El 31 Festival Internacional de Teatro de Títeres de Segovia Titirimundi ha terminado con un balance de un 100% de entradas vendidas en patios y espacios cerrados y alrededor de 48.000 espectadores, cifra ligeramente superior a la de la pasada edición. Desde el 10 hasta el 15 de mayo se han llevado a cabo 425 funciones en Segovia capital, a pesar de alguna lluvia ocasional.

En las sesiones de interior se registraron 4.080 espectadores y 4.200 niños en las 28 funciones escolares de La Cárcel, La Alhóndiga, Palacio de Quintanar, Centro de Interpretación de la Naturaleza. 10.988 localidades se vendieron para poder ver los espectáculos de los patios, este año con más montajes en estos espacios históricos llenos de encanto: 3.700 entradas más que en la edición anterior.

Titirimundi, cada año tiene una mayor de demanda de espectáculos y espacios, una garantía de asistir a toda una fiesta de los sentidos con montajes de calidad, la venta anticipada que formaliza que las butacas estén ocupadas y las facilidades que ofrece para las personas que vienen de fuera y para los segovianos, que pueden comprarlas antes de que comience el Festival. Y además, el buen público, dispuesto a hacer frente a la lluvia con tesón y entrega, y un equipo de organización capaz de vencer imprevistos y las
inclemencias del tiempo, que este año desde el jueves hasta el sábado ha obligado a trasladar distintos montajes, especialmente en patios o montajes de formato más pequeño (Lejo, Barti, The Pish Dolls, Victor Antonov, Huber Marionettes o Guixot de 8), a lugares de interior o a espacios al aire libre resguardados, debido a la lluvia torrencial, aguaceros y tormentas que, sin embargo no han podido con el Festival.

Durante estos días, la gente no quiso perderse ningún espectáculo a pesar de la lluvia, las compañías de calle hicieron todo lo posible para aguantar con su montaje antes de tomar una decisión de traslado a otro lugar. En ocasiones pudo aguantarse. Mutis hizo su función en la Plaza Mayor con la anécdota de un traspiés de uno de sus actores a causa del escenario bañado por la lluvia media hora antes, que supo incluso acoplarlo al desarrollo de la obra, con el beneplácito de un público entregado. Solamente hubo de cancelarse en la calle una función de Victor Antonov, La Gotera de lazotea y El Chonchón, y Salvatore Gatto y Rocamora en los barrios, debido a que justo a esa hora el tiempo impidió que se llevara a cabo y no paró hasta horas después.

El domingo de sol y cielo completamente despejado, el Azoguejo, San Martín, la Plaza Mayor y la calle Real eran lugares en los que resultaba difícil transitar. El mismo público abarrotó los espacios con un entusiasmo desbordante y unas ganas de disfrutar de los títeres sin parangón. El Carrusel d’Andrea y los talleres infantiles de construcción de títeres estuvieron llenos y en total, en la calle se registró una cantidad de 21.200 espectadores. Una de las estrellas de esta edición que hizo las delicias del público, fue sin duda la exposición de Gilbert Legrand, que continuará abierta en el Torreón de Lozoya hasta el 18 de junio, por la que estos días pasaron más de 3.800 personas.

Paradójicamente, Titirimundi goza del mayor número de espectadores de su historia y deja en Segovia un impacto económico ocho veces superior a la inversión total, habiéndose convertido en un acontecimiento artístico, festivo, promocional y económico que, junto con la Semana Santa, es uno de los eventos estrella que generan inversión en la ciudad.

Titirimundi atrae multitudes, mientras que al propio festival, salvo excepciones que indican inteligencia y el hecho de velar por el interés común, le cuesta disponer de plazas hoteleras libres y a un precio asequible para el alojamiento y manutención de las compañías, este año conformadas por 120 personas.

Indicativo de la demanda es que el primer día de venta de entradas, en solo 3 horas se vendieron 3.000. Y es que, Titirimundi, que no puede contar con publicidad pagada, tiene, sin embargo, una capacidad de convocatoria de valor impagable. Es necesario que haya patrocinadores que, junto con el Ayuntamiento, la Junta de Castilla y León, Ministerio y Caixabank, contribuyan a que el presupuesto sea mayor y digno de un festival como es Titirimundi. “Es preciso responder al público, no hay nada peor que la frustración, que se vuelve más en contra, puesto que hay gente que viene desde lejos y no tiene nada que ver en las calles un lunes como el día 15, con apenas espectáculos por falta de un presupuesto que pueda aumentar nuestra capacidad de acción”, explica el director del Festival, Julio Michel.

En esta edición número 31, Titirimundi se ha celebrado de forma intensiva y concentrada en seis jornadas, con 70 funciones por día como media, y 37 compañías de 11 países, que han mostrado su arte en ocho patios y nueve ubicaciones de calle. Una edición en la que se ha vendido el 100% de las entradas de los patios a través de Internet.