surgido, no he dado con la tecla o no ha sido el momento y bueno, ahí me he quedado”. Pero el cineasta segoviano no se resigna: “Evidentemente, lo voy a seguir intentando, ojalá pueda estar a finales de este año o al principio del que viene rodando algo“.

Ese “algo” parte de un guión que ya está escrito, aunque no su destino final. “Está listo para cuando termine mi aventura en televisión, cuando se estabilice todo un poquito o si tengo un parón. Estoy intentando ver qué ocurre y si puedo sacarlo adelante. Tengo gente interesada y estoy todavía hablando de ello, sobre cómo hacerlo”, continúa. Ya tiene título, pero de momento se lo guarda: “Prefiero no decirlo hasta que no esté todo más o menos avanzado. Ya he tenido un par de guiones que no han salido y esta vez prefiero esperar, prefiero hacerlo de esta manera y así si no sale…”.

Respecto al argumento, Pinillos vuelve a apostar por “la gente que se descubre a sí misma”, el subgénero ‘coming of age’: “Un viaje iniciático se puede tener con 12, 40 o 90 años, gente que de alguna manera entra en crisis con su forma de ser”, explica. “En ‘Bon appétit’ había algo de eso, pero tratado de otra manera completamente distinta”.

De su tacto en la dirección dan fe críticos de referencia como Carlos Boyero, que tras la ceremonia de los Goya de 2011 escribía sobre “la elaborada frescura, la atmósfera y las descripciones sentimentales que crea David Pinillos” en su ópera prima. El realizador segoviano reconoce que aquel premio le ha dado “visibilidad”, aunque relativiza su trascendencia: “Lo que me ha ayudado es ‘Bon appétit’, porque el Goya te puede tocar o no y yo tuve esa suerte, pero aprendí muchísimo con la que yo creo que ha sido mi tarjeta de presentación como director”.

Tampoco pasó desapercibida en el Festival de Cine de Málaga (mejor actor para Unax Ugalde, premio del jurado y mejor guión, además de una mención especial a mejor actriz para Nora Tschirner); pero el segundo largometraje no termina de llegar.

 

Sin descanso

En cualquier caso, Pinillos valora que no le ha faltado trabajo en estos últimos años. No ha dejado de dar clases y formarse al mismo tiempo; ha coleccionado dos nuevas nominaciones a los Goya al mejor montaje, por ‘La herida’ e ‘Invasor’ en las galas de 2014 y 2013, que se suman a la de 2010 por ‘Gordos’; y la pequeña pantalla, cada día más grande por la creciente apuesta de productoras como Bambú, le ha brindado la oportunidad de dirigir capítulos de ‘Gran Reserva’, ‘Gran Hotel’ y, en la actualidad, ‘Velvet’.

La serie que protagonizan Miguel Ángel Silvestre y Paula Echevarría, arropados por actores de la talla de José Sacristán, Tito Valverde o Aitana Sánchez-Gijón, lidera el horario de máxima audiencia de los lunes desde su estreno el pasado 17 de febrero. Un amor descosido por los convencionalismos de la España de los años 50, ambientado en unas galerías comerciales de alta costura, con casi cinco millones de espectadores y una cuota de pantalla que no baja del 20 por ciento.

“Trabajar con un reparto de primer orden como éste es un lujo, y si encima ves que lo que haces está conectando con la gente… La verdad es que estoy muy contento”, destaca Pinillos, quien atiende a Ical precisamente durante un descanso del rodaje en un plató de San Sebastián de los Reyes (Madrid). El segoviano firma la dirección de seis de los quince capítulos de la primera temporada, que empezó a grabarse el verano pasado y continuará aproximadamente “hasta finales de abril o principios de mayo”.

Cada episodio cuesta en torno a medio millón de euros y, según su complejidad, de diez a quince días de rodaje. A él le queda una semana completa de trabajo y “una o dos jornadas más en la siguiente”; y aunque el éxito de la serie apunta hacia una segunda temporada, “de momento todavía no hay nada confirmado”, matiza con prudencia.

Jorge Sánchez Cabezudo, que se incorporó recientemente al equipo para sustituir a Carlos Sedes al haber iniciado éste otro proyecto, dirigirá los tres últimos capítulos. Pinillos se habrá ganado para entonces un buen descanso, pero el sueño de trabajar en su segundo largometraje sigue en un horizonte que quizá ya no sea tan lejano.

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